Cantantes

Pablo, el hijo de Carlos Cano: así es la carta que le dejó su padre y que acaba de convertir en canciones

Carlos Cano y su hijo Pablo. (Carloscano.es)
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Hay apellidos que abren puertas; otros, además, te obligan a mirar hacia dentro. Pablo Cano creció con una figura enorme de fondo, Carlos Cano, el célebre cantautor granadino clave en la renovación de la copla y la canción popular, y con una pregunta difícil de esquivar: qué hacer con un legado cuando no quieres vivir “a la sombra”, pero tampoco renunciar a lo que te explica. En una entrevista, él mismo reconoce sin dramatismo que llevar ese apellido “sí que pesa bastante”, sobre todo cuando empiezas a escribir canciones y entiendes “la magnitud” de lo que tu padre dejó.

La razón que empuja a Pablo hacia la música no es un mito o una tradición familiar contada a medias. Es un texto. Una carta.

La carta como brújula (y como detonante)

En la web oficial dedicada a Carlos Cano se conserva la “Carta de Carlos Cano a su hijo Pablo”, un texto escrito cuando Pablo todavía era un bebé, en el que el cantante habla del hijo “casi recién nacido”, de la emoción de tenerlo cerca y de esa sensación de “volver a nacer” con él. La carta, leída hoy, tiene algo de cápsula del tiempo, con un padre que escribe con urgencia íntima y con el pulso de quien sabe que lo importante no se improvisa.

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Y lo más potente es que, años después, esa carta deja de ser solo un recuerdo para convertirse en materia prima. Pablo Cano ha lanzado su primer trabajo musical inspirado directamente en ese texto, y su primer single abre un proyecto más amplio que se materializará en la forma de un disco que verá la luz al completo en 2026, con la idea de ir publicando canciones en fechas señaladas y con colaboraciones anunciadas con nombres como Miguel Poveda, Javier Ruibal, Pasión Vega o Rocío Márquez, entre otros. 

En COPE lo contaba así el propio Pablo Cano: “En cada etapa de mi vida la carta de mi padre me dio respuestas distintas”. La frase es casi una definición de madurez: el mismo texto, distintas edades, distintas lecturas, distintos miedos. 

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Granada, 31 de enero y la vuelta del apellido a escena

El contexto ayuda a entender por qué el nombre de Pablo Cano vuelve a circular con fuerza en Granada. La ciudad acoge el 31 de enero de 2026 la gala de los V Premios Carmen del Cine Andaluz, en el Palacio de Exposiciones y Congresos. Es una noche de industria cultural y, a la vez, un recordatorio de algo muy granadino: que allí los apellidos no son solo parte de la genealogía, sino que también son paisaje y ADN de la tierra.

En paralelo, Pablo Cano ya ha empezado a aparecer en formatos públicos ligados a la memoria artística de su padre. Por ejemplo, el artista cantó por primera vez en televisión una canción creada para rendir homenaje a Carlos Cano. Ese detalle importa porque no es nostalgia por el simple hecho de la nostalgia, sino que supone todo un gesto de continuidad de un legado que hoy es inmortal.

Un legado sin vitrinas: de lo íntimo a lo compartido

Hay una escena que resume bien el tipo de relato que rodea a Pablo Cano: la carta no siempre estuvo “a mano”. En un post ampliamente difundido en redes se cuenta que el texto apareció guardado en una prenda de Carlos Cano y que Pablo la recibió cuando tenía quince años, ya sin su padre. La imagen es literaria por sí sola, con una herencia que no llega tras la muerte, ni envuelta en un discurso de despedida, sino que aparece de improviso doblada y casi escondida, esperando el momento en que pueda entenderse.

Y ahí está el punto: Pablo Cano parece moverse en un territorio raro, incómodo y a la vez fértil. No es el “hijo de” que vive de repetir. Pero tampoco pretende hacer borrón. Su camino parece que va por otro lado, el de aprovechar lo que duele y lo que sostiene, y convertirlo en algo nuevo, sin negar de dónde viene.

Quizá por eso su historia interesa tanto, ya que no habla solo de música. Habla de qué hacemos con lo que nos precede. Con una carta. Con una ciudad. Con un apellido que pesa, sí, pero que también puede empujar si lo usas como brújula y no como cadena.