Música

Pasión Vega se pone 'almodovariana': “Soy rebelde con causa”

Pasión Vega regresa con repertorio de películas de Pedro Almodóvar.
Pasión Vega regresa con repertorio de películas de Pedro Almodóvar. Bernardo Doral
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Cuando Rosalía aún jugaba con muñecas, una mujer vino a revolucionar la música folclórica española, tanto por su forma de abordarla —mezclándola sin complejos con otros sonidos y mostrando reverencia por creadores de estilos ajenos— como por su aspecto físico, nada ajustado a los cánones de belleza morena del género.

El cabello corto y rubio de Pasión Vega causó sensación hace veinticinco años cuando publicó su primer disco —titulado con su nombre artístico—, y en ocasiones no para bien. “Siempre me he sentido a contracorriente”, dice. “Rosalía me parece una artista impresionante. Su último trabajo es increíble y verla en el escenario es fascinante. Pero yo sigo aquí, así que no me voy a quejar”.

El último giro de guion de Ana María Alías Vega, nacida en Madrid y criada en Málaga, es un disco conceptual que reúne canciones que el cineasta Pedro Almodóvar ha utilizado en sus películas. “En el último trago”, escrita por José Alfredo Jiménez y popularizada por Chavela Vargas, de La flor de mi secreto (1995); “Un año de amor”, la versión que Luz Casal grabó de “C’est irreparable”, de Nino Ferrer, que Almodóvar insertó en Tacones lejanos (1991); y otros clásicos de la música española o latinoamericana como “Ay amor”, “Quizás, quizás, quizás”, “La bien pagá”, “Piensa en mí” o “A tu vera” forman parte del repertorio de Pasión Almodóvar, álbum que, al contrario de lo habitual, ve la luz cuando su gira ya empezó.

“He ido al revés, hay que ser un poco rebelde”, afirma. Explica que el proyecto se creó por encargo del Festival de Peralada para ser llevado a escena. “Al principio iban a ser solo uno o dos conciertos en Cataluña”, explica. “Pero la emoción fue tanta, la amistad que surgió entre todo el equipo y la conexión con las canciones y el público fue tan potente que pensamos: ‘¿Por qué dejarlo solo en dos conciertos?’. Así que empezamos a preparar la adaptación del espectáculo para convertirlo en gira. Después de un año tocándolo dije: ‘Esto hay que grabarlo’. Es un disco de estudio, pero prácticamente grabado en directo. Quería llevar el espíritu de Pasión Almodóvar también al vinilo y al CD para que el público pueda disfrutarlo en casa y guardarlo como un recuerdo especial”.

Todo ello se ha llevado a cabo con el beneplácito del oscarizado director. “Nos dio su permiso y su bendición”, dice Pasión. El estreno se acompañó de una exposición de carteles de sus películas. “Ahora espero que pueda venir a algún concierto y escuchar el repertorio. Cuando tengamos el vinilo también se lo enviaremos para conocer su opinión”. Hasta finales de junio tiene previstos conciertos por toda España, con un paréntesis, el 18 de abril, en que la cantante presentará en Nápoles una adaptación de El amor brujo, de Manuel de Falla, junto al director de orquesta venezolano Gustavo Dudamel y la iconoclasta artista serbia Marina Abramović.

En cierto modo, Pasión Almodóvar conecta con un disco anterior de Pasión Vega, Pasión por Cano (2014), también temático, solo que dedicado en exclusiva a canciones del añorado cantautor Carlos Cano, fallecido en 2000. Ha cantado por Joan Manuel Serrat, uno de sus referentes, Joaquín Sabina y Javier Ruibal. Además de copla integran su extenso cancionero el bolero, el tango, la música italiana, el fado o las rancheras. En casa confiesa que escucha a Bruno Mars, Lady Gaga y Adele. Una vez más queda claro que Pasión Vega es una tonadillera diferente; o “rebelde”, como dijo al principio de la entrevista.

“Soy rebelde con causa”, añade. “Esa rebeldía viene de muy joven. Yo era una niña muy tímida, que quería agradar a todo el mundo. La música me ayudó a encontrar mi verdadera esencia. Al principio me encontré con figuras muy fuertes dentro de la industria —grandes mánagers, productores— y muchas veces chocaba con su forma de pensar. He tenido enfrentamientos y en alguna ocasión me he bajado del carro porque no estaba de acuerdo con lo que me proponían. Siempre con respeto, pero sí he sido rebelde en ese sentido. Y eso también ha marcado mi carrera: no ha sido meteórica, sino muy constante, paso a paso”.

