Fotografía

Cara a cara con el tiempo: el fotógrafo que retrataba a las mismas personas 20 años después

Uno de los retratos de 'A Portrait Revisited: 1986, 2006'. Roderick McNicol
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La fotografía tiene una relación inevitable con el tiempo. Toda imagen es un testimonio de lo efímero, pues lo que hace es inmortalizar un momento que desaparece apenas es registrado. Algunos fotógrafos han hecho de esa tensión su tema central, utilizando la cámara para revelar cómo el tiempo deja marcas, transforma identidades y construye memoria. Entre ellos, el australiano Roderick McNicol ocupa un lugar por la claridad con la que abordó esa cuestión a lo largo de su obra.

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En ningún proyecto esta preocupación resulta tan evidente como en 'A Portrait Revisited: 1986–2006', una serie de retratos que proponía volver a fotografiar a las mismas personas, en las mismas condiciones, veinte años después. Más que un simple ejercicio de 'antes y después', el resultado funcionaba como una profunda reflexión visual sobre el paso del tiempo.

Nacido en Melbourne en 1946 y fallecido en octubre del año pasado, Roderick McNicol desarrolló una carrera centrada casi exclusivamente en el retrato. Su estilo se caracterizaba por fondos neutros, encuadres sobrios y una iluminación controlada, decisiones formales que buscaban eliminar cualquier distracción y concentrar la atención en la persona fotografiada.

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Con esa economía visual tan marcada abordó la serie 'A Portrait Revisited'. El proyecto tuvo su origen en una serie de retratos realizada en 1986, en la que McNicol fotografió a personas de su entorno cercano: artistas, escritores, amigos, colegas. Dos décadas después, en 2006, decidió invitarlos de nuevo a su estudio para repetir la experiencia bajo las mismas condiciones técnicas. Es decir, mismo encuadre, misma pose, misma iluminación y mismo fondo.

Al presentar las imágenes en forma de dípticos -la fotografía de 1986 junto a la de 2006-, McNicol creaba un diálogo directo entre pasado y presente, sin dramatismo ni efectos visuales. Así, el paso del tiempo se manifestaba de forma tan silenciosa como inevitable. Cómo aparecen las arrugas, el cabello canoso, los cambios en el cuerpo; pero también cómo permanecen gestos, miradas y actitudes que permiten reconocer a la misma persona más allá del paso del tiempo.

Uno de los aspectos más conmovedores de 'A Portrait Revisited' es que no todos los retratados de 1986 pudieron volver en 2006. En esos casos, McNicol optó por dejar el segundo espacio del díptico vacío. Esa ausencia tiene una fuerza enorme, pues convierte al tiempo en algo tangible.

El mérito de McNicol reside en haber logrado esta reflexión sin recurrir a grandes gestos conceptuales. Su apuesta (mirar, esperar, mirar de nuevo) es clara y honesta. La serie demuestra que el retrato funciona como un archivo emocional y como prueba silenciosa de que el tiempo, aunque invisible, siempre está presente frente a la cámara.