Esther García Llovet: "La literatura me ayuda a que mi TDA se transforme en algo concreto"

La escritora malagueña publica ‘Las jefas’, novela sobre los huéspedes y trabajadores de un hotel de lujo en la costa valenciana
Richard Ford y la felicidad: “El mejor día de mi vida fue mi boda, llevo 55 años con la misma mujer”
La literatura de García Llovet (Málaga, 1963) vive un momento dulce. Atrás quedó aquella llamada de Herralde hace casi una década, en la que preguntaba por una Esther en su cincuentena, apasionada por la fotografía y de formación psicológica, en la que había intuido una mirada muy propia. Aquella versión de sí misma tiene ahora 62 años y está inmersa en la promoción de ‘Las jefas’, sexto libro con la editorial Anagrama y su gira más ambiciosa, que cierra la ‘Trilogía de los países del Este’. Su estilo fragmentario, irónico, entre antiguo y neofuturista va acumulando fieles. Cada vez más parroquia para esta rockstar de los márgenes.
“Salgo de terapia. Estas cosas son tan lentas, mucho más que publicar un libro. He hecho ya tres psicoanálisis en mi vida, espero que este sea el último”, comenta nada más coger el teléfono. Acaba de llegar de toda la semana fuera, presentando la novela en varias ciudades, y necesita coger un poco de eje paseando por Madrid, donde vive desde hace décadas. Caminar es justo una de las cosas que más le ubica y mejor le sienta, pasa horas andándose la ciudad. “Tiene que ver con mi TDA, estoy segura”, explica.
En los agradecimientos del libro también nombras al ‘equipo TDAH’.
Efectivamente (risas). Somos caóticos y muchos nos estamos dando cuenta con una edad muy avanzada, cuando empiezas a leer qué es un TDA y dices, ‘esta soy yo’. Hay una voz ahí todo el rato, dentro de la cabeza están siempre pasando cosas. La literatura me ayuda a que todo eso que ocurre se concrete en una nube y se transforme en algo concreto.
Primero hiciste una Trilogía sobre Madrid y ahora esta ‘Trilogía de los Países del Este’: ¿por qué crees que esa zona de Alicante te ha removido tanto?
No había estado nunca, pero hace como ocho años fui a hacer un reportaje a Benidorm y me encantó. Me gustó el rollo que tiene. Parecía de otro planeta. Y también la zona del Saler me gustó muchísimo. Parece increíble que esté dentro de la costa mediterránea, que sea tan loco y tan diferente. No tenía intención de hacer una trilogía, pero salió: una novela negra en Benidorm, ‘Spanish Beauty’ (2022), una de semi ciencia ficción en El Saler, ‘Los guapos’ (2024); y una en un hotel de 5.000 estrellas que hay cerca de Terra Mítica, ‘Las jefas’ (2026).
¿Estuviste en ese hotel Zen Resort?
No pude, es carísimo. Pero siempre me ha parecido muy bonito.
¿Qué simbologías ves ahí? ¿Quizá algo con la decadencia?
El verano cuando se prolonga de más tiene algo de decadente. Todos los sitios de veraneo tienen en realidad ese punto, no de decadente, sino de fiesta que se ha acabado; es algo que me gusta muchísimo.
¿Las fiestas?
Sí, son muy fiesteros, siempre tienen algo como de salir ahí fuera hasta el final, si es que en Valencia se acaba en algún momento la fiesta. Es más bien algo muy juvenil, casi adolescente, eso de salir a quemarlo todo. Aunque algunos amigos valencianos ya me han dicho que no todos son así, claro. La Ruta del Bakalao está ahí por algo. Es una zona muy de celebrarlo todo y me atrae.
¿Y a los 62 tienes también esas ganas celebrarlo todo?
Siempre. Lo peor que te puede pasar, para mí, es que no te vayan a pasar ya cosas nuevas. Que no te sucedan ya cosas por primera vez. Me gusta no saber qué me va a pasar. Siempre estoy a la zaga. Y mi literatura tiene eso también: nunca sé por dónde voy a tirar. Y eso es muy estimulante.
En ‘Las jefas’ dice un personaje “escribir es de tristes”.
Justo lo opuesto para mí. Ahora vivo en una casa en la que todo está muy ordenado. Antes no era así. La literatura me ayuda a establecer algo de orden mental dentro de mi caos. Eso me ayuda, si no es como que el movimiento de mi cabeza no acaba nunca y, al escribir, al menos todo ese flujo no es que pare, pero se canaliza.
¿Recuerdas algún momento en el que hayas sigo muy feliz?
Me encanta estar al aire libre, no me gustan los sitios cerrados. Tampoco los bares, lo que va en contra del ocio convencional. La felicidad es estar fuera, en primavera o verano, y en movimiento. Andando o en coche, con amigos. Se está poniendo el sol, porque el atardecer tiene esta cosa como de estar sumergido. Me gustan mucho los cambios de luz, se sombras, de color. Eso me da mucha felicidad.
¿Hay un miedo esencial a los 62?
Es una putada la vejez, no mola nada.
¿Dicen que se gana un poco de aplomo?
No, tengo la sensación de que soy la misma persona desde los veintitantos, no he cambiado en lo fundamental. Aplomo no tengo. Seguridades, tampoco. No veo en mi forma de ser ninguna certeza ni nada que se manifieste. No le veo nada bonito a envejecer.
¿Se te repite algún momento de infancia?
Tengo pocos. No me sale mucho mirar para atrás. Si acaso sensaciones, muy mediterráneas: la de infinito mirando el mar. Pero es algo que me acompaña, no que venga. Muy de arcadia: siempre pienso en verano y en mar.
¿Qué dirías que tienes de tu padre y de tu madre?
Mi padre era muy buena persona y mi madre muy alegre. Eran muy distintos y se llevaban muchos años. Mi padre murió en el 81 y mi madre cumple 100 años el mes que viene.
¿Haréis una fiesta?
Claro. No es habitual. Ha sido una persona muy alegre, muy luminosa, con mucho sentido estético y muy elegante. También dibujaba. Tenía mucho gusto para los colores, que creo que también lo he heredado de ella.
¿Puede ser que ese gusto por la pintura te haya influido en tu amor por la fotografía?
Sin duda. Tenía un sentido de encuadrar muy acusado, combinaba muy bien. La foto yo la descubrí bastante mayor, pero me ayudó a componer encuadres. Hago mucha menos foto ahora, porque no tengo tiempo, pero, como la ficción, me ayuda a salir de mi cabeza.
¿Qué es lo que ahora mismo tienes más en tu cabeza?
Cuando acabe esta promoción, quiero empezar con dos libros de no ficción. Tipo crónica. Uno es complejo y muy divertido y el otro es como de perfil-entrevista. Tengo muchas ganas. La ficción ya empiezo a saber cómo funciona en mí, así que quiero cambiar, siempre quiero cambiar, y tengo ganas locas de hacer algo que no he hecho nunca.

