Vanesa Lorences o cómo crear tu propia empresa de ungüentos naturales a los 51: “Hay que atreverse y no pensarlo demasiado”

“Antes de lanzarse es importante hacer un plan de empresa con alguien ajeno que te diga las verdades que no quieres oír”
“No quería quedarme con la espina de no haberlo intentado”
Bello es una preciosa aldea de la montaña asturiana donde viven 10 personas. Tiene sus hórreos de piedra, sus antiguas casas de galería, su palacio indiano en ruinas y, desde hace unos meses, un laboratorio de cosmética natural donde Vanesa Lorences prepara los ungüentos que vende al resto del mundo.
Vanesa tiene la montaña dentro, sus abuelos, Mario y Gloria, eran vaqueiros de alzada, aquellos pastores trashumantes que hasta no hace mucho pasaban la vida con la casa a cuestas, de mudanza, en mudanza: en primavera a las alturas de las brañas, en otoño a los llanos del valle. Desde pequeña aprendió de ellos los secretos que esconde la naturaleza, las plantas que curan, las que dañan, las mezclas más eficaces para suavizar descamaciones en la piel o para eliminar los hongos de los pies. Ahora Vanesa, a sus 51 años, está intentando cumplir sus sueños, vivir en su tierra, y transmitir a las nuevas generaciones la sabiduría natural de sus antepasados. Por eso ha creado La Vaqueira, una empresa de productos naturales de cosmética y salud que han demostrado su eficacia generación tras generación y que ahora buscan abrirse paso en el mercado.
Elaboras ungüentos en una aldea perdida. Suena muy a cuento ¿No?
Bueno, un poco sí. Ungüento es una palabra preciosa, es lo que se unta, y también tiene ese sentido de medicamento, que cura. Mi laboratorio es un poco como la casa de los druidas. Yo hago remedios naturales con productos naturales. Tengo mis propias colmenas de las que saco lo que necesito: miel, cera, polen, propóleo… y algunos proveedores de la zona que me proporcionan los aceites y plantas que utilizo. Todo natural, todo kilómetro cero. Mis abuelos tenían una economía de autosuficiencia, lo que necesitaban lo cogían de la naturaleza o lo hacían ellos, y de eso he aprendido mucho.
¿Cómo pasas de la idea a la acción?
Yo trabajaba llevando casas rurales, pero necesitaba probar cosas nuevas. Desde jovencita hacía un ungüento con la planta del hipérico y con cera de abeja, miel y propóleo que tenía propiedades antiinflamatorias y cicatrizantes y que vi ayudaba a la gente. Llevaba 4 años dándole vueltas a la idea, buscando algo que me permitiera crecer profesionalmente. Hice un plan de empresa en el que me ayudaron los de Valnalón, una empresa pública que ayuda a los emprendedores, vimos que era viable y me decidí. No quería quedarme con la espina de no haberlo intentado.
¿Cómo conseguiste financiación?
He recibido ayuda de los fondos Leader europeos y también del Ticket Rural de Asturias, unos 30.000 euros. Además, he pedido préstamos a la familia que debo devolver. La verdad es que aquí las administraciones sí ayudan, también con cursos y formación. Pero una cosa es el plan de empresa y otra la realidad. Los gastos han subido mucho últimamente, es una locura.
Tu apuesta es por lo natural
Sí. Vendo seis productos todos elaborados de forma natural: sérum siempreviva, jabón de propóleo, miel y avellanas, labial Mamá Rosa, jabón vaqueiro, y los ungüentos de laurel y flor de San Juan. Son remedios que usaban en mi familia y que yo reformulo y fabrico con precisión cumpliendo con una normativa que es muy rigurosa. También cultivo las plantas que uso y lo que no tengo me lo proporcionan proveedores de la zona. Elaboro manualmente los productos sin ningún derivado del petróleo, ni de siliconas. No llevan nada sintético, es todo natural. Son cosméticos con propiedades curativas porque sirven para regenerar la piel. Aquí vive mucha gente mayor y me piden los ungüentos para las heridas de las piernas, por ejemplo, porque se les curan antes que con las pomadas que les receta el médico.
Poner un producto en el mercado cuesta mucho dinero. Se necesitan unos análisis microbiológicos en un laboratorio externo, un expediente de información del producto, unos informes sanitarios… no es fácil. Lo primero que hay que hacer es descifrar una normativa compleja a la que hay que adaptarse.

¿Ya te da para vivir?
Llevo poco tiempo, desde noviembre pasado, pero no, todavía no vivo de ello. Me da para pagar los autónomos y los préstamos. Lo que pasa es que ya no doy paso un atrás ni para coger carrerilla. Ahora es para adelante, para adelante, porque esto ya está muy avanzado y no puedo dejarlo. No quiero dejarlo. Yo quería emprender aquí en el pueblo, no quería salir a trabajar fuera. Quería estar aquí para poder estar más presente con mis hijas, dedicarles tiempo.
¿Cuál ha sido el error más grande que has cometido hasta ahora?
No escuchar los consejos de la gente que me apoya. Por ejemplo, yo tenía que cumplir unos plazos de construcción del laboratorio para las subvenciones y escogí al constructor equivocado. Se veía venir, incluso yo lo veía venir, pero seguí adelante y aquello terminó muy mal, pasé un año infernal. A veces hay que pararse y hacer caso a lo que te dicen los demás, o a lo que te dice tu instinto.
¿Y lo mejor que te ha pasado hasta ahora?
Lo que más me llena es ver que los productos funcionan, que ayudan a la gente y que son útiles. Eso es muy gratificante.
¿Tienes un plan b?
Sí, tengo un plan b que es volver a gestionar casas de turismo rural. Pero no creo que me haga falta.
¿Qué le dirías a la gente que quiere montar un negocio?
Lo mejor es vencer el miedo y no pensarlo mucho, porque si no, no lo haces. Hay que lanzarse. Eso sí, hay que hacer un estudio previo, un plan de empresa, y si el plan sale viable, lanzarse. Eso sí, que el plan lo hagas con alguien ajeno, porque si lo haces tú, siempre te va a salir viable, y alguien ajeno te dice las verdades que tu no quieres oír. Y también pensar en un bien global, comunitario, que mejore la vida de las personas, eso siempre te va a funcionar.
¿Te gustaría que tus hijas siguieran tu camino?
Sí. Sería muy bonito que aquello que nos enseñaron sus bisabuelos les sirviera para ganarse la vida y seguir viviendo en su tierra.
Vanesa Lorences y su empresa, La Vaqueira, es uno de los tres finalistas en la categoría de Emprendimiento Verde de los Premios +50 Emprende, de la Fundación Endesa. El 28 de mayo se sabrán los ganadores lo que puede suponer un nuevo impulso a su iniciativa. Entretanto, Vanesa sigue peleando por darse a conocer y cuando le flaquean las fuerzas se acuerda de sus abuelos, Gloria y de Mario, y de lo orgullosos que se sentirían de ver cómo los remedios que le enseñaron ayudan hoy a mucha gente, y que algo que surgió en una aldea asturiana pueda llegar ahora a cualquier lugar del mundo.

