Autónomos

Israel Ferrer monta una empresa de ropa reciclada a los 52: “Esto es tan duro que si no lo amas de verdad no lo soportas”

israel 1
Israel junto a los materiales de donde saca los tejidos para sus prendas.. Cedidas
Compartir

Israel Ferrer llegó a las procelosas aguas del emprendimiento empujado por los vientos del kite surf. La luz se le encendió a orillas del mar, viendo cómo los vistosos colores de las cometas pintaban los cielos. También se fijó en el mucho material que se tiraba cuando cualquier rasgadura o desperfecto hacía inservibles las cometas. Sastre de profesión y vocación, se preguntaba si se podrían confeccionar prendas de ropa reciclando tanta vela desahuciada.   

¿Ahí comenzó todo?

Sí, yo estaba en un momento de parón laboral, buscando caminos, me gustan mucho los deportes acuáticos en el mar y vi una oportunidad de juntar vocación con profesión. Busqué algunos materiales, me hice una chaqueta para mí, algo para mis hijos y a la gente les gustó. Entonces me dije: “¿por qué no? 

PUEDE INTERESARTE

¿A veces vienen bien estos parones verdad?

Sí. Ese tiempo me sirvió para pararme y pensar qué quería hacer y dónde quería llegar. Muchas veces el trabajo, el día a día, te atropella y no te permite esos espacios de reflexión.

¿Qué fue lo primero?

Probar que el material reciclado con el que quería hacer las prendas fuera adecuado. El confirmar que lo que quería hacer era realmente útil. Eso me llevó mucho tiempo. Luego vi que gustaba, que había interés, y me lancé a la aventura.

PUEDE INTERESARTE

¿Cuánto apuestas en el envite?

Hemos invertido en esto todos nuestros ahorros, y hemos pedido financiación a la banca que avalamos con nuestro patrimonio.

O sea, que es un todo o nada

Sí, totalmente. Estoy poniendo toda la carne en el asador, porque si esto no sale bien, no voy a hacer más aventuras. Habrá un parón, y probablemente será definitivo. Que sea lo que Dios quiera. A mi edad, desde luego, lo que no quiero ya es ir dando tumbos. Por eso decidí apostarlo todo. Quiero consolidarlo, trabajar en esto hasta la jubilación y, después, cedérselo a uno de mis hijos o venderlo.

En ese proceso, ¿las administraciones te están ayudando o no?

Bueno, en mi ciudad, Elche, tengo que reconocer que sí, y mucho. Nos dieron dos premios del Ayuntamiento. La Universidad Miguel Hernández también me acogió en su programa de mentoring y recibimos tres o cuatro premios más de distintos organismos. En ese sentido, sí estoy contento. Lo que echamos en falta es más ayuda económica porque todos son reconocimientos, premios y apoyo, pero al final lo que cuesta es el bolsillo. Para empujar un proyecto innovador hace falta capital.

Israel 2

Y toda esta ayuda que me dices —mentoring, contactos y demás—, ¿realmente ayuda o se queda en poca cosa?

Sí que ayuda, pero también veo que está sobrevalorado. A los emprendedores nos generan unas expectativas con el mentoring como si fuera la panacea, y no es así. Te orientan, pero tú tienes que currar muchísimo. Te enseñan, pero tú tienes que poner el dinero y pelearlo todo. Para mí, una buena ayuda sería un mentoring acompañado de los medios necesarios para aplicar lo aprendido. Si me enseñan a hacer un branding o una campaña de marketing, pero luego no me dan recursos para ejecutarlo, se queda corto.

Es decir, necesitas algo más que orientación

Claro. Si una campaña de marketing me cuesta 6.000 euros y un branding 3.500, no basta con decirme que eso es lo que necesito. Lo ideal sería que hubiera una ayuda real para hacerlo. Eso sí sería un programa completo. Muchas veces se habla mucho de sostenibilidad, reciclaje, economía circular… y te dicen que te van a llover las ayudas. Pero yo llevo dos años y medio dejándome la piel y nadie me ha dicho: “toma 50.000 euros para levantar tu proyecto o para irte a ferias internacionales”.

O sea, que las ayudas son relativas, pero al final la formación como emprendedor, o lo que has podido aprender sobre la marcha, sí te ha servido

Sí, claro que me han enseñado mucho, me han abierto puertas, me han presentado contactos y me han orientado sobre premios y oportunidades. Pero, sinceramente, bajo mi punto de vista, si haces un mentoring para veinte personas y cobras por cada una, quizá sería mejor hacerlo para diez y destinar esa diferencia al apoyo económico. Porque de nada vale un mentoring, si no tienes medios. Esa es mi experiencia.

¿Qué ha sido lo más difícil hasta ahora en este proceso emprendedor?

