Fuerza, actitud y alegría: la receta de Ramona Gorraiz a sus 84 años para envejecer disfrutando

Cuando su marido enfermó, Ramona se dio cuenta de que necesitaba fortalecerse para poder cuidarlo, y así empezó con el fitness
Levantando pesas con 70 años (o más): gimnasios que cambian vidas
En un momento en el que las conversaciones sobre envejecimiento y bienestar están más presentes que nunca, la historia de Ramona Gorraiz se ha convertido en todo un ejemplo de cómo cuidar el cuerpo y la mente puede transformar la vida incluso pasados los 80 años. A sus 84, Gorraiz se ha viralizado en redes sociales por rechazar los estereotipos asociados a la edad y abrazar una vida plena de actividad, deporte y actitud positiva.
Una vida con energía
Ramona nació en Pamplona en plena posguerra y recuerda una infancia marcada por la rigidez del entorno pero también por una alegría inexpugnable. Su propia frase resume esa visión: “nací con la alegría en el cuerpo”. Después de vivir experiencias duras, incluyendo períodos de dolor emocional que la llevaron a no mirarse al espejo durante años, Ramona encontró en el ejercicio físico y la motivación personal una forma de reconstruirse. Para ella, el envejecimiento no es un límite, sino una fase más en la que hay que mantener la curiosidad y la energía intactas.
De esta forma, su paso al mundo del fitness no fue casual. Cuando su marido enfermó, Ramona se dio cuenta de que necesitaba fortalecerse para poder cuidarlo. Esa necesidad la llevó a transformar su cuerpo y su forma de pensar sobre la actividad física, y ese cambio fue el que encendió su interés por compartirlo en redes.
Hoy cuenta con más de 200.000 seguidores en Instagram, donde publica desde rutinas de gimnasio hasta momentos de su vida cotidiana, mostrando con naturalidad y estilo su vida sin renunciar a disfrutarla.
El ejercicio como herramienta de vida
Si hay un principio que Ramona repite constantemente, ese es que el ejercicio físico, especialmente el entrenamiento de fuerza, no sirve solo para tener un cuerpazo, sino que además es la base de una vida saludable a cualquier edad.
Aunque empezó en el gimnasio por necesidad, pronto comprendió que “el entrenamiento de fuerza te da libertad”. De esta manera, entrenar la permitió ser independiente, moverse con facilidad y afrontar los retos cotidianos sin depender de otros. Además, esta idea coincide con las evidencias científicas, que afirman que el entrenamiento de fuerza es útil para mantener la masa muscular, la estabilidad postural y la movilidad, especialmente después de los 40, cuando el riesgo de sarcopenia (pérdida de músculo) aumenta.
Más allá de las pesas, Gorraiz también ha puesto el foco en la actitud y la alimentación. Aboga por escuchar al propio cuerpo y mantener una alimentación saludable, priorizando productos tradicionales y naturales. “Hay que saber escuchar al estómago”, repite, recordando que comer bien, con productos de cercanía y sin excesos, es parte fundamental de una longevidad con calidad de vida.
Esa naturalidad con la que combina ejercicio, nutrición y autocuidado tiene también un componente social. Ramona ha secundado proyectos comunitarios como “Fit y Empoderadas”, junto a jóvenes entrenadoras, para animar a mujeres de todas las edades a atreverse con un estilo de vida activo.
La edad como “problema de calendario”
Una de las frases más repetidas por Ramona es que la edad no es un límite sino un número en el calendario. Desde sus publicaciones, se contagia una idea clara: que el envejecimiento activo no significa negar la edad, sino reinterpretarla desde una perspectiva de actitud, disciplina y disfrute. Para ella, empezar a cuidar de tu cuerpo a cualquier edad puede aún dar sus frutos con constancia y alegría.
Esa visión también se extiende a la mente: Ramona ha hablado de procesos difíciles como la enfermedad de su marido, la soledad o el dolor, y ha sostenido que recuperarse emocionalmente y aprender a cuidarse mentalmente son partes del envejecimiento saludable, al igual que trabajar el cuerpo.
La vida de Ramona Gorraiz ofrece un relato desafiante para la narrativa tradicional sobre la tercera edad: alguien que a los 84 años se siente “súper joven”, que entrena varias horas al día y que inspira a cientos de miles de personas a repensar su relación con la salud, el cuerpo y la edad.
Su historia enseña que envejecer bien no es un resultado de la genética ni un privilegio de los años tempranos, sino una combinación de hábitos saludables, actitud resiliente y conexión social, todos ellos visibles tanto en sus rutinas como en sus mensajes diarios.

