Economía y dinero

Estefanía Molina, sobre el falso mito de la guerra entre generaciones: “Los boomers son el motor de la paz social”

Estefanía Molina, autora de 'Los hijos de los boomers'. Grupo Planeta
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Hay un momento en la conversación con Estefanía Molina en el que la palabra guerra aparece y se desmonta al mismo tiempo. Guerra generacional. La etiqueta que más se repite cuando se habla de jóvenes precarios y mayores protegidos. La autora de 'Los hijos de los boomers' la considera un espejismo interesado. No solo no existe, dice, sino que es el argumento perfecto para no mirar el problema de fondo: el deterioro del contrato social entre generaciones.

“Esto no es un tranquilos que no es culpa vuestra para boomers ni un vamos a hablar porque esto no puede seguir así”, explica. “Es un sentémonos. Y mientras algunos se dedican a estigmatizar y a decir que quienes tenemos estos discursos queremos una guerra generacional, yo digo que eso es falso y reivindico un entendimiento generacional”, explica.

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La tesis de Molina cuestiona el reparto real de recursos en España sin cargar contra los mayores. Describe un sistema político que ha premiado durante décadas a la generación del baby boom —pensiones blindadas, políticas diseñadas en torno a su peso electoral— mientras ha dejado cronificarse los problemas de los jóvenes, sobre todo vivienda y salarios. Pero su advertencia va en otra dirección: ignorar el deterioro de las condiciones de los hijos puede acabar perjudicando a los padres.

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“Hoy parece que cuando reivindicas condiciones dignas para los jóvenes hay quien cree que estás diciendo que hay que quitar recursos a nuestros mayores. Y no”, insiste. “Si el estado del bienestar deja de proveer bienestar para los jóvenes, a la larga puede perjudicar a nuestros mayores. Porque estás criando una generación desconectada del contrato social”.

Los boomers como parche y como tapón

En ese contexto, introduce una imagen potente: los boomers como “parche y tapón” de un sistema bipartidista con el que forma un binomio inseparable. “Tapón porque, mientras se monta todo este esquema, no se mira a largo plazo las reformas que hay que hacer a futuro en este país, para que las generaciones que vengan tengan unos ciclos de crecimiento y de bienestar parecidos a los que pudo haber, por ejemplo, en los años 80. No están haciendo nada porque tienen este sistema montado”.

Pero también parche. Porque esos ‘boomers’, padres de las nuevas generaciones, están sosteniendo lo que el estado del bienestar ya no cubre. “La política puede permitirse gastar la mayor parte de recursos en la generación del baby boom sin pensar a futuro porque todavía estos padres pueden rescatar a sus hijos con sus pensiones”. Facturas, alquileres, entradas de pisos: la transferencia privada intergeneracional que mantiene la paz social española.

El estado del bienestar no es sanidad, educación y padres. Y, al final , se les ha convertido en eso

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Aquí Molina se muestra tajante: “Me indigna que se diga que esto es una guerra generacional, porque al final los padres son uno de los pilares del estado del bienestar. Pero el estado del bienestar no es sanidad, educación y padres. Y, al final , se les ha convertido en eso”.

“Este país necesita reformas ambiciosas: en productividad, en educación, en sectores punteros. El problema es económico y luego de reparto de recursos”, afirma la politóloga y periodista catalana, que pone el dedo en la llaga. O mejor dicho, en cómo la política gestiona síntomas. “Hoy el salario mínimo y el medio cada vez son más parecidos. Eso indica que la clase media está deslizada a la baja”. De ahí otra de sus ideas: la normalización del declive. “Tenemos una mentalidad de normalización del hundimiento de la clase media”. El resultado es que el ascensor social se ha atascado y la familia vuelve a ser el motor de movilidad. “La desigualdad viene porque le han endilgado a las familias cambiar la situación de sus hijos”.

El impacto no es solo económico, sino político. “Antes esforzarse tenía recompensa. Aspirabas a tu piso, a tu vida correcta. Eso inducía a pulsiones políticas moderadas. Hoy muchos jóvenes no sienten que el sistema sea legítimo”. Y de ahí las posturas políticas de estas generaciones, que cada vez giran más a la derecha como una forma de expresar su indignación con un sistema caduco. “Los jóvenes son la clase media del mañana y los estamos criando en valores de antisistema y rechazo al bienestar. Va a costar revertirlos”.

En ese marco aparece su afirmación más citada: "Los boomers son el motor de la paz social hoy en este país respecto a sus hijos, para que no estén protestando por las calles o en la miseria. Los padres garantizan ese clima porque pueden seguir pagando por sus hijos".

Un paradigma que se ha roto

Los “hijos de los boomers”, entonces, no son solo jóvenes: son las generaciones que sienten que el paradigma de progreso gracias al esfuerzo y al bienestar se ha roto. “Quieren lo que tuvieron sus padres y ven que no les llega”, resume. Reconoce que hoy hay más derechos y oportunidades que en los 80, pero insiste en el núcleo material: la capacidad de proyecto. “El paradigma de que podías progresar gracias a tu salario ha reventado”.

Por eso cuestiona también el relato de la gran herencia inmobiliaria que supuestamente equilibrará la balanza. “Van a heredar más expectativas imposibles que patrimonio. El sistema vive complaciente diciendo que heredarán la vivienda. Pero no es verdad”. La mayor esperanza de vida y el coste de los cuidados pueden consumir ese patrimonio y advierte sobre ello. “Mucha gente necesitará su pensión o su propiedad para costearse cuidados. Cuidado con eso”.

Dicen que hay una guerra generacional para legitimar un sistema que da votos y paz social

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¿Soluciones? La primera, semántica pero decisiva: desmontar el estigma. “Enterrar la idea de que esto es una guerra generacional. Dicen eso para que no te quejes y legitimar un sistema que da votos y paz social porque los padres solucionan lo que no soluciona el estado del bienestar”. La segunda, política: escuchar la impugnación. “El sistema debe escuchar por qué hay gente que lo impugna”. Y la tercera, estructural: crecimiento real y reformas profundas. “Cuando la generación del baby boom ya no esté, lo que sube es terrible. Ellos ahora mismo están parcheando todo”.

Molina no acusa a los boomers; los sitúa como última defensa de un modelo que ya no se reproduce. Su advertencia final es menos generacional que sistémica: “La cuestión generacional es el antídoto. Abordarla y cerrarla es lo que puede salvar el estado del bienestar”. Porque, en su lectura, no hay padres contra hijos: hay un mismo contrato social que necesita una actualización.