Literatura

Ángeles González-Sinde y su nueva novela: "Tras la pérdida de mi pareja, necesitaba que el mundo parara"

Foto de Ángeles fotografiada por Elena López de Lamadrid
La directora de cine y Ex Ministra habla con Uppers. (Foto: © Elena López de Lamadrid)
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Serenidad, calma y mucha reflexión. Eso es lo que transmite una conversación con la escritora y directora de cine Ángeles González-Sinde (Madrid, 1965). La escritora, guionista, directora y ex Ministra presenta ahora nueva novela, 'Una noche del 47' (Lumen). A partir de la historia de la llegada de una doctora, Nieves, a un pueblo de Teruel, la autora teje un relato a partir de las voces ce distintas mujeres y situado en distintas líneas temporales, en la que esta autora explora temáticas que siempre han tenido un peso importante en su obra, desde la memoria hasta la resiliencia.

Charlar con González-Sinde sobre el libro es el punto de partida para una conversación -siempre estimulante- que traspasa lo contado en la ficción para convertirse en un diálogo más íntimo, en el que aparecen reflejos en la propia realidad de lo que se narra en la novela.

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¿De dónde surge Una noche del 47?

Es una historia que ha vivido durante mucho tiempo en mi ordenador. La protagonista, que es médico inicialmente era una enfermera rural, porque tengo una tía que es enfermera y durante una etapa estuvo trabajando en la provincia de Burgos. Me contaba sus trayectorias y sus vicisitudes con el coche para visitar a los pacientes y eso se me quedó. A partir de ahí se mezcló con otros intereses que sobrevuelan toda mi obra: cómo nos reconstruimos las personas y las distintas maneras en las que, después de un golpe en la vida, conseguimos salir adelante.

También me interesan mucho los miedos que heredamos. A veces te pasas toda la vida luchando contra una obsesión, un miedo o una limitación que tienes como persona y luego descubres que viene de algún sitio, de algo que se ha ido transmitiendo de abuelos a padres, de padres a hijos y de hijos a nietos, sin que nadie sea muy consciente de ello.

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¿Qué hay de ti en los personajes de la novela?

Siempre hay mucho de uno mismo en los personajes. Mucho en la maestra. Es una mujer que ha perdido a su marido y que está con mucha rabia dentro. Está cabreada con la vida. También tiene dos hijos, que están en la universidad, pero no quiere cargarles con que estén pendientes de ella. Entonces no le cuenta a nadie si se siente sola o triste. 

¿Escribir esta novela ha sido también una forma de terapia?

Escribir siempre es una forma de terapia. Escribir te sirve para mirar tus cosas desde fuera y ordenarlas.

Gran parte de la novela la escribiste en plena pandemia, ¿cómo la viviste?

La pasé en casa con una de mis hijas. La otra estaba estudiando y viviendo en Londres y estuvo allí durante todo el confinamiento. La pandemia para mí fue un momento muy bueno porque tuve suerte y a nadie de mi familia le afectó. Sí tengo amigos que perdieron a sus padres, pero a mí ese recogimiento me vino muy bien. Justo había perdido a mi pareja el año anterior (el editor Claudio López Lamadrid) y entonces necesitaba quizá eso: que el mundo se separara. No lo había pensado, pero seguramente ayudó a poder ponerme en el tempo de los personajes de la novela.

La escritora Ángeles González-Sinde, junto a su nuevo libro, 'Una nooche del 47'

El hecho de ser madre de dos hijas jóvenes, ¿Te hace empatizar de manera especial con las nuevas generaciones?

Claro. El día a día es estar con tus hijos y con la generación de mis hijas y problemas como el acceso a la vivienda o la estabilidad laboral. Tengo una idea muy positiva de los jóvenes de hoy. La verdad es que creo que la gente no es como muchas veces nos la retratan. El otro día salían unas cifras estadísticas y lo del 'ni-ni' no es una realidad. Mi hija pequeña ha estado estudiando y trabajando al mismo tiempo, cosa que antes no era tan común. También veo que son conscientes de lo que significa el mundo digital, pero desde una perspectiva crítica. Eso ha ido cambiando con los años. Al principio era todo deslumbramiento y ahora hay una mirada más crítica.

¿Qué otros problemas actuales te preocupan?

La dispersión actual. Creo que la vida necesita reposo para poder aprender de verdad y consolidar la experiencia. El estímulo es constante y creo que eso no es bueno. Luego está la comparación: constantemente tienes que compararte con otros, con lo que otros consiguen. Y también la mediatización, eso que hablábamos antes: tu vida es una vida retransmitida y estás sometido también a la retransmisión de la vida de los demás. Esa artificiosidad hace también que todos seamos reemplazables y eso me parece que no es bueno.

La novela está muy relacionada con la escucha y con la transmisión oral. ¿Crees que ahora escuchamos menos a nuestros mayores?

La historia está situada en 1992, aunque los relatos después viajan hasta 1947. Son momentos en los que nuestra experiencia con la realidad aún no estaba mediada por las pantallas. No vivíamos constantemente con una representación de nosotros mismos que damos al mundo. Ahora todos nos hemos convertido un poco en pequeños actores, pequeños presentadores del telediario, pequeños cronistas de nuestra propia vida... Eso ha quitado tiempo y espacio para la transmisión oral y para la conversación. Las largas conversaciones que aparecen en la novela son propias de otro tiempo y de otro tipo de vida, en el que no había tantas interrupciones.

¿La conversación puede ser también una forma de acompañar?

Sí. Los cuatro personajes —la niña, la doctora, la maestra y la abuela— están solos a su manera. Viven en familia, viven en comunidad, no están aislados socialmente ni marginados, pero tienen una soledad interior.

La niña vive con cosas que la angustian, la avergüenzan y la hacen sentirse alejada de sus compañeros. Es la maestra quien tiene la paciencia y la doctora quien tiene la paciencia de sentarse con ella por las tardes a dibujar.

Al final, también es una compañía para la doctora, que está sola porque su novio, con el que se iba a casar, ha sido incapaz de aguantar la vida en el pueblo. Se le quedaba todo corto y pequeño y la ha dejado plantada.

Después de haber sido ministra de Cultura, ¿sientes que todavía pesa esa etiqueta?

Eso pesa siempre. Aunque luego tú fueras directora y guionista, no fueron ni tres años y ya parece que marca toda tu identidad y tu carrera. Pero supongo que es natural porque es un puesto o un desempeño profesional que muy pocas personas tienen. Al final es una minoría y llama mucho la atención. También tiene que ver con que todo esté tan politizado hoy en día. En realidad, yo he sido guionista antes y he sido guionista después de ser ministra.