Música

¿Te acuerdas de la "música de padres"? Los discos que despreciabas de joven y que ahora a ti también te encantan

Phil Collins y Sting, cabezas visibles de la música de padres. Getty Images
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Si creciste en los años 80 es muy probable que recuerdes perfectamente qué música sonaba en casa... y también es muy posible que te pareciera un auténtico tostón. En el salón de muchos hogares lucían los discos de Dire Straits, Phil Collins, Sting o Fleetwood Mac, producciones pulcras, instrumentaciones impecables y canciones que parecían diseñadas para sonar exclusivamente en un equipo caro de alta fidelidad. El problema es que cuando tienes doce o trece años nada que suene demasiado bien puede ser verdaderamente emocionante.

Para la Generación X, la que entró en la adolescencia a finales de esa década, aquello era, simple y llanamente, música de padres. Señores serios, vestidos con trajes de marca, seda y lino, tocando con una competencia sospechosa. Aquel rock 'corporativo' nada tenía que ver con la electricidad desordenada que iba a traer a principios de los 90 el grunge de Nirvana y Pearl Jam. Aquellas guitarras sucias y distorsionadas, aquellas voces atormentadas a punto de romperse y aquellas camisas de franela sí que hablaban, por fin, en nuestro idioma.

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¿Cómo? ¿Que tú sí reverenciabas a Mark Knopfler a los 14 años? ¿Que 'But Seriously' era tu disco favorito a los 15? Bien por ti. Sabías cosas antes de tiempo. Porque con el tiempo uno crece. Y acabas teniendo hijos. Y vuelves a poner algunos de aquellos discos que compró tu padre y descubres que aquello que llamábamos 'dad rock' de forma un poco irónica no estaba tan mal. Es más, suena endemoniadamente bien. Qué digo bien, suena descomunal.

Cuando hoy nos calzamos unos buenos auriculares y escuchamos la monumental producción de 'Graceland' o 'Tango in the Night' nos damos cuenta de que esos discos han aguantado el tipo mucho mejor que el pop efímero de muchas otras décadas. Así que quizás ha llegado el momento de admitir algo que jamás habrías pensado entonces: tu padre tenía razón. Y aquí tienes la guía definitiva para reivindicar el orgullo paterno.

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Dire Straits - Brothers in Arms (1985)

El Santo Grial del 'dad rock'. Uno de los primeros discos grabados digitalmente, con un diseño de sonido tan espectacular que aún asusta. Era el disco oficial para probar unos altavoces nuevos en el entonces incipiente formato del Compact Disc. De hecho, cuando tu padre quería fardar de equipo de música ante sus colegas ponía 'Money for Nothing' a todo meter.

Por qué hay que reivindicarlo: Porque el tono de esa Gibson Les Paul de Mark Knopfler es, sencillamente, el cielo en la tierra. 'Brothers in Arms' tiene una producción panorámica tan nítida, espaciosa y perfecta que hace que los discos de The Jesus and Mary Chain suenen a lata de conservas.

Phil Collins - No Jacket Required (1985)

Es hora de pedir perdón a Phil Collins. Vale que era el santo patrón de los padres que querían hacerse los enrollados. Calvo, bajito, simpático y con una energía inagotable que le permitía estar en todos los saraos. Pero hay que reconocer que 'No Jacket Required' no solo era una ráfaga de hit tras hit imbatible, sino que también era una obra maestra desde el punto de vista del sonido que ahora envidian The Weeknd, Tame Impala o Taylor Swift.

Por qué hay que reivindicarlo: La forma en que las baterías explosivas, con el famoso gated reverb, cortan el aire en temas como 'Sussudio' o 'Don't Lose My Number' es pura ingeniería de precisión. Es el disco que mejor define el sonido de una década.

Paul Simon - Graceland (1986)

Este es el álbum que tu padre ponía para sentirse 'un hombre de mundo' sin salir del jardín de casa, aunque tú no entendías qué podían hacer por ti esos ritmos sudafricanos tan ajenos a tu mundo. Pero en 1986 Paul Simon irrumpió en las radios no solo con un éxito comercial masivo, sino como un terremoto cultural que redefinió el papel del artista global.

Por qué hay que reivindicarlo: Porque es una obra maestra de la fusión cultural. Su mezcla de pop de autor con los ritmos del mbaqanga sigue sonando fresca, vibrante y, sobre todo, increíblemente inteligente. En una época dominada por las cajas de ritmo y el brillo artificial, 'Graceland' introdujo una calidez orgánica única que hoy adoran artistas tan dispares como Harry Styles o Lorde.

