El concierto más influyente de la historia cumple 50 años y solo asistieron 40 personas
El recital de los Sex Pistols el 4 de junio de 1976 en el Lesser Free Trade Hall dejó una huella imborrable en la música británica de las siguientes dos décadas
Discos que fracasaron en su momento y terminaron cambiando la historia del rock
¿Cómo es posible que un bolo despachado en una sala minúscula de Manchester al que apenas asistió un puñado de espectadores -unas 40 personas según la leyenda más extendida- siga siendo citado medio siglo después como uno de los acontecimientos más influyentes de la historia de la música popular?
La paradoja es irresistible. Porque aquel 4 de junio de 1976 los Sex Pistols que aparecieron en el Lesser Free Trade Hall de la ciudad mancuniana eran prácticamente unos desconocidos fuera de Londres que ni siquiera habían publicado su primer álbum. Eran poco más que un rumor incómodo. Una banda ruidosa, insolente y aparentemente incapaz de tocar como se exigía en el rock de la época.
Mientras, Manchester atravesaba los años 70 con el mismo paisaje que muchas ciudades industriales británicas: fábricas, desempleo creciente y una sensación de estancamiento que contrastaba con la energía creativa que empezaba a agitar Londres. Era una ciudad esperando una sacudida.
Así que, sin sospecharlo, en ese auditorio secundario situado en la planta superior del Free Trade Hall se habían juntado los ingredientes necesarios para iniciar una revolución, porque pocas actuaciones han tenido semejante efecto dominó.
Sobre el escenario estaban Johnny Rotten, Steve Jones, Paul Cook y Glen Matlock. Todavía faltaba un año para que Sid Vicious entrara en la formación y se convirtiera en icono. Aquellos Pistols transmitían una idea muy sencilla, la de que no hacía falta ser un virtuoso para formar una banda. Bastaba con tener algo que decir y la determinación de decirlo.
Futuros protagonistas entre el público
Pero lo que convirtió aquel concierto en un acontecimiento histórico no fue lo que ocurrió sobre el escenario, sino lo que estaba pasando delante de él. Aunque ahora todo el mundo jure haber estado allí, lo cierto es que aquella noche se vendieron 28 entradas, si nos atenemos a los archivos municipales de la ciudad. Entre quienes sí asistieron de verdad había personas destinadas a transformar la música británica durante las siguientes dos décadas.
Por ejemplo, dos estudiantes de arte llamados Pete Shelley y Howard Devoto. De hecho, habían sido ellos quienes ayudaron a organizar el concierto y poco después formarían los Buzzcocks, una de las bandas esenciales del punk británico.
También asistió un joven llamado Bernard Sumner. Y a su lado se encontraba Peter Hook. Ambos salieron del recinto convencidos de que podían montar un grupo que acabaría llamándose Joy Division. Por allí también se encontraban Mark E. Smith, que terminaría creando The Fall y construyendo una de las carreras más singulares del rock británico, y Mick Hucknall, que años después fundaría Simply Red.
Muchos testimonios sitúan además allí a Morrissey, aunque la presencia del futuro líder de The Smiths sigue siendo objeto de debate entre historiadores y testigos. Estuviese o no 'Moz', la influencia de aquella noche acabaría alcanzando también a toda la escena independiente británica de finales de los 70 y principios de los 80. Películas como '24 Hour Party People' y 'Control' y libros como 'I Sweare I Was There' de David Nolan han contribuido a alimentar el mito.
Con el paso de los años, la historia se ha ido adornando. La versión popular sostiene que había tan poca gente que prácticamente todos los presentes acabaron formando una banda, creando un sello discográfico o impulsando algún proyecto cultural decisivo. Exagerado, seguramente. Pero no tanto como parece.
Más importante que Woodstock
Comparar el concierto del Lesser Free Trade Hall con festivales gigantescos como Woodstock parece una locura. Sin embargo, muchos historiadores de la música defienden que su influencia fue incluso mayor. Aquella noche actuó como una especie de chispa fundacional. Del público salieron bandas que alimentarían el punk, el post-punk, la new wave y, años después, buena parte de la identidad musical de Manchester.
Sin Joy Division no se entendería New Order. Y sin New Order sería difícil imaginar la evolución de la música electrónica de baile. Sin esa cadena de acontecimientos, el mapa sonoro de las décadas siguientes habría sido muy distinto.
Aquel concierto de los Sex Pistols fue la demostración perfecta de que la historia no siempre se escribe en los grandes escenarios. A veces nace en una sala modesta, frente a un puñado de personas que aún no saben que están formando parte de algo irrepetible.
