El Consorcio y su gira homenaje a Amaya: "La gente no quiere canciones nuevas. Va a cantar lo que sabe"
La retirada de Amaya Uranga pone fin a más de medio siglo sobre los escenarios, pero el grupo continúa con Allende Blanco, hija de Sergio y Estíbaliz
‘El Consorcio’ reaviva los grandes éxitos de otras épocas
En febrero de 2026, Amaya Uranga salió al escenario del Palacio Euskalduna de Bilbao con El Consorcio. Tenía 78 años y llevaba más de medio siglo cantando algunas de las canciones más reconocibles de la música popular española. Su salud ya había empezado a ponerle las cosas difíciles y en ocasiones no había podido participar en los conciertos. Aquella noche de Bilbao sí estuvo. Cantó con Estíbaliz e Iñaki Uranga y Carlos Zubiaga y, cuando terminó, el público se puso en pie. Fue su último concierto. La grabación se publicará ahora con un título que no necesita demasiadas explicaciones: Querida Amaya.
El Consorcio emprende además su primera gira sin la mujer cuya voz quedó unida primero a Mocedades y después a esta segunda formación. En su lugar, incorpora a Allende Blanco Uranga, hija de Sergio Blanco y Estíbaliz Uranga y sobrina de Amaya e Iñaki. La historia familiar continúa, aunque ellos insisten en que nadie viene a sustituir una voz que consideran insustituible.
«Pero ya no solo por su aspecto técnico», dice Iñaki Uranga. «Una voz y una manera de cantar irrepetible. Nada más... y nada menos». Carlos Zubiaga busca una explicación todavía más sencilla: «Ese es el conjunto que es importante: la voz que tenía y cómo cantaba. Te llegaba al alma». Estíbaliz asiente: «Te llegaba al alma. Y cualquier cosita que se ponía a cantar... No es comparable con nadie. Es ella, ella».
Amaya comenzó junto a sus hermanas Izaskun y Estíbaliz; después llegaron hermanos y amigos, Voces y Guitarras y, finalmente, Mocedades. Por el grupo pasarían con los años más de treinta personas, aunque quedó para la historia el sexteto de Amaya, Izaskun y Roberto Uranga, Javier Garay, José Ipiña y Carlos Zubiaga que representó a España en Eurovisión en 1973. Cincuenta y tres años después, Carlos está sentado junto a dos hermanos Uranga y una hija de Sergio Blanco y Estíbaliz. Las piezas se han movido; los apellidos, bastante menos.
Sergio y Estíbaliz
Estíbaliz y Sergio habían abandonado Mocedades antes de Eurovisión y emprendieron su propia carrera como Sergio y Estíbaliz. Amaya permaneció como voz principal hasta los años ochenta, cuando dejó el grupo para comenzar una trayectoria en solitario. Iñaki entraría posteriormente en Mocedades. Y en 1993 Amaya, Estíbaliz, Sergio, Iñaki y Carlos Zubiaga volvieron a encontrarse en El Consorcio, concebido inicialmente alrededor de un proyecto de recuperación de canciones de la memoria musical española.
Mocedades continuó sin ellos y todavía conocería una escisión más. En mayo de 2014, Izaskun Uranga y Javier Garay, ambos miembros de los seis históricos, rompieron después de discrepar, entre otras cuestiones, sobre la reincorporación de antiguos integrantes.
Las dos hermanas
Desde entonces existen dos formaciones que utilizan legalmente el nombre Mocedades: una encabezada por Izaskun y otra por Garay. Izaskun, sin embargo, no es una antigua compañera cualquiera. Es hermana de Amaya, Estíbaliz e Iñaki. Por eso pregunto directamente si les habría gustado que participara también ella en este homenaje a su hermana.
«No», responde Estíbaliz, tan secamente que me parece que le ha molestado la pregunta. «No», insiste diez segundos de silencio después. Se explica: «Es que la perspectiva de lo que vamos a hacer ahora no es una perspectiva familiar. Es la perspectiva de El Consorcio, de treinta y pico años como Consorcio cantando con Amaya. Estíbaliz, Iñaki, Carlos... No tiene nada que ver con la familia».
No sería prudente convertir esos dos noes en la prueba de una mala relación entre las hermanas. Las reuniones familiares siguen existiendo, aunque «cada vez menos, porque somos más mayores y cada uno tiene su vida. Los elementos que aunaban a todos nosotros, que son los mayores, ya no están. Porque mientras están los mayores, pues lo típico: “Ahí vamos a pasar las Navidades con estos, vamos a pasar las Navidades...”. Pero ya cuando faltan los mayores nos arreglamos de otra manera», dice Estíbaliz. Amaya, añade, «puede pasar las Navidades con Macarena y con Izaskun, pero es otra historia ya, no tenemos la misma dinámica».
Estíbaliz vuelve entonces al terreno profesional: «Llegará el día en que la familia haga el homenaje o nosotros en petit comité lo hagamos, pero esto es el homenaje de El Consorcio a Amaya. Querida Amaya, que es querida para nosotros y querida para todo el público».
La hija de Sergio y Estíbaliz coge el micrófono
Por mucho que quieran separar familia y trabajo, la persona que se incorpora a El Consorcio lleva los apellidos Blanco Uranga. Allende es hija de Sergio y Estíbaliz, y se ha criado con aquellas voces bastante antes de acabar formando parte de ellas. Actriz y cantante, ha desarrollado buena parte de su carrera en el teatro musical y su incorporación comenzó de manera provisional, cubriendo las ausencias de Amaya cuando su salud le impedía actuar. «Yo lo he vivido de una manera muy natural, porque empezó como una cosa provisional y al final se ha ido dando así», explica sobre su entrada en el grupo.
Su padre no ha podido verlo. Sergio Blanco murió en 2015 y El Consorcio llegó entonces a plantearse desaparecer. Hicieron una gira de despedida, pero ocurrió una de esas cosas que en la industria musical no resuelve ningún plan estratégico: el público siguió acudiendo. «Para mí no ha perdido nada», responde Carlos cuando pregunto si después de tantos años se mantiene la ilusión por actuar. «Al contrario. Si es que ha hecho alguna cosa, es ganar. Ganar por la emoción y por el cariño de la gente, que ha ido creciendo y que en este momento, pues no sé, nos adora. Nuestras canciones se las sabe todas, las canta. El mismo concierto hace cuarenta años, bueno, pues era otra cosa. Pero ahora es la emoción que se escapa por ahí».
El cuerpo también tiene algo que decir al respecto. «Desde el primer momento de la primera canción se te quitan los dolores de espalda, se te quitan los de piernas y rejuveneces diez años. Y luego al final estás cansado, claro. Pero no, es especial, especial», añade. En México contemplaron la versión extrema del fenómeno: «Actuamos ante 40.000 personas en el Zócalo, y vino una familia: la bisabuela, la abuela, los padres... Y además nos contaron que habían alquilado las sillas de ruedas para poder ir al concierto. Una anécdota muy bonita».
El Consorcio lleva tiempo sin publicar un álbum convencional de repertorio nuevo. No han cerrado la puerta. «Nunca se aparcan esas cosas, porque todo depende de si encuentras un proyecto que te apetezca. Lo que pasa es que hoy en día un proyecto como los que nosotros hacíamos es muy costoso», dice Estíbaliz. Incluso han pensado en un disco de duetos: «Lo normal sería hacer duetos que también estaba pensado. Lo que pasa es que luego el problema de los duetos es que tú haces un dueto con alguien y luego, para conseguir que esa persona pueda cantar contigo en el concierto, pues es complicado. Pero bueno, siempre está abierta la posibilidad de hacer cosas».
Otra cuestión es si alguien quiere escucharlas. «La gente no quiere oír canciones nuevas. Va a cantar lo que sabe», tercia Carlos. No significa que no puedan hacerlas: «Habría que hacerlas, pero con mucho cuidado. Tienen que ser súper canciones para que puedan con las otras».
Consideran, además, que una canción dispone hoy de mucho menos tiempo para instalarse en la vida de quien la escucha. «La difusión de una canción que se haga ahora, por muy buena que sea, no va a tener la difusión que han tenido las anteriores. Eso es imposible. Porque hoy en día todo es... Tú haces una canción maravillosa, está un cuarto y mitad y ya viene otra, y otra, y otra, y otra. La dinámica que hoy en día hay en la música es lo peor para que algo sea un éxito». Parten con una ventaja considerable: «De las veinte y tantas canciones que hacemos, el 95 % la gente las canta. Eso no pasa hoy en día».
Cuando las canciones eran «bonitas»
Si algo a caracterizado a Mocedades/El Consorcio son sus canciones, bonitas casi todas: melodías que se pegan y letras que cuentan cosas. Da la sensación de que, actualmente, la música avanza por otros derroteros. «En nuestro caso se dieron las circunstancias de una forma determinada, musical, una época, una época en que las familias eran de otra manera, se comportaban y vivían, había más hijos, había otra complicidad entre los miembros de la familia, es que es completamente diferente», dice Estíbaliz.
Aquellas sagas tuvieron incluso consecuencias musicales. «Ahora las familias son un hijo, un hijo y medio», broma. «No, pero quiero decir que la dinámica de las familias antes era... te metías tú en el coche y a cantar todo el mundo, es que era otra dinámica. Tenemos la suerte de haber pertenecido a una época en la que hicimos música muy buena, si no, no habría perdurado. Muy buena y que le tocaba el corazoncito a la gente, porque estabas cantando cosas que le pasaban a la gente».
