Factura luz

Revisar un dato del contador puede marcar la diferencia en la factura sin cambiar hábitos

Comprobando el contador de la luz. Telecinco.es
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Existe en las facturas eléctricas una línea a la que casi ningún usuario presta atención y que, sin embargo, sostiene una parte sustancial del importe mensual. Se llama término fijo de potencia y se paga cada mes por la capacidad eléctrica contratada, independientemente del uso real que se le dé a lo largo de las semanas. Si el hogar apenas aprovecha un tercio de esa capacidad, el importe se abona igualmente. 

En esos casos, cuando el contrato se ha firmado años atrás, en una época de electrodomésticos menos eficientes o con la idea genérica de "curarse en salud", es muy probable que la cifra en el contrato quede sensiblemente por encima de las necesidades reales del hogar. La solución no exige apagar el televisor antes, bajar la temperatura de la calefacción ni recortar duchas: consiste, sencillamente, en leer un dato del contador y ajustar el contrato en consecuencia.

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Buena parte de las viviendas españolas tiene contratada una potencia mayor de la que realmente utiliza. Muchos contratos se firmaron cuando el hogar contaba con más habitantes, con calefacción eléctrica o con electrodomésticos de mayor consumo unitario. Otros se heredaron sin revisar del propietario anterior, o se dejaron por defecto en el momento del alta sin que nadie evaluara si eran razonables para el nuevo inquilino.

El dato que casi nadie mira

El contador digital que las distribuidoras instalaron en las viviendas españolas durante la última década registra, entre otras muchas variables, un dato de particular utilidad: la potencia máxima instantánea alcanzada mes a mes. Ese valor, expresado en kilovatios, indica el pico más alto de potencia que el hogar demandó a lo largo del mes anterior. En la mayoría de las viviendas ese pico se sitúa notablemente por debajo de la potencia contratada. Cuando la brecha entre lo contratado y lo utilizado es sostenida durante varios meses consecutivos, la conclusión es que el hogar está pagando cada mes por una capacidad que nunca llega a emplear.

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La lectura de ese dato no exige acudir presencialmente al contador. Todas las distribuidoras españolas ofrecen a sus clientes acceso al histórico de potencias máximas a través de su área privada de clientes, y la propia Red Eléctrica de España permite consultar en su portal los registros del contador inteligente asociado al CUPS del suministro. Diez minutos de consulta suelen bastar para saber si la potencia contratada es razonable o si está por encima de lo necesario.

La rentabilidad del cambio

Cada kilovatio de potencia contratada que se reduce supone un ahorro anual aproximado de sesenta euros en la factura, correspondiente al término fijo que engloba peajes, cargos y comercialización. Una reducción típica de cinco coma cinco kilovatios a cuatro coma cuatro se traduce en un ahorro anual del orden de sesenta y siete euros, y no exige más que una gestión administrativa con la comercializadora. Si el contrato se hace por internet, la propia comercializadora tramita el cambio en un plazo de entre un día y una semana. Si requiere modificación en el cuadro eléctrico, el trámite puede alargarse hasta veinte días hábiles.

El único coste asociado al cambio es una tasa única de enganche que la distribuidora carga en la factura siguiente y supone unos nueve euros con cuatro céntimos, más el IVA correspondiente. Ese cargo se amortiza en menos de tres meses si el ahorro por kilovatio reducido supera los cincuenta euros anuales. El resto del año es rebaja neta en la factura, sin ninguna contrapartida en forma de peor servicio o de restricciones de uso.

El margen que conviene dejarse

Existe, no obstante, un matiz técnico que ningún profesional aconseja pasar por alto. Bajar la potencia sin dejar un pequeño colchón por encima del pico registrado en los últimos meses puede provocar cortes de suministro cuando coincidan varios electrodomésticos en marcha, especialmente durante los picos invernales de calefacción o los veraniegos de aire acondicionado. La recomendación general del sector es dejar entre un diez y un veinte por ciento de margen sobre el mayor pico registrado en los doce últimos meses. Con ese colchón, el hogar sigue disponiendo de reserva suficiente para arranques puntuales y evita el momento incómodo en que el contador dispara la protección.