Lo más difícil es aguantar el tiempo necesario para consolidarte en el mercado. Está la famosa curva que llaman el “valle de la muerte”, y eso es precisamente lo duro: quedarte corto, tener que ir al banco, pedir más tiempo o más financiación y resistir mientras demuestras que el proyecto puede funcionar. Hace falta tiempo para que la gente te conozca, para estar en ferias, para que el mercado te identifique. Y ese tiempo hay que soportarlo.

israel 3

Llevas casi tres años. ¿Te queda mucho de ese valle de la muerte?

Ahora mismo estamos intentando que entre un colaborador inversor. El proyecto está montado, está funcionando y se está facturando. La inversión que pedimos es por dos motivos: primero, porque cuando el volumen crece, una sola persona no puede con todo; y segundo, porque mi capacidad financiera ha llegado a un tope. Si quiero seguir creciendo, necesito apoyo. Si me estanco, el proyecto deja de ser interesante para mí, porque yo quiero crecer. Soy realista y sé que, sin ayuda, es muy complicado.

Entonces estáis buscando un socio

Sí, un socio colaborador al que le apetezca participar en algo diferente, algo grande. Y que no sea necesariamente inteligencia artificial o pura tecnología, que parece que es lo único que interesa hoy en día. Se olvidan de la industria, de lo que este sector ha sido siempre para nuestro país. Buscamos a alguien con esa mentalidad, que vea que esto se puede hacer bien y en grande.

Hay momentos durísimos para todos los emprendedores. ¿A qué te agarras cuando falla el ánimo?

A mi casa, a mi familia. Mi mujer y mis hijos también forman parte de esta pelea, porque ellos también sufren el emprendimiento: trabajas mucho, viajas, sales, trabajas un domingo, un sábado o de noche. Cuando vienen esos momentos duros, mi apoyo principal es mi pareja, que está aquí conmigo al pie del cañón. Mi familia es lo que me levanta el ánimo.

¿Qué crees que es lo más importante a la hora de poner en marcha un negocio?

Saber de lo que estás hablando. Para mí eso es fundamental. Si montas un negocio, no te digo que tengas que ser el mejor, pero sí de los mejores en lo tuyo, o al menos tener un conocimiento alto de lo que haces. Para mí, el conocimiento es el 98%. Y, sobre todo, la actitud: decir “aquí me voy a dejar la piel”. Si vas a medio gas, mejor quédate donde estás.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo actual?

Crear. Me gusta crear, inventar, diseñar. No me gusta vender ni la parte comercial; no me gustan los clientes en ese sentido. Yo soy creativo, desarrollador de producto, diseñador, inventor, creador… llámalo como quieras. A mí me das unas tijeras y un trozo de cualquier material y te hago lo que sea. Lo que más me gusta es que me dejen libertad para inventar, seguir creando y seguir diseñando.

Has puesto esto en marcha tú solo, sin rodearte de socios desde el principio. ¿Eso es más complicado o más fácil?

Tiene una parte positiva y una negativa. La positiva es que tú marcas el camino como quieres y llevas las riendas. La negativa es que llega un momento en que una persona sola, si no viene de una familia fuerte o no tiene una base económica importante, no puede más. Vemos empresas que en seis meses facturan muchísimo, pero luego investigas y ves que vienen de familias con recursos o de fondos. Esa es la parte dura: que una sola persona tenga libertad para hacer una gran campaña o crecer rápido es muy difícil, porque no tiene fondos y mide cada euro con lupa.

¿Y con socios?

Con socios también hay una parte complicada: ya no decides tú solo. Si entran y quieren opinar o imponer objetivos muy agresivos —facturar medio millón en dos años, por ejemplo—, la presión cambia completamente. Sobre todo con los fondos de inversión. Yo he hablado con varios y entran como un bulldozer. Quieren que en dos años el retorno sea por cuatro o por seis, y si puede ser por diez, mejor. Si además no te dan todas las herramientas para lograrlo, te ponen una losa encima.

Me dices que no hay horarios, que trabajas sábados, tardes, noches… ¿compensa meterse en este fregado?

Hay dudas. Hay momentos de vacío en los que piensas que sí, y otros en los que te preguntas qué estás haciendo. Piensas en lo bien que vivías hace cuatro años, sentado con tus hijos, tranquilo. Por eso digo que tienes que amar lo que haces. Cuando me invitan a una ponencia o a hablar en algún sitio, siempre digo: si no amas lo que haces, mejor quédate en tu oficina, con tu sueldo y tu nómina, y no te muevas. Porque esto es tan duro que, si no lo amas de verdad, no lo soportas.

Si te ofrecieran trabajar como asalariado con buen sueldo y buenas condiciones, ¿lo aceptarías?

Ahora mismo no. No he estado tres años luchando para eso. Lo que sí haría sería valorar la entrada de alguien en el proyecto que inyecte capital y me ayude a llegar a mi objetivo. En ese caso podría estudiar ciertas condiciones, incluso una nómina o una rendición de cuentas más estructurada, pero sin abandonar el proyecto. El día que abandone mi proyecto tendría que ser por una oferta realmente extraordinaria para volver a trabajar por cuenta ajena.