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La película de terror española que pudo haber protagonizado Anthony Hopkins

Anthony Hopkins
Anthony Hopkins. EP
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Hay un contrafactual que ronda desde hace décadas los círculos del cine de terror español y que sorprende solo con nombrar a su protagonista: Anthony Hopkins estuvo a punto de protagonizar ¿Quién puede matar a un niño?, la película que Narciso Ibáñez Serrador dirigió en 1976 y que hoy es reconocida universalmente como uno de los grandes clásicos del terror psicológico europeo. Había acuerdo y el proyecto estaba en marcha. Sin embargo, Hopkins, por compromisos previamente adquiridos, tuvo que rechazar el papel.

La primera opción de Chicho

En un principio, el director Narciso Ibáñez Serrador quería a Anthony Hopkins para el papel de Tom. No era un simple capricho, ya que sin duda, el film hubiese sido más impactante si Anthony Hopkins hubiera podido interpretar a Tom, pues este era la primera opción. Además, el rodaje de la película le acabaría dando la razón, ya que Serrador quedó, al parecer, muy descontento con la actuación de Lewis Fiander, el actor que finalmente interpretó el papel.

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El personaje en cuestión de Tom era el de un turista extranjero que viaja con su pareja embarazada a una pequeña isla de la costa española buscando descanso y tratando de disfrutar al fin de una tardía luna de miel. Sin embargo, cuando llegan, quedan decepcionados: el lugar es demasiado bullicioso para pasar las tranquilas vacaciones que habían planeado. Deciden entonces alquilar una barca para visitar la pequeña isla de Almanzora, un lugar que Tom había visitado cuando era más joven. Su sorpresa será mayúscula cuando descubran que los únicos habitantes de la isla son niños: unos niños que, animados por una misteriosa fuerza, se rebelan contra los adultos.

El actor Anthony Hopkins
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Un Hopkins de prestigio pero sin ser una estrella

Cuando Ibáñez Serrador concibió el proyecto, el actor galés era una figura respetada en el teatro y la televisión británica, pero aún estaba lejos de convertirse en la estrella de Hollywood que acabaría siendo. En su debut, en los años 60, Anthony Hopkins se unió a Sir Laurence Olivier en el Teatro Nacional Británico, convirtiéndose en una de las grandes estrellas de la escena. En 1967 debutó en la gran pantalla con The White Bus y un año más tarde participó en El León de Invierno.

A mediados de los 70, Hopkins encadenaba papeles secundarios en producciones cinematográficas mientras cultivaba una sólida trayectoria teatral: sus primeros papeles protagonistas fueron Coriolano (1971) y Macbeth (1972), y su debut en Broadway en 1975, en Equus, le supuso varios premios. En 1976, precisamente el año del estreno de ¿Quién puede matar a un niño?, se elevó su fama al protagonizar una película televisiva, The Lindbergh Kidnapping Case, que tuvo gran éxito. 

Sin embargo, su gran explosión internacional no llegaría hasta 1991, con El silencio de los corderos y el Óscar al mejor actor. Que Serrador lo contemplara mucho antes de esto, como figura para encabezar una producción española es, en sí mismo, un indicio de la ambición con que el director concebía el proyecto.

Una película que redefine el terror con luz de mediodía

La renuncia de Hopkins no frenó el filme. Ibáñez Serrador encontró en el británico Lewis Fiander a su sustituto y compañero de rodaje de Prunella Ransome, y ¿Quién puede matar a un niño? se estrenó en 1976 para convertirse inmediatamente en una referencia del género. Narciso Ibáñez Serrador escribió y dirigió una de las películas más impactantes del cine de terror español de los años setenta. ¿Quién puede matar a un niño? es una obra que hoy, casi medio siglo después, sigue provocando escalofríos en la audiencia no solo por sus continuos sobresaltos y precisos giros dramáticos, sino, sobre todo, por saber sumergir al espectador en la perturbadora historia que narra gracias a una puesta en escena original y arriesgada.

Fotograma de Quién puede matar a un niño

Lo más llamativo de su propuesta visual era precisamente lo que la alejaba del terror convencional. Esta película fue rodada en el pueblo de Ciruelos, en Toledo, a más de 250 kilómetros del mar, pese a estar ambientada en una isla. Chicho construyó el horror bajo un sol abrasador, sin sombras ni penumbras, desterrando los recursos visuales del género para instalar el terror en plena luz del día.

Era el segundo y último largometraje del cineasta Narciso Ibáñez Serrador, que primero había dirigido La residencia (1969) y que está basado en la novela El juego de los niños, escrita por Juan José Plans. Después de este filme, Serrador no volvería a dirigir para la gran pantalla, dejando su filmografía en tan solo dos títulos, los dos considerados obras maestras de su género.

La pregunta que plantea la película es si podrías matar a un niño para sobrevivir, y sigue siendo hoy tan incómoda y tan desprovista de respuesta sencilla como cuando Chicho la formuló por primera vez hace cincuenta años. Y con Anthony Hopkins en el papel de Tom, todo apunta a que esa incomodidad habría encontrado un vehículo todavía más perturbador.