José Candón, víctima del peor accidente militar en España de este siglo: "Nos dieron basura para trabajar"

El teniente de la Armada, José Manuel Candón, herido hace 10 años en el accidente que sufrieron TEDAX del Ejército en Hoyo de Manzanares (Madrid). NIUS
  • Lleva diez años peleando por esclarecer un accidente en el que fallecieron cinco militares, tres resultaron heridos

  • El uso de explosivos descatalogados y calificados como "inútiles" por el propio Ejército fue la causa del gravísimo accidente

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Madrid"Me ha tocado a mí dar la cara y mira cómo la tengo", ironiza al otro lado del teléfono el teniente de Infantería de Marina, José Manuel Candón. Pepe, que así le llaman, tiene los estragos de una explosión en la cara y 35 operaciones, pero también esa gracia gaditana que endulza el trago amargo con humor. Él y otras seis familias llevan una década batallando legalmente para que se esclarezca el accidente que costó la vida a cinco militares TEDAX y dejó dos heridos graves y otro leve.

La risa se acaba cuando rememora ese 24 de febrero de 2011 en la Base Militar de Hoyo de Manzanares (Madrid). "Fue como si te atropella un camión. Un golpe fuerte. Oyes un zumbido. No veía pero no era consciente. Gritaba. Mi única obsesión era saber si tenía los 'dedillos' de los pies. Sentía gelatina en las botas y era sangre. El cuerpo me quemaba" cuenta Pepe a NIUS y se le saltan las lágrimas.

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Los sanitarios tardaron 40 minutos en llegar. "Perdí la noción del tiempo. Pensé que solo habían pasado 15 segundos". Lo último que recuerda es una ráfaga de aire fresco, la de las aspas del helicóptero del SUMA que le llevó al hospital. "Ahí cerré los ojos"

"Es como si te atropella un camión. Solo oía un zumbido, no veía. Sentía gelatina en mis botas y era sangre" (Pepe Candón, militar herido en la explosión de Hoyo)

Cuando los volvió a abrir había pasado mes y medio. El ojo derecho ya no estaba (le pusieron una prótesis de cristal), por el izquierdo solo veía un 20 %. Tenía metralla en la cara y en las piernas. "Me daban el Betadine a brochazos", el humor vuelve a resurgir en la conversación. Le faltaban falanges en los dedos y también lo más importante: sus cinco compañeros. No sabía que habían muerto. Lo escuchó a medias. Había perdido el oido derecho. Tampoco podía hablar. Una traqueotomía se lo impedía.

Explosivos obsoletos y maceteros en vez de trípodes

Aquel 24 de febrero a Pepe y a sus compañeros les estallaron 58 kilos de explosivos. Estaban haciendo prácticas con material real porque en unas semanas salían para Líbano como 'cascos azules'. "Nos dieron el material más parecido a lo que nos podríamos encontrar allí", recuerda. Ellos no desconfiaron. "Es como cuando compras un yogurt. No lo abres en el supermercado a ver si está mal. Confías en lo que te dan", asegura.

Pero se trataba de una munición retirada y catalogada como "estado 40", lo que traducido significa que es material inútil y debe de ser desmilitarizado, destruído y no reutilizado. "Es una catalogación que se da a nivel logístico. El material de 'estado 40' está prohibido usarlo pero había ordenes internas en el Ejército de Tierra que permitían usarlo en practicas", explica Candón.

En definitiva, les dieron un material obsoleto que acabó con las vidas de cinco de ellos y dejó a dos (uno de ellos es José) con una invalidez del 96%. "Es un hecho probado que el material estaba en mal estado y que esa es la causa de la real de la explosión", afirma Candón que tiene informes de los TEDAX de la Guardia Civil que lo corroboran.

"Era un material en mal estado. Queremos que se reconozca que no se podía utilizar"

Tanto es así que el material explotó antes de ser detonado. "El trípode que sujetaba las cargas tenía que estar homologado por la OTAN y era un macetero", recuerda Candón. El macetero se cayó cuando colocaban una carga. "Por eso estábamos todos allí, porque pesaba. Era un proyectil de 155 mm".

Viacrucis judicial

Precisamente la tesis de la munición en mal estado y la hipótesis de que se ha podido vulnerar la Prevención de Riesgos Laborales, es lo que les ha permitido reabrir el caso hace un par de años. Asesorados por Luis Oria, profesor, ingeniero de minas y asesor de las Fallas de Valencia decidieron un tercer intento judicial.

Porque el caso ya se había cerrado en dos ocasiones y ha pasado por cuatro ministros. Defensa con Carme Chacón (PSOE) al frente, abrió una investigación nada más producirse el suceso. Dos años más tarde, en 2013, con el PP en el Gobierno, el asunto se cierra. El informe decía que el accidente había sido fortuito. El Juzgado Togado Militar nº11 archiva la causa. Las familias recurren.

"Morenés nos dijo que las pensiones eran nuestra indemnización y en la época de Cospedal que la pensión era una indemnización en diferido"

El entonces ministro Pedro Morenés (PP) consideró que no debían ser indemnizados de manera extraordinaria. "Ni siquiera nos recibió", recuerda Candón, "mediante una resolución, el Ministerio nos dijo que las pensiones eran nuestra indemnización". Aunque se les pagó un seguro y se les otorgó la máxima prestación (el doble de su paga), por ley solo pueden cobrar la pensión máxima: 37.566 euros al año. "Te pagan lo mismo que si te da un infarto, y no es igual. Nos dieron material obsoleto", afirma Candón. Volvieron a recurrir a la Audiencia Nacional.

"María Dolores de Cospedal nunca nos recibió", asegura Pepe que además recuerda que el principal argumento de la Abogacía militar para rechazar su queja fue que "las pensiones de las viudas eran indemnizaciones en diferido y que era suficiente". Intentaron apelar al Tribunal Supremo pero no lo admitieron a trámite.

Para Margarita Robles solo tienen buenas palabras. Les atendió por teléfono siendo diputada y tenían cita con ella antes de primavera. Pero de nuevo el destino: comenzó la pandemia y el encuento tuvo que ser aplazado. Candón tiene esperanza. Bajo el mandato de Robles se ha aprobado un manual para evitar estas prácticas negligentes. Aún así le escama que el caso todavía siga en los tribunales. "Han pasado diez años y me siento en la casilla de salida", se lamenta Candón que sabe que esta vez se juegan su última baza.

El fantasma del que el caso prescriba para los presuntos culpables no le inquieta: "No quiero que metan a nadie en la cárcel. Pedimos que se reconozca que hubo una negligencia y que hay responsables", termina diciendo Candón a NIUS. Tiene que colgar. Le toca entrenamiento. Practica paratriatlón XTERRA . Una disciplina que mezcla la natación con las carreras y la bici de montaña. Fue campeón del Mundo en 2018 en la modalidad de invidentes. En su palmarés hay muchas medallas y una espina que duele. Espera que esta vez la justicia militar le ayude a sacárla.