El récord del mundo imposible de una mujer de 81 años y viuda por culpa del cáncer
En diciembre de 2023 murió su marido, y eso le hizo buscar propósito en su vuelta al gimnasio, a pesar de la edad
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A veces, los logros más impactantes no son los que rompen cifras astronómicas, sino los que ponen en perspectiva lo que significa vivir con propósito, resiliencia y audacia. Ese es el caso de Bonnie Sumner, una mujer estadounidense de 81 años que, recientemente, estableció un récord mundial poco convencional, pero a la vez también profundamente inspirador, tras superar una serie de circunstancias personales muy exigentes. The New York Times ha repasado sus hazañas, demostrando cómo una meta aparentemente simple puede cambiar la narrativa de la vejez y contribuir a la recuperación tras el dolor y la pérdida.
Lo que hizo esta mujer es tan sorprendente como simbólico: logró un récord Guinness en la categoría de “dead hang” para mujeres mayores de 80 años con un tiempo de 3:03 minutos. Este ejercicio, que consiste en sostener todo el peso del cuerpo colgado de los brazos en una barra horizontal, no es un récord común ni conocido por muchos, pero representa un hito físico y mental extraordinario para cualquier persona, pero mucho más para alguien de 81 años que ha vivido una serie de experiencias traumáticas.
Lo que hace que este récord sea especialmente poderoso no es solo la cifra en sí, sino el camino que llevó a Sumner a conseguirlo. Comenzó este reto como algo más que un simple objetivo de fitness, ya que se trataba de una forma de lidiar con la pérdida y retomar el control de su vida tras tiempos difíciles.
Y es que la historia de Bonnie no se entiende sin profundizar en lo que ha vivido, y su reinvención comienza tras el fallecimiento de su marido, Mark Sumner en diciembre de 2023. Se trataba de un abogado fiscal que, según ella misma ha relatado, “era un hombre con humor peculiar y encantador”. Cuando falleció, su mundo cambió drásticamente, primero teniendo que ocuparse del funeral, gestionar la herencia y enfrentarse al duelo que conlleva perder a un ser querido con quien se compartió tantísimo tiempo.
Para la mayoría, una pérdida así podría representar una etapa de retiro o de repliegue; para ella, en cambio, fue un punto de inflexión. Apenas un mes después del funeral de Mark, Sumner volvió al gimnasio no solo para mantenerse activa, sino para dominar su duelo y encontrar una nueva forma de ordenar su vida.
La primera vez que se colgó duró tan solo 21 segundos en la barra, afirmando que “Me dolían mucho las manos y pensé: ‘Esto no es divertido’”. Pero ese dolor físico pasó a ser parte de un proceso que ella abrazó con paciencia. Gradualmente, su resistencia fue mejorando y ya en febrero de 2025 logró mantenerse colgada durante 2 minutos y 1 segundo, un tiempo que ya estaba muy por encima de sus propios límites anteriores.
Un ejercicio para agarrarse a la vida
El ejercicio que Bonnie ha dominado como nadie más de su edad puede parecer un simple desafío de fuerza física sin conexión con el resto de piezas que componen una vida, pero lo cierto es que también puede considerarse un indicador de la salud en general de los sujetos, además de la resistencia en personas mayores. Tanto es así que existen estudios sobre longevidad y funcionalidad física en edades avanzadas que lo relacionan directamente.
Para Sumner, este desafío pasó a ser una especie de metáfora de su recuperación: un símbolo físico de la capacidad de sostenerse, resistir, concentrarse y persistir. Para ello, trabajó su fuerza progresivamente, realizando repeticiones pequeñas al principio y aguantando más y más tiempo en cada sesión hasta alