Música

‘Clapton is God’: la historia del grafiti más icónico de la historia del rock

Eric Clapton, en 1970. Getty Images
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La visita de Eric Clapton a España, con una serie de conciertos muy esperados dentro de una gira europea en la que combina clásicos absolutos y revisiones más íntimas de su catálogo, vuelve a poner en primer plano la figura del mítico 'mano lenta', que ya tiene 81 años. Como era de esperar, las entradas para sus conciertos en Madrid y Barcelona volaron rápido. No en vano, han pasado más de dos décadas desde la última vez que actuó en nuestro país.

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Pero antes de los recintos llenos y de la leyenda institucionalizada, hubo un principio. Aquel Londres de mediados de los 60 donde el blues se filtraba por cada sótano y cada club, y donde la guitarra del joven Clapton empezaba a destacar con una intensidad difícil de explicar. Primero con The Yardbirds, después con John Mayall & The Bluesbreakers, el sonido espeso, cálido, casi táctil, que extraía de su instrumento empezaba a ser inconfundible.

Como un susurro

Fue en ese contexto donde apareció en las calles londinenses, casi como un susurro que se convirtió en grito, el mítico grafiti: 'Clapton is God'. Nadie puede señalar con total certeza quién lo escribió por primera ve ni cuándo. ¿Fue en 1965? ¿O en 1966? Se suele situar en una pared del metro, quizá en Islington, pintado sin pretensiones, como tantas otras frases efímeras.

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Con el tiempo el propio Clapton sugirió que la primera pintada pudo ser obra de Hamish Grimes, un promotor vinculado al entorno de The Yardbirds. Eso no está claro, y está bien que el origen sea así de impreciso, pero lo que es seguro es que alguien lo leyó y empezó a repetirse. En otras paredes, en conversaciones, en la memoria colectiva.

El primer 'guitar hero'

Aquel joven estaba cambiando la forma de entender el blues eléctrico. No era una cuestión de velocidad ni de exhibicionismo. Era otra cosa. Clapton tocaba como si cada nota tuviera peso emocional, como si estuviera diciendo algo que no se podía traducir en palabras. Sonaba feroz, preciso e intenso hasta el desborde. Entonces no existía el término, pero había nacido el primer 'guitar hero'. Después llegarían Jimi Hendrix, Jimmy Page, Jeff Beck, Ritchie Blackmore y Eddie Van Halen.

La frase del grafiti podía ser una boutade de esas de las que gusta de alimentarse el rock, pero lo cierto es que cuando Clapton dio el salto a Cream junto a Jack Bruce y Ginger Baker, esa percepción se amplificó. Cream convirtió el blues en algo expansivo, eléctrico, casi volcánico. Las improvisaciones se alargaban, el volumen subía, y Clapton quedaba en el centro de todo, moldeando el caos con una naturalidad desconcertante.

Para entonces, el 'Clapton is God' ya era una etiqueta que flotaba sobre toda la escena. Al menos hasta que apareció Hendrix desde el otro lado del charco para discutir si se trataba de una divinidad exclusiva. Al propio Clapton nunca le hizo gracia la frase. Con los años ha reconocido que le resultaba embarazosa, exagerada, incluso absurda. Pero también entendía de dónde venía. Era el reflejo de una época en la que el rock empezaba a vivirse con una intensidad casi religiosa, y en la que ciertos músicos eran elevados a un estatus que rozaba lo mítico.

Hoy, con décadas de carrera a sus espaldas y una leyenda escrita en piedra, resulta fácil ver aquella pintada como una curiosidad, pero en su momento fue la forma más directa que encontró una ciudad para decir que estaba presenciando algo extraordinario.