Pone voz a canciones que hablan de amores tremendos, pasiones desatadas que hoy parecen superadas. ¿Son historias que empoderan o que perpetúan una forma antigua de sufrir? “Es una pregunta que yo misma me he hecho muchas veces”, admite. “Algunas canciones muestran a mujeres muy fuertes, pero otras reflejan un romanticismo muy intenso. En el caso de las canciones vinculadas a las películas de Pedro Almodóvar, él nunca muestra a una mujer sumisa. Al contrario: muestra mujeres que buscan su libertad. Además, cuando el público escucha esas canciones suele recordar la escena de la película, que normalmente habla de liberación. También es cierto que con el paso del tiempo he dejado de cantar algunas coplas. Hay letras que hoy no interpretaría porque ya no encajan con nuestra forma de pensar”.

¿Cómo cuáles?, le pregunto. “Hay tantas…”, responde. Y comienza a recitar, a modo de ejemplo: “Dime que me quieres, dímelo, por Dios, aunque no lo sientas, aunque sea mentira, pero dímelo”. (Es parte de la letra de “Dime que me quieres”, compuesta por Rafael de León e interpretada por Concha Piquer; texto que contiene versos incluso más fuertes, como: “Yo soy tu esclava y tú el absoluto señor de mi cuerpo, mi sangre y mi vida”.)

No está en contra del romanticismo, concepto actualmente denostado por parte de la sociedad. “Es la parte de nosotros que quiere seguir creyendo en el amor y en los pequeños detalles”, señala. “Para mí el romanticismo son esos gestos cotidianos entre dos personas que se quieren. Y eso nunca debería pasar de moda. Me considero una mujer romántica y detallista”.

El personaje y la persona

Al trabajar con pseudónimo, da la impresión de que la cantante separa de forma consciente el personaje de la persona; no es del todo cierto. “Cuando elijo interpretar una canción —explica— lo hago porque tiene algo que ver conmigo, con lo que quiero expresar. En ese sentido el artista y la persona están muy conectados. Lo que ocurre es que el escenario amplifica todo. Allí encarnas a personajes, historias. A veces canto en primera persona y otras interpreto a otra mujer o a otro personaje. Entonces te conviertes en un vehículo para transmitir emociones. Hay momentos en el escenario en los que después me veo y pienso: ‘¿Esa soy yo? ¿He puesto esa cara, he hecho ese gesto?’. El escenario saca de mí una parte que en mi vida cotidiana quizá no aparece”.

Lo que no puede discutirse es que Pasión Vega ha levantado un muro entre su profesión y su vida privada, de la que pocos datos se conocen. “Soy una persona tímida”, alega. “Me siento más segura así. No creo que mi vida privada sea de interés público y prefiero proteger a los míos. Todos tenemos cosas importantes en nuestra vida, pero creo que deben quedarse dentro de casa”.

Sí se sabe que en 2014 contrajo matrimonio con Carlos, poco antes del nacimiento de la hija de ambos, Alma. “Pero no es el Carlos que se publicó por ahí”, se queja. Ahora no tiene pareja, y focaliza su atención en su niña, ya de 11 años. “Tiene talento para cantar, pero le gusta más Lady Gaga. Nos vemos juntas sus videoclips y a mí me encanta que le guste, porque Lady Gaga es una gran artista”, dice.

No está resultando fácil conciliar un trabajo tan nómada como el de la música con el cuidado de su hija, aún pequeña. “Para mí todos los momentos de ella son importantes”, apunta. “Cada vez que no puedo recogerla del colegio, llevarla a una actividad o estar con ella siento que me pierdo algo. Incluso me perdí sus primeros pasos porque estaba de viaje, aunque su padre me envió un vídeo. Es probablemente lo que más me duele cuando estoy fuera. Intento concentrar el trabajo para pasar el menor tiempo posible lejos de ella. Muchas veces digo que no a proyectos porque quiero estar presente en su vida”.

Este 23 de abril, Pasión Vega cumplirá 50 años. ¿Prefiere el ímpetu de la juventud o la mesura de la madurez? “Depende del día”, confiesa. “La edad te enseña a esperar, a entender que cada cosa llega en su momento. Eso cuando eres joven no lo comprendes. Ahora intento avanzar con calma y equilibrio”.

Asume con deportividad el traspasar la barrera del medio siglo de vida. “Cuando te ves en pantalla y notas el paso de los años cuesta un poco aceptarlo”, dice. “Pero es lo que hay: el tiempo pasa para todos. Hay que reconciliarse con esa nueva imagen de una mujer madura, con sus arrugas y sus cambios. Ahora lo que me preocupa es procurar hacer menos cosas, pero con más calidad. La maternidad también te hace relativizar todo. Tengo dos roles, el de artista y el de madre, y trato de equilibrarlos”.