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Comunicación con los hijos adultos: el arte de aconsejar solo cuando te lo piden y evitar críticas no solicitadas

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Es importante respetar los límites, que son nuevos. Unsplash
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MadridDurante la infancia, los padres se convierten en los mejores guías de sus hijos, siempre pendientes de que no les falte nada, ni material, ni emocional, o por lo menos así debería ser siempre que sea posible. Esto hace que los pequeños vayan aprendiendo poco a poco a desenvolverse en la vida, a solucionar conflictos y lidiar con problemas, en definitiva, van creciendo y madurando. 

Una vez que esa etapa queda atrás y los hijos entran en una etapa más adulta de sus vidas, la relación con los padres cambia. Cada vez es más frecuente que les necesiten menos, algo que era el objetivo, criar personas que sean autosuficientes y sean capaces de desenvolverse satisfactoriamente en la vida. 

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Un cambio que les afecta a ellos, pero también a los padres, que a menudo tienen que encontrar la manera de relacionarse con sus hijos de otra manera. Sus consejos pueden seguir siendo apreciados, pero solo cuando son deseados, porque ahora es el momento de que los hijos transiten su propio camino, cometan sus propios errores (si es que lo hacen) y eso no es fácil para los padres. 

Cómo mejorar la comunicación con los hijos adultos

La relación que se tiene durante la infancia y juventud entre padres e hijos no es la misma que durante la edad adulta. Llega un momento en el que los hijos ya no dependen de sus padres, son independientes en muchos sentidos y eso incluye su capacidad para tomar decisiones, lo que hace que las opiniones de los padres no siempre sean bien recibidas, un cambio que ellos también deben tener en cuenta para evitar que el vínculo se resienta. 

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Lograr las bases para que la relación con los hijos adultos sea positiva es una cuestión de tiempo y esfuerzo, que lleguen a la edad adulta sabiendo que siempre pueden buscar ayuda en ellos, que no hay temas que no puedan abordar. Mantener este tipo de relación una vez que son adultos es también, en parte, labor de los padres, que tienen que saber adaptar sus límites a los límites de sus hijos. 

Por ejemplo, es importante que los padres respeten las opiniones de sus hijos, sus decisiones, aunque estas no coincidan con las propias. Sus decisiones son suyas y tomarlas no corresponde a los padres, por lo que es esencial intentar no ser invasivos, respetando los límites que el propio hijo se encargue de establecer. 

Empatizar con ellos es esencial, sobre todo intentar entender su punto de vista antes de compartir una opinión no solicitada o que se aleja de la tomada por ellos, una forma de lograrlo es preguntarle sobre ello y escuchar sus razones, lo que ayudará a entender los motivos por lo que toma esa decisión y no otra. 

Esto es aplicable a decisiones laborales (por qué aceptar una oferta de trabajo, por ejemplo), pero también personales, como sucede con las parejas. En general, aportar opiniones como certezas, no suele ser demasiado bien recibido, pero compartir un punto de vista desde la experiencia puede ser una buena elección.