Este martes, 1 de septiembre, el recién estrenado rey Haakon VIII protagoniza el juramento de lealtad a la Constitución ante el Storting, el Parlamento noruego
Haakon y Mette-Marit ya son reyes de Noruega y su hija Ingrid la nueva princesa heredera: así queda la sucesión tras la muerte de Harald V
Noruega comienza una nueva etapa tras la muerte del rey Harald V. Apenas unos días después del fallecimiento del monarca, su hijo Haakon ha asumido la Corona y este martes, 1 de septiembre, protagoniza uno de los primeros actos institucionales de su reinado: el juramento de lealtad a la Constitución ante el Storting, el Parlamento noruego.
Se trata de un acto de gran importancia simbólica, aunque no sea el que convierte a Haakon en rey. En Noruega, la sucesión se produce de manera automática en el momento en el que fallece el monarca. Por ello, cuando Harald murió el pasado 28 de agosto, su hijo pasó inmediatamente a ser el nuevo soberano a los 53 años de edad. El juramento que realizará ahora constituye uno de los primeros grandes compromisos constitucionales de su reinado.

Y hay una coincidencia que hará todavía más especial esta ceremonia. Haakon repetirá ante el Parlamento un gesto que su padre realizó cuando también tenía 53 años, después de convertirse en rey tras la muerte de Olav V.
Así, Harald tenía la misma edad que su hijo cuando heredó la Corona. Él de su padre Olav, y Haakon tras la muerte de Harald. La coincidencia no ha pasado desapercibida porque entre ambas sucesiones han transcurrido 35 años. Harald tenía esa edad cuando el 17 de enero de 1991 se convirtió en Harald V. Haakon, nacido el 20 de julio de 1973, ha asumido la Corona con la misma edad que tenía su padre.
La escena se repite, por tanto, con una generación de diferencia: un hijo que pierde a su padre, se convierte inmediatamente en rey y después acude al Parlamento para comprometerse con la Constitución. Pero las circunstancias personales y políticas no son idénticas.
La subida al trono de Harald, también a los 53 años
El 17 de 1991 enero fallecía el rey Olav V, después de casi 34 años en el trono. Su muerte convirtió automáticamente a su hijo Harald en rey de Noruega.
Harald llevaba toda su vida preparándose para aquel momento. Nacido en 1937, había sido príncipe heredero desde que su padre ascendió al trono en 1957 y durante décadas había desempeñado funciones institucionales en representación de la Corona.
La sucesión se produjo, por tanto, sin necesidad de una ceremonia de coronación. Harald se convirtió en rey inmediatamente después de la muerte de Olav. Pero quedaba por cumplir un importante compromiso constitucional.
El 21 de enero de 1991, cuatro días después de la muerte de su padre, Harald acudió al Storting para prestar juramento de lealtad a la Constitución. El acto tenía un significado muy concreto: el nuevo rey se comprometía a respetar y defender el marco constitucional noruego durante su reinado. No era una coronación ni una investidura en el sentido tradicional, puesto que Harald ya era rey.

La ceremonia reflejaba además la particular relación entre la monarquía noruega y la Constitución. El soberano ejerce como jefe del Estado, pero dentro de un sistema parlamentario en el que el poder político corresponde al Gobierno y al Parlamento.
Al igual que ahora Haakon, Harald tampoco fue coronado. Noruega había dejado atrás la tradición de las coronaciones y no volvió a celebrar una ceremonia de este tipo.
Meses después de su llegada al trono, Harald y su esposa, Sonja, participaron en una ceremonia de consagración en la catedral de Nidaros, en Trondheim. Fue el 23 de junio de 1991 y tuvo un carácter fundamentalmente religioso y simbólico.
Aquella ceremonia siguió el modelo utilizado antes con Olav V y sirvió para presentar oficialmente al nuevo rey ante el país, pero no modificó su condición de soberano. Ahora es Haakon quien ocupa el lugar de su padre.

