Empleo

¿Está España desaprovechando a los emprendedores mayores de 55 años?

Los seniors son más reticentes a la hora de emprender, pero más exitosos cuando lo hacen y más resilientes.. Magnific
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España envejece, pero sigue mirando la edad como una fecha de caducidad lo que es, sin duda, un gran error económico. Un nuevo informe de Fundación Mapfre, el Centro de Investigación Ageingnomics y el Observatorio del Emprendimiento de España, elaborado con datos de la consultora especializada en emprendimiento GEM, analiza si los mayores de 55 son emprendedores potencialmente exitosos, si tienen voluntad de emprender, si lo hacen como último recurso y si las administraciones y el ecosistema empresarial ayudan o ponen palos en las ruedas

Tras leer el informe la pregunta que surge es: ¿está España desaprovechando a los emprendedores sénior? La respuesta es sí, al menos en parte. No porque no haya talento, sino porque siguen existiendo barreras laborales, financieras, tecnológicas y culturales que frenan a muchas personas justo cuando acumulan más oficio, contactos y criterio.

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Los datos

La población mayor de 55 años ronda los 17 millones de personas, el 35% del total. Una de cada tres personas ya es sénior. Además, la población activa sénior agrupa a más de cinco millones de personas, ha aumentado un 63% en la última década y se acerca al 20% del total de activos del país. Sin embargo, la tasa de ocupación cae con fuerza entre los 55 y los 64 años, especialmente entre las mujeres, y el paro sénior casi se ha triplicado desde 2008, hasta 505.700 personas en 2024. El 62% de esos desempleados son parados de larga duración. Hay muchas personas que llegan a los 55 con capacidad para seguir aportando, pero el mercado laboral las empuja hacia la salida.

Para Ana Fernández Laviada, presidenta del Observatorio del Emprendimiento de España, “el talento sénior emerge como un activo estratégico. Comprender cómo emprenden, por qué lo hacen y qué barreras encuentran es imprescindible para diseñar políticas públicas más inclusivas y ecosistemas más favorables”. Según Fernández Laviada, “si no se mide y no se entiende el fenómeno, difícilmente se podrá aprovechar”.

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Reticentes

Más datos que dan que pensar. Los autónomos representan alrededor del 16% del mercado laboral español, pero entre los séniores afiliados a la Seguridad Social el peso llega al 28,1%. Para muchos mayores, emprender es la forma de no quedar fuera, de intentar generar ingresos cuando el mercado les ha expulsado. El informe revela que solo el 2,3% de los séniores declara intención de emprender en los próximos tres años, frente al 14,5% de los menores de 50 y el 12,4% de quienes tienen entre 50 y 54 años. Y eso que se consideran preparados, el 47% afirma poseer conocimientos, habilidades y experiencia para iniciar un negocio, y ven oportunidades de emprender en su entorno (el 34%).

No es que los mayores no quieran emprender, es que se lo piensan más. El miedo al fracaso pesa como una losa. El 52% de la población sénior declara que no pondría en marcha un negocio por temor a que pudiera fallar. Entre quienes ya emprenden, el miedo baja, pero no desaparece, ya que afecta al 35% de los emprendedores de 55 a 64 años. En esta edad hay menos margen para recuperarse financieramente, más preocupación por la jubilación, responsabilidades familiares y miedo a perder reputación profesional.

Buenos emprendedores

Pero cuando los séniores emprenden, sus proyectos aguantan. La tasa de empresas consolidadas entre los 55 y 64 años llega al 7%, por encima del 5,7% de los menores de 50. Y el abandono empresarial es más bajo: solo el 1,2% de los emprendedores sénior ha abandonado una actividad en el último año, frente al 4,1% de los menores de 50 y el 4,5% de los presénior. Los seniors ponen en marcha menos proyectos que los más jóvenes, pero los que salen adelante lo hacen con más prudencia, más recorrido y menores tasas de cierre.

La razón principal para emprender en todas las edades es ganarse la vida porque el trabajo escasea. Entre los séniores, esa motivación alcanza el 57% en las iniciativas recientes. Pero no todo es necesidad. Un 31% emprende para marcar una diferencia en el mundo y un 32% para crear riqueza o generar una renta alta. Hay necesidad, sí, pero también propósito, ambición y ganas de seguir siendo útil.

Para Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics, emprender un proyecto propio aparece como una alternativa para quienes no se resignan a dejar la actividad. A su juicio, el emprendimiento sénior “puede y debe crecer” porque permite dar continuidad a vidas profesionales provechosas, capitalizar conocimientos acumulados y reconstruir tejido productivo, crecimiento e innovación.

Brecha de género y tecnológica

La brecha de género sigue siendo notable. Entre los 55 y 64 años, los hombres presentan una tasa de emprendimiento reciente del 3,6%, frente al 2,2% de las mujeres. En empresas consolidadas, la diferencia también es fuerte: 9,1% en hombres y 5% en mujeres. El talento sénior femenino, por tanto, sufre una doble penalización: edad y género.

También hay una brecha tecnológica. La mayoría de las iniciativas sénior se mueve en sectores de baja tecnología. Solo el 10% de los proyectos recientes de emprendedores de 55 a 64 años se sitúa en niveles tecnológicos medio-altos. Y aunque hay innovación, baja con la edad: el 35% de las iniciativas recientes sénior innova en procesos y el 38% en producto. Con la inteligencia artificial ocurre algo parecido. Solo el 17% de los emprendedores sénior recientes considera que herramientas como ChatGPT tienen una alta importancia para implementar su modelo o estrategia de negocio.

Qué hacer

Emprender por necesidad no es la solución y los fracasos tienen graves consecuencias, como la ruina económica, la pérdida de patrimonio y la condena a la precariedad de por vida, pero eso se cuenta menos. La solución no pasa por decir a los mayores que se reciclen y emprendan. El informe habla de eliminar trabas burocráticas, revisar cargas fiscales, facilitar financiación, crear programas específicos, fomentar la capacitación digital y aprovechar a los séniores como mentores, inversores o acompañantes de otros emprendedores. También insiste en valorar su capital social: la experiencia, los contactos, la resiliencia y la capacidad para movilizar recursos.

España tiene ante sí una decisión de fondo. Puede seguir tratando a los mayores de 55 como trabajadores amortizados o puede entender que ahí hay una bolsa enorme de talento, consumo, oficio, contactos y capacidad emprendedora. La conclusión que se puede extraer del informe es que no faltan séniores capaces de emprender. El problema es que todavía se les ponen demasiados palos en las ruedas.