En el caso de Mocedades, buena parte de aquellas canciones pasó por Juan Carlos Calderón. Pianista de formación jazzística, compositor, arreglista y productor, Calderón fue determinante en la construcción del sonido del grupo y firmó canciones como "Eres tú", "Tómame o déjame" o "Secretaria". Pero reducir aquel repertorio a canciones de amor y desamor sería quedarse con la fotografía más cómoda. "Secretaria", por ejemplo, cuenta una historia que, escuchada medio siglo después, retrata también el mundo laboral y sentimental de otra época: una mujer enamorada de su jefe permanece discretamente a su lado mientras conoce sus aventuras, gestiona sus citas y se ocupa hasta de las flores y las tarjetas de otras mujeres.
¿Alguna vez les han reprochado la imagen de aquella mujer subordinada sentimental y profesionalmente a un hombre que ni siquiera sabe que está enamorada de él? «Siempre hay quien saca las cosas de su sitio», responde Iñaki. Su lectura es otra: Calderón retrataba situaciones que existían entonces. «Es una realidad que vivieron muchas mujeres». La distancia entre aquel mundo y este aparece también cuando hablamos del romanticismo. «Ahora va más de sexualizar que de romantizar», dicen. «Ahora hay como que no hay que romantizar porque es otra forma de sentir. Ha cambiado mucho la sociedad, mucho».
Sin embargo, el hecho de que mucha gente continúe asistiendo a sus conciertos parece indicar que se identifican con ese romanticismo. «Cuando propones un concierto a nosotros, la gente sabe qué es lo que va a escuchar y le apetece. Perduramos porque la gente quiere. Si nosotros propusiéramos conciertos y la gente no acudiera, nos quedaríamos en nuestra casa. Sea por el romanticismo o por las emociones que sintieron con determinadas canciones, porque todos te salen diciendo: “Ay, esta canción me la ponía...”, “esta canción a mi padre le gustaba no sé qué”, “mi madre mientras planchaba cantaba esto...”. O sea, todo es familiar».
Entre las canciones de Calderón existe otra que se aleja todavía más del repertorio romántico. "Sólo era un niño", incluida en Mocedades 8 en 1977, es una canción, si no protesta, sí con una fuerte carga social, narrada entre redobles de timbales y campanas de orquesta: relata la muerte de un joven que sale al entierro de un compañero y vuelve malherido a casa. Ellos recuerdan el contexto, pero no el episodio preciso que inspiró a Calderón. «Las épocas de las manifestaciones, ¿no? Nunca lo hemos tenido claro, ni nos dijo Calderón: “Esto es por esto y por esto”». El caso es que si se hubiera estrenado en el convulso 2026, no habría variado mucho su significado.
La canción que perdió Eurovisión y conquistó medio mundo
Y entre todas ellas aquellas tonadas inolvidables está "Eres tú". Mocedades la interpretó en Luxemburgo en 1973; Juan Carlos Calderón había compuesto la canción y dirigió la orquesta. España terminó segunda, cuatro puntos por detrás de la luxemburguesa Anne-Marie David. Lo que sucedió después fue bastante más extraño que ganar Eurovisión: "Eres tú" consiguió penetrar en el mercado estadounidense cantada en español —alcanzó el número 9 del Billboard Hot 100—y se convirtió en un fenómeno internacional. «Pasa a México, donde también se convierte en un superéxito, y vuelve a España otra vez, y entonces es cuando verdaderamente pega aquí», recuerda Carlos.
Aquel Eurovisión de las canciones bonitas poco se parece al de hoy. «Yo directamente no lo veo, no me interesa nada, porque es un espectáculo de televisión», dice Estíbaliz, quien actuó en el certamen en 1975 con su marido Sergio y la canción “Tú volverás”, también de Calderón (décimo puesto). «Es otra historia. Es un fragmento de la canción. De la canción, porque da igual quién cante, pero lo sacan un ratito y luego empiezan a hacer cosas raras con las luces. Importa un carajo el que está cantando. Es el efecto que yo veo a muchos conciertos de ahora, que hay tanto efecto, tanto no sé qué con las luces... No sabes ni si está interpretando bien, ni si tiene... Es otra cosa. Tenemos que estar agradecidos al tipo de música que nos tocó cantar».
Después de semejante recorrido resulta casi inevitable pronunciar la palabra nostalgia. «Tiene un toque que no sé si me gusta. Porque nostalgia no significa vivir en el pasado o estar obsesionado con el pasado», dice Iñaki. «De vez en cuando entramos todos en la nostalgia, pero luego hay que seguir». Estíbaliz toma la palabra: «Yo, si me quejara de la vida, sería injusta. Porque he tenido una vida muy, muy satisfactoria». Pero el presente es lo que existe, y la gente sigue yendo a sus conciertos; para recordar canciones bonitas de otros tiempos y recordar a Amaya.
