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Niñera española de día, espía rusa de noche: "La Mary Poppins de mi infancia participó en el asesinato de Trotsky"

Maria Luisa de las Heras con su tercer esposo Marco. (Foto: cedida)
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Imagina, por un momento, que los recuerdos que tienes de tu infancia no concuerdan con la verdad. Que las imágenes que tienes de aquella época en la que salías del colegio e ibas a merendar a casa de tu niñera escondían una realidad paralela que tú ni siquiera puedes aventurar. Imagina, por un momento, que esa señora que tú creías que era Mary Poppins y que te recibía con un vaso de leche a la salida del colegio, era en realidad una especie de James Bond.

“Me encanta esa comparación”, asegura Laura Ramos, periodista y escritora argentina que acaba de publicar ‘Mi niñera de la KGB’. Un libro de espías que cumple a la perfección con cualquier guión de Hollywood si no fuera por un pequeño detalle: la historia es real y Ramos la vivió en primera persona, porque se trataba de su propia infancia y de la niñera que les cuidaba a ella y a su hermano mientras su madre llegaba del trabajo.

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El libro narra la vida de María Luisa de las Heras, una modista de alta costura nacida en España y que se trasladó a Uruguay tras casarse con Felisberto Hernández, importante escritor del país sudamericano. Al menos, esa era la historia que contaba. La tapadera que escondía la verdadera identidad de esa niñera: África de las Heras Gavilán, hija de un militar español y que fue reclutada por la KGB como una de las espías más importantes de su historia.

Las presuntas acciones de una espía internacional

“Fue un shock”, recuerda Ramos sobre el momento en el que descubrió la verdadera identidad de Maria Luisa, la amiga de su madre y la mujer que la recogía de la Escuela Francia cuando se fue a vivir a Montevideo y cómo comenzó su investigación ‘gracias’ a una pregunta de su hermano. “¿Laura, te acordás de la modista?".

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Él fue a Montevideo en 2018 por trabajo y se encontró con un amigo historiador y fue quien le dijo que la modista que nos cuidaba de chicos era una espía de la KGB. Antes, cuando se publicó el libro de Sudoplatov, exdirector de la KGB, en el que se contaban muchas de las acciones que había ordenado, ya se hablaba de una espía española y la descripción coincidía con María Luisa. Pero no fue hasta ese momento en Montevideo cuando todos los cabos se ataron”.

A partir de ahí, la escritora comenzó a tirar de un hilo que la llevó de Montevideo a Ceuta y de los recuerdos de la infancia a los archivos de Cambridge, donde lo que encontró fue mucho más complejo que la historia de una agente soviética infiltrada en América Latina. También apareció una mujer capaz de protagonizar algunas de las operaciones más arriesgadas del siglo XX, como fue el asesinato de Leon Trosky.

“Primero fue un horror, porque mis padres eran trotskistas, muy trotskistas, y descubrí que ella había participado en el asesinato de Trotsky. Trotsky era como si fuera un padrino para mí, porque mi papá, cuando éramos chicos, nos contaba historias de él, de la huida, de la revolución rusa. Entonces era como que había asesinado a alguien de la familia. Y no me atrajo para nada, no quería escribir esta historia”, recuerda Ramos.

Primero fue un horror, porque mis padres eran trotskistas, muy trotskistas, y descubrí que ella había participado en el asesinato de Trotsky. Trotsky era como si fuera un padrino para mí

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Sin embargo, cuanto más investigaba más difícil le resultaba encerrar a María Luisa de las Heras en una única categoría. La mujer que aparecía vinculada a una de las operaciones más célebres de la inteligencia soviética era también una figura admirada por muchos de los que se cruzaron en su camino.

“Después me di cuenta de que estaba bien, había participado en todo esto, pero también había sido una heroína. Esta mujer joven, hermosísima, súper seductora, inteligentísima, que hablaba perfecto francés, se tiró en paracaídas sobre las tropas nazis en Ucrania. Es considerada una heroína en la Unión Soviética. Y también en la Guerra Civil hizo cruzar a muchos españoles que querían huir a Francia. Incluso se habría disfrazado de mujer de la limpieza en la sede de la Gestapo de París y habría descubierto las listas de españoles que iban a ejecutar los nazis. Entonces pensé que esta mujer era una heroína también”.

