'Marcie', el comic irónico en el que la protagonista aprovecha la invisibilidad de la menopausia para convertirse en detective
Cati Baur parodia los códigos del género negro para denunciar el edadismo que sufren las mujeres maduras
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Entre los tópicos más recurrentes del género negro están el detective curtido y desencantado, la femme fatale seductora y los entornos urbanos nocturnos y sórdidos. Nada de eso aparece en 'Marcie. Punto de inflexión' (Garbouix Books), el cómic de la dibujante, historietista e ilustradora suiza Cati Baur que toma prestados ciertos códigos del noir para contar una historia que, en realidad, va por otro lado: el de una mujer de 50 años que no está dispuesta a desaparecer.
La protagonista, Caroline, acaba de perder su empleo a las puertas de la menopausia, y con ello siente que también pierde presencia y lugar. Pero en lugar de aceptar ese borrado, decide aprovechar esa 'invisibilidad' para convertirse en detective privado en una prestigiosa agencia.
El misterio sobre un enigmático fantasma funciona casi como coartada para desplegar un relato sobre el edadismo cotidiano y la forma en que la sociedad empuja a las mujeres maduras hacia una invisibilidad silenciosa. La reinvención de Caroline en Marcie Bangor tiene tanto de impulso como de ajuste de cuentas con lo que se espera de ella. Conversamos con la autora sobre cómo su obra trata a las mujeres de 50 con una naturalidad (y sentido del humor) que se echa mucho de menos en la ficción contemporánea.
¿En qué momento sentiste la necesidad de contar la historia de una mujer de unos cincuenta años que, de repente, se enfrenta a un punto de inflexión decisivo en su vida?
Simplemente al llegar yo misma a los cincuenta y darme cuenta de que el mundo parecía querer invisibilizar a las mujeres de mi edad.
La protagonista tiene la impresión de ser invisible a los ojos de los demás. ¿Es algo que la sociedad impone a las mujeres de más de 50 años o es también un sentimiento que ellas interiorizan?
Para mí, es ante todo un problema de la sociedad. A algunas mujeres les conviene, es cierto que resulta muy relajante dejar de ser considerada un trozo de carne sexualizado, dejar de ser objeto de piropos en la calle. Por otro lado, observo que las mujeres mayores de 50 años son a veces mucho más atrevidas en su comportamiento, en sus elecciones de vestuario: si ves en la calle una prenda de color vivo en este mundo en el que las mujeres tienden a "vestirse como su nevera" (por retomar una expresión de una especialista en color escuchada en las redes sociales que lamentaba que en las tiendas ya solo se encontrara blanco, beige, gris, negro…), ¡es muy probable que ese abrigo morado o esa blusa fucsia los lleve una mujer de más de 50 años!
Marcie transforma esa invisibilidad social en un superpoder, en una oportunidad inesperada. ¿Qué te atrae de los personajes que se atreven a reinventarse?
Lo que me fascina es ese momento en el que se pasa a la acción, de la recuperación de una misma. Me gusta poner en escena a personajes audaces, ya sea que esa audacia sea meditada o, por el contrario, una reacción a la violencia sufrida.
La menopausia está presente a lo largo de toda la obra (sofocos, dificultades para conciliar el sueño, cambios de humor…) ¿Era importante tratarla con naturalidad?
Para mí era evidente que, al contar la historia de una mujer de cincuenta años, había que incluir esta etapa de la vida como un estado natural, sin convertirla en el tema central del libro, pero sin borrarla tampoco; forma parte de la historia de todas nosotras, nos guste o no.
¿Crees que sigue habiendo pudor, o directamente silencio, cuando se aborda esta etapa en la ficción?
Una persona de mi entorno me contó una anécdota que me parece bastante sintomática de nuestra relación con la menopausia. Esta persona encontró Marcie en una librería con una pequeña reseña que presentaba el libro. Al hablar con la librera, esta le dijo que al principio había escrito una reseña en la que presentaba el libro (entre otras cosas) como una reflexión sobre la menopausia. Nadie parecía querer comprarlo. Cambió la redacción para eliminar la alusión a la menopausia y, en ese momento, el libro empezó a tener éxito. ¡Así que, al parecer, sigue siendo un tema que asusta mucho al público!
La representación física de Marcie es la de una mujer real de mediana edad que no cae en los estereotipos idealizados. ¿Cómo has trabajado esa fisicidad en el dibujo?
¿De qué sirve representar a una mujer de mediana edad si es para borrar todas las características físicas relacionadas con la edad? Para eso ya está Hollywood, con esas actrices delgadas y con sus microarrugas perfectas. Yo quiero mostrar la grasa que sobresale un poco, la espalda ligeramente encorvada por haber llevado a los hijos y las preocupaciones, las ojeras que dan testimonio de la vida real… Realmente he buscado la naturalidad, observando a las mujeres que me rodean e intentando plasmar con cuidado el cuerpo de las mujeres tal y como es.
A medida que avanza la historia, parece que la búsqueda exterior se convierte en una forma de exploración interior. ¿Cómo has construido esta relación entre identidad y acción?
Creo que en la vida, cada uno de nuestros actos nos revela un poco más, si nos permitimos ser conscientes de ello. Además, Marcie se permite revelarse a sí misma con motivo de un cambio de escenario, la parte que transcurre en Nueva York. Ha tenido algunos momentos de audacia, algunos destellos antes, pero es realmente el hecho de tener que inventarse una identidad ficticia lo que le permite captar al vuelo quién es realmente. Para mí, era realmente importante llevarla a perder todos sus puntos de referencia habituales (el idioma, la geografía) para que pudiera encontrar allí su yo más profundo.
¿Crees que la protagonista cambia realmente o que, más bien, se permite ser quien ya era?
Para ella es, sin duda, una forma de quitarse las máscaras. Siempre ha vivido enmascarada y esta aventura le permite desnudarse y revelar al mundo a la persona que siempre ha sido, pero que nunca se atrevió a asumir.
¿Pensabas en lectoras que pudieran identificarse directamente con ella, o querías que la identificación fuera abierta a todas las edades?
Por supuesto, imaginé que las mujeres de alrededor de cincuenta años podrían identificarse, pero al poner en escena una relación madre-hija y, sobre todo, al construir una investigación en forma de comedia, también quería llegar a un público lo más amplio posible…
¿Qué tipo de conversación te gustaría que el cómic suscitara en torno a la edad, el género y la identidad?
El cómic es una herramienta formidable para suscitar la reflexión sobre temas sociales, bajo la apariencia del entretenimiento. Por mi parte, he podido sembrar con mucha libertad pequeñas semillas y luego recoger testimonios de personas, hombres y mujeres, por cierto, afectadas por los temas que abordo. Y pronunciar la palabra "menopausia" en un plató de telediario, ¡lo que en mi opinión es un gran avance!
En tu opinión, ¿qué da más miedo a los 50 años: cambiar o no cambiar?
Yo diría que es una mezcla de ambas cosas. A nadie le apetece verse "encogerse" físicamente, pero los cincuenta también traen consigo su cuota de audacia, y quizá el miedo a no cambiar, siempre que se supere, sea un motor que permita tomar decisiones radicales, atreverse por fin a acercarse a quien siempre hemos soñado ser.
