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Los caballos (tu perro y tu gato) pueden oler tus emociones, según la ciencia

Un caballo desde abajo. Getty Images
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La idea de que los animales “saben” cómo nos sentimos no es solo una metáfora. En los últimos años, múltiples estudios científicos han demostrado que muchos mamíferos pueden percibir señales emocionales humanas, incluso a través de olores corporales, y responder a ellas de formas medibles y específicas. Esto es especialmente claro en dominios como la relación entre humanos y caballos, aunque también existen evidencias similares en otros animales de compañía como perros.

¿Qué detectan los caballos?

Un estudio reciente ha demostrado que los caballos son capaces de discriminar distintos compuestos químicos presentes en el sudor humano que reflejan estados emocionales como miedo o alegría. En los experimentos, los investigadores presentaron a caballos muestras de sudor de personas que habían visto películas de terror o escenas alegres.

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Los resultados mostraron que los caballos distinguían entre los olores asociados al miedo y a la alegría, olfateando más tiempo las muestras, lo que indica una discriminación olfativa entre ambos estados emocionales. Además, en situaciones de miedo, los animales exhibieron respuestas de alerta más intensas, con menor interacción social hacia los cuidadores e incremento de reacciones de sobresalto.

Esto sugiere que los caballos no solo perciben diferencias químicas en el sudor humano, sino que su sistema olfativo está lo suficientemente afinado como para asociar esos compuestos volátiles con experiencias emocionales humanas.

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El olfato como ventana emocional

Aunque este estudio con caballos ha recibido mucho atención, lo cierto es que el concepto de que los animales detecten nuestras emociones viene de lejos, y hay más evidencias que apuntan a una relación entre la respuesta animal y los olores humanos vinculados a emociones. 

Por ejemplo, en perros las investigaciones han mostrado que estos animales también pueden reaccionar al olor del estrés humano en ausencia de señales visuales o auditivas, lo que afecta su aprendizaje y comportamiento. En uno de estos estudios, la presencia de olores de estrés mejoró la ubicación de estímulos positivos en pruebas de aprendizaje, sugiriendo que el olor humano influye en la cognición canina.

Los gatos, por su parte, utilizan su agudo sentido del olfato para identificar y reaccionar ante señales humanas, incluido el olor corporal que cambia según nuestro estado emocional. Un estudio mostró que los felinos pueden distinguir entre el olor de su dueño y el de una persona desconocida, lo que demuestra su capacidad de discriminar olores humanos con precisión. Además, otras investigaciones sugieren que los gatos pueden percibir olores asociados a emociones humanas como miedo o estrés, exhibiendo respuestas conductuales relacionadas con esos estados, lo que indica una sensibilidad a la química corporal que acompaña a nuestros sentimientos.

En estudios con ovejas se ha observado que estos animales también pueden distinguir olores de distintos estados emocionales humanos, aunque la interpretación de esa discriminación no siempre implica una percepción emocional directa; puede estar relacionada con señales químicas generales de estrés o calma.

¿Cómo interpretan los animales?

El mecanismo básico subyacente a estas respuestas se basa en el sistema olfativo y en receptores especializados para detectar compuestos químicos en el ambiente. En muchos mamíferos, los cambios fisiológicos producidos por estados emocionales alteran la composición química del sudor, saliva o feromonas, generando lo que algunos investigadores llaman un “volatiloma emocional”.

En los caballos, como en otros animales, esta sensibilidad puede estar vinculada a un conjunto de señales adaptativas que permiten detectar señales de peligro o estrés en el entorno. A la vez, también facilitan la comunicación emocional interespecies, lo cual podría ser una ventaja evolutiva en relaciones cercanas como la domesticación.

Esta capacidad no se limita únicamente a olores. Ya que existen estudios que han demostrado que los caballos pueden reconocer emociones humanas mediante señales visuales y vocales, asociándolas y reaccionando según su valencia positiva o negativa.

En conjunto, las investigaciones sugieren que muchos animales domésticos pueden percibir señales químicas ligadas a nuestras emociones a través del olfato, y no solo responder a expresiones faciales, voces o posturas corporales. Esto abre una puerta fascinante tanto para entender mejor la sensibilidad animal como para mejorar nuestras interacciones con ellos, respetando su capacidad de percibir y responder a las señales emocionales que emitimos, incluso sin palabras.