50 años de la llegada del hombre a la Luna: tres razones por las que no hemos querido volver hasta ahora
Guerra Fría, contexto histórico y político
Cuestión de presupuesto
Con la mirada puesta en Marte
El próximo 16 de julio se cumplen 50 años de la llegada del hombre a la tierra. La misión Apolo 11, tripulada por el comandante Neil A. Armstrong, el piloto del LEM Edwin E. Aldrin Jr. y el piloto del módulo de mando Michael Collins, supuso un antes y un después en la carrera espacial. La retransmisión en directo de aquel momento histórico fue seguido por más de 600 millones de personas en todo el planeta y marcó la hegemonía de Estados Unidos en el espacio y en el mundo en medio de un escenario político marcado por la Guerra Fría. Después de aquella hazaña, el hombre piso la superficie del satélite en cinco ocasiones más: Apolo 12 (1969), 14 y 15 (1971), y 16 y 17 (1972), pero desde entonces no se han vuelto a enviar astronautas a suelo selénico. ¿Por qué?
CONTEXTO HISTÓRICO
Fue icónico, profético e inspirador. El discurso que John F. Kennedy dio en la Rice University el 12 de septiembre de 1962 fue una declaración de intenciones. "Elegimos ir a la Luna en esta década y lo hacemos no porque sea fácil, sino porque es difícil, porque esa meta servirá para organizar y medir lo mejor de nuestras energías y habilidades.
Es por todo esto por lo que hemos cambiado nuestra estrategia en el espacio, la que considero una de las decisiones más importantes que tomaré durante mi presidencia", pronunció el trigésimo quinto presidente de los Estados Unidos, que unas líneas más adelante admitió lo complicado de la gesta, pero puso una fecha, "antes de que finalice esta década". Y así fue, siete años después de que se hiciera realidad, pese a que él no fuera testigo de ese histórico momento tras su asesinato el 22 de noviembre de 1963.
El momento en el que se tomó la decisión no es una cuestión baladí, sino todo lo contrario. El mundo miraba expectante y aterrado el enfrentamiento político, social, económico, militar, informativo y científico entre el bloque occidental, liderado por Estados Unidos, y el oriental, capitaneado por la Unión Soviética. Fueron casi cuatro décadas de tensiones tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial en las que los dos grandes bloques mantuvieron un frágil y temeroso tira y afloja por hegemonizar el primer lugar como potencia nuclear.
Sin embargo, el tablero del ajedrez mundial se estableció a miles de kilómetros de la Tierra. La conquista del espacio se convirtió en el gran objetivo de los dos grandes bloques. Quien llegara primero a la Luna se confirmaría como la gran potencia en el mundo. Aquello que en principio se barajó como una utopía, mandar una misión tripulada al satélite, se convirtió en el mayor desafío para los gobernantes de ambos frentes, y para ello había que contar con la tecnología y la economía que lo hicieran posible.
CUESTIÓN DE PRESUPUESTO
El poderoso señor dinero tuvo un papel crucial en el pequeño paso para el hombre, pero grande para la humanidad. Una vez que el gobierno estadounidense dio el golpe en la mesa, Richard Nixon disminuyó el presupuesto destinado a las misiones lunares de manera drástica. Hay que tener en cuenta que a este cometido se dedicaron 400.000 personas y más de 105.000 millones de euros, de tal manera que, además, del primer alunizaje se pudieron enviar con éxito hasta cinco tripulaciones más.
En 1965, se dedicó el 4% del presupuesto, en los 40 años siguientes no ha llegado al 1% y en los últimos solo ha sido del 0,4%. No obstante, Donald Trump, al contrario que sus tres predecesores (George W. Bush, Bill Clinton y Barack Obama), recuperó ese espíritu patriótico de la conquista lunar y pretende enviar una misión tripulada en menos de cinco años. Para ello no se descarta que los cohetes y gran parte de la tecnología sea privada, ya que las arcas del estado no podrían soportar en estos momentos una inversión tan costosa.
Artemis, en honor a la diosa helena de la caza, es el nombre elegido para esta misión, en la que será una mujer la que haga un paseo lunar. También se pretende montar una base para la investigación y explotación de minerales. Los expertos de la agencia espacial estadounidense consideran que necesitarán alrededor de 118.000 millones de euros, pero en la partida del año que viene se cuentan tan solo con 9.500, a los que habrá que sumar una partida extra de 1.400 más prometidos por Trump.
CON LA MIRADA PUESTA EN MARTE
Antes de que la Luna dejara de tener interés para estadounidenses y rusos, Marte se convirtió en la nueva meta espacial. Las primeras sondas, soviéticas, se enviaron en la década de los 60, pero no fue hasta 1997 con la misión Mars Pathfinder cuando el planeta rojo empezó a ser escudriñado con éxito gracias a la exploración que mantuvo en activo el astromóvil Sojourner.
En 2001, la Mars Odyssey, todavía operativa, descubrió la existencia de hielo y abrió la puerta a una futura misión tripulada. Además, para el año que viene hay varias misiones internacionales confirmadas como la ExoMars, Mars 2020, MGRSO y EMM Hope, y la posibilidad de enviar a los primeros astronautas en 2024 gracias BFR, nave espacial privada financiada por SpaceX, propiedad de Elon Musk.