Peter Gabriel - So (1986)

En los 80, 'So' era uno de esos discos que separaba a los adultos de los adolescentes. Mientras los chavales escuchaban a Mötley Crüe, Peter Gabriel quedaba como ese tipo un poco raro que sonaba en la radio y hacía vídeos con plastilina. Hoy sí podemos apreciar mejor la genialidad de un álbum que ponía la perfección tecnológica al servicio de la emoción pura en temas como 'Red Rain', 'Sledgehammer' o 'Don't Give Up', capaces de erizar la piel de cualquiera.

Por qué hay que reivindicarlo: Porque es un disco de una belleza emocional aplastante. En un mundo de canciones de 2 minutos hechas para TikTok, 'So' es un banquete de cinco platos, en el que se nota el presupuesto, la paciencia y la profundidad. 'In Your Eyes' es una de las mejores canciones de amor grabadas en la década, sin el azúcar de otros coetáneos.

Fleetwood Mac - Tango in the Night (1987)

Durante años lo vimos como pop blandito para adultos que ya están de vuelta, mucho menos reivindicable que su clásico de los 70, 'Rumours', pero hoy es el disco favorito de cualquier productor de música electrónica o indie-pop. La obsesiva producción de Lindsey Buckingham creó un paisaje sonoro sintético de ensueño.

Por qué hay que reivindicarlo: Porque es una obra maestra de pop barroco. Cada vez que lo escuchas descubres un sintetizador nuevo que te vuela la cabeza. Es "brilli-brilli" sónico de alta gama. 'Everyhwere', 'Little Lies' y 'Big Love' son hoy hitos de la arquitectura pop que trascienden cualquier brecha generacional.

Sting - ...Nothing Like the Sun (1987)

Sting es el aristócrata del rock de los 80 que mejor representa el viaje desde el vigor adolescente de los inicios de The Police a la música de padre gourmet de su carrera en solitario. El Sting adulto y sofisticado ya empezó a serlo en el último álbum del trío, 'Synchronicity', pero brilla en todo su esplendor en '...Nothing Like the Sun'. Es elegante, es jazzero y tiene esa producción que suena a madera cara y lino recién planchado.

Por qué hay que reivindicarlo: El autor de 'Every Breath You Take' se trajo a Knopfler, Eric Clapton y Branford Marsalis para hacer un pop de una complejidad estructural asombrosa. 'Englishman in New York' es un himno a la individualidad con un puente de batería que sigue siendo una delicia técnica, y 'Fragile' es una de las composiciones más bellas y delicadas de los 80.

Leonard Cohen - I'm Your Man (1988)

En su momento la chavalada veíamos Leonard Cohen como ese señor mayor que iba con una corista a cada lado. No podíamos ni imaginar que alguna vez hubiera sido joven -y eso que entonces tendría poco más de 50-, pero aunque era música evidentemente dirigida a los adultos lo cierto es que su inclusión en esta categoría tiene trampa. Porque 'I'm Your Man' comparte los ingredientes estéticos de los 80 -cajas de ritmo Casio, sintetizadores de garrafón, una producción que hoy llamaríamos cheesy- pero los trasciende por completo. Es poesía existencial con un punto desasosegante disfrazada de pop sintético, de un nivel lírico muy por encima de cualquiera de los artistas antes mencionados.

Por qué hay que reivindicarlo: En realidad no hace falta porque siempre ha sido una obra extremadamente bien valorada por la crítica. Es el disco donde Cohen abraza la modernidad para escupir versos cínicos y profundos con una voz que suena como si hubiera masticado gravilla en 'First We Take Manhattan', 'Everybody Knows' o 'Take This Waltz'.

Paul McCartney – Flowers in the Dirt / The Rolling Stones – Steel Wheels (1989)

Son los discos de regreso de las más grandes leyendas de los 60 tras varios años de intrascendencia intentado volver a sonar relevantes en la época de los sintetizadores. La suya ya no era música de rebeldía, sino de supervivencia para un público que tenía hipoteca y planes de pensiones. Con ellos nacía oficialmente el 'Grandad Rock'.

Por qué hay que reivindicarlos: Macca demostró que su genio melódico seguía intacto en joyas como 'My Brave Face' o 'This One' que sonaban como unos Beatles pasados por el filtro de la radiofórmula de finales de los 80. Por su parte, los Stones se juntaban después de años de peleas entre Mick Jagger y Keith Richards para entregar un disco de rock diseñado para escucharlo en un coche familiar de gama alta. Ambos álbumes ponían el broche de oro a una década donde 'hacerse mayor' no significaba dejar de sonar como un cañón.