Manuel Vilas narra su segundo divorcio a los 63: "El dolor era insoportable"
El escritor publica 'Islandia', en el que relata su separación de la escritora Ana Merino: "Es una gran historia de amor"
Ana Milán: “El éxito en el amor es conocer muchas almas; no verle la cara al mismo pavo durante 30 años”
MadridUna novela sobre el desamor puede ser también un gran novela sobre el amor. Eso le pasa a ‘Islandia’ (Destino), el último libro del escritor Manuel Vilas (Barbastro, 1962), en la que hay mucho (casi todo, en realidad) de autobiográfico. Vilas relata en ella el fin de su relación con la escritora Ana Merino, aunque la mujer del libro se llame Ada. "Ella no ha leído la novela ni lo va a hacer", explica.
Igual que en ‘Ordesa’ Vilas habló del duelo por la muerte de sus padres, aquí se enfrenta a otro duelo universal: el que surge tras el fin de una relación importante. Son 400 páginas en las que hay veces que el pudor sonroja al lector, asomado a la conversación de unos personajes, trasunto del autor y su ex, que hablan sin tapujos sobre lo que les ocurre. En el horizonte, Islandia: un viaje compartido (pese a todo) en el que el destino de los dos personajes se desanudará finalmente. Material de alto octanaje emocional para una conversación que da mucho de sí.
¿Cuándo comienzas a escribir ‘Islandia’? ¿Fue inmediatamente después de escuchar la frase “ya no estoy enamorada de ti”?
Empecé a escribirla en un AVE Sevilla-Madrid, casi inmediatamente después de escuchar a mi ex decir eso, en mayo de 2025. Fue como una terapia urgente. Empecé a escribir porque el dolor era insoportable. Y al construir las primeras frases me di cuenta de que el dolor descendía. Era como tomar un ansiolítico, pero sin efectos secundarios. La primera versión la terminé a principios de septiembre; luego vino un mes de correcciones. En total, tardé unos cinco meses. Fue una escritura rápida, casi compulsiva.
Ese alivio que describes… ¿se mantiene cuando el libro está terminado?
Cuando terminé, entré en otra dimensión. Pienso que las novelas autobiográficas sirven para que uno evolucione. Ahora ya no podría escribir este mismo libro porque ya no me encuentro en el mismo lugar emocional. La intensidad del dolor se aminora como si fuera la velocidad de un coche. Ya no sientes dolor a 300 por hora; sino solo a 110.
En la novela aparece la idea de empezar de nuevo a los sesenta. ¿Es más difícil hacerlo a una determinada edad?
Hay un discurso social muy establecido que dice que, si quieres rehacer tu vida pasados los sesenta, lo tienes crudo. Pero lo cierto es que si tienes esa oportunidad es porque sigues vivo, que es una especie de “bien mayor” de la vida. Cuando eres consciente de eso, todos los mensajes pierden fuerza.
Escribiendo un libro así, ¿llega uno a entender por qué se acaba el amor?
En mi caso se trató de un clic: una revelación que tiene el personaje femenino. Ella tiene la certeza de que el matrimonio está acabado. A él no le pasa, por lo que se queda atónito, aunque luego se da cuenta de que la relación estaba fatigada. En la novela muestro algo que creo que es incluso sociológico: el mundo femenino es más agudo y más clarividente para darse cuenta de que algo se ha acabado, mientras que el masculino tiende a acomodarse.
Uno de los aspectos más originales del libro es la atención que dedicad a las familias políticas y a la relación de los personajes con ellas
Me parecía importante porque en muchas novelas de ruptura solo se habla de la pareja. Pero cuando un matrimonio se deshace, también desaparecen los suegros y las celebraciones compartidas durante años con esas personas. Has sido miembro de esa familia y de repente no eres nada. Eso me parece profundamente perturbador.
¿Qué distancia hay entre el Vilas escritor y el narrador?
Es una dialéctica constante en mis novelas. El narrador se parece mucho a mí y cuenta hechos que he vivido, pero los interpreta a su manera. Yo soy un ciudadano común, integrado en el orden social, mientras que el narrador no lo es: vive al margen de las leyes sociales. Pero, tras muchos libros, a mis 63 años, todavía no he logrado aclarar del todo la relación que tengo con ese personaje.
¿Habló con su ex mujer sobre el libro que iba a escribir? ¿Cómo reaccionó ella?
Hablamos y concedió que escribiera el libro. Ella no ha leído la novela ni lo va a hacer, pero la publicación se hizo con su aprobación. Para mí, la novela es, sobre todo, una carta de amor, porque yo no escribo sobre ajustes de cuentas. En las relaciones humanas siempre hay más luz que oscuridad, pero, eso sí, para mostrar la luz hay que enseñar también las sombras. Es curioso porque ahora, con la novela ya publicada, sigo hablando con Ana a diario y me dice “se está hablando mucho de la novela: intenta no nombrarme tanto” (risas).
En la segunda parte de la novela cambia la voz, pasando de primera a tercera persona y, de repente, el narrador se convierte en personaje. ¿Por qué?
Creo que la segunda parte, de algún modo, introduce correcciones sobre la visión del narrador. No quería que la novela fuera solo el lamento de un hombre abandonado; quería complejidad.
En un momento dado escribes: “El gran motor de mi vida siempre ha sido la culpa”. ¿De verdad ha sido así?
Siempre que algo fracasa, la culpa llama a la puerta. En la novela, cuando ella le reprocha la falta de ternura o el desgaste, él asume que no supo ver las señales y siente culpa, algo que forma parte de nuestra identidad cultural, más allá de lo religioso.
Hay un aspecto interesante sobre el que haces hincapié varias veces y es que la ruptura ocurre en la cocina. ¿Por qué sucede precisamente en esa estancia de la casa?
Creo que la cocina, siendo un espacio humilde, funciona muchas veces como un confesionario doméstico. Además, tiene una simbología profunda: el amor se rompe en el lugar más cotidiano de la vida compartida.
Ahora que la novela ya está publicada, ¿cuál crees que ha sido el motivo real que te ha impulsado a escribir sobre tu divorcio?
Creo que no se puede renunciar a los años vividos con la persona amada, porque al final forman parte de tu vida. En ese sentido, esta novela es una lucha contra el olvido: intenta salvar esa historia de amor para que no desaparezca. La vida es sagrada, pero solo si guardamos memoria de lo que nos ha ocurrido y esta novela sirve a ese propósito.