La investigación dio un giro definitivo cuando Ramos regresó a Montevideo y empezó a entrevistar a personas que habían formado parte del círculo íntimo tanto de su madre como de la espía. Un círculo común de amistad y secretismo. Allí aparecieron testimonios y documentos que apuntaban a otros dos asesinatos en los que presuntamente podría haber estado involucrada.

Alrededor del Che Guevara

El primero estaba relacionado con la muerte de Arbelio Ramírez durante una conferencia de Che Guevara en 1961. Durante décadas se asumió que el objetivo del atentado era el revolucionario argentino, pero una grabación de la escritora apuntaba en otra dirección. “Todos los medios atribuyeron que era evidentemente un intento de asesinato al Che Guevara. Todo cerraba perfectamente. No se pudo localizar al autor material y quedó irresuelto. Pero según la viuda, y hay pruebas, la autora ideológica fue María Luisa, porque su esposo se había querido salir de la organización”, explica.

El segundo hallazgo resultó todavía más perturbador porque conectaba directamente con los escenarios de su infancia. La protagonista era el tercer marido de María Luisa, un agente italiano de la KGB cuya muerte sigue rodeada de incógnitas.

“Ella llamó a una colaboradora para que fuera a ayudarla a hacer un trabajo pesado y trasladaron el cadáver del italiano, en la misma sala donde nos daba la leche. Cuando descubrí eso me quedé impresionada”. De hecho, ese episodio fue uno de los pocos momentos en los que la autora tuvo que detenerse durante la investigación. “Eso me heló la sangre, te juro. Pensar que en ese salón donde yo había estado sentada de niña había ocurrido algo así fue probablemente el momento más impactante de todos”.

Sin embargo, cuanto más se acercaba a la figura de la espía, más se alejaba de una visión simplista. Ramos insiste en que nunca quiso escribir una biografía condenatoria. “Yo no la juzgo como comunista ni como nada. Simplemente muestro los hechos. Así como muestro que era una heroína, muestro que hay posiciones que la señalan como una presunta asesina. Las personas son complejas y ella probablemente sea una de las personas más complejas que me he encontrado nunca”.

Una red de protección

Quizá el aspecto que más fascinó a la escritora fue comprobar cómo una mujer capaz de ocultar transmisores, códigos y misiones internacionales consiguió integrarse durante décadas en un grupo de amigos que parecía dispuesto a protegerla.

“Un investigador uruguayo que entrevistó a muchos de los amigos de mis padres tenía una teoría muy interesante. Él sentía que todos la estaban protegiendo. No porque supieran que trabajaba para la KGB, porque ella jamás mencionó la KGB. Pero sí porque intuían que había algo que no debía preguntarse. Como si todos hubieran decidido mirar para otro lado”. Incluso en el libro se habla de habitaciones vetadas e incluso armas, pero todo esto parecía invisible para quienes rodeaban a la espía. 

La propia Ramos sigue sorprendiéndose al recordar la reacción de algunas de las personas más cercanas a María Luisa cuando comenzaron a publicarse las revelaciones sobre su pasado. “Cuando mi hermano y yo empezamos a preguntar, muchos reaccionaban igual. Decían: ‘María Luisa, qué encantadora, cuánto la queríamos’. Y cuando les hablábamos de los documentos o de las confesiones de los antiguos dirigentes soviéticos respondían que eran infamias. Era como si siguieran protegiéndola muchos años después”.

Quizá ahí reside el gran triunfo de una de las espías más importantes del siglo XX. No en haber ocultado transmisores en una máquina de coser o en haber construido identidades falsas durante décadas. Sino en haber logrado que quienes la conocieron de verdad siguieran viendo únicamente a María Luisa, la modista amable que recogía niños a la salida del colegio, mucho después de que el mundo descubriera que también había sido África de las Heras, una de las agentes más valiosas de la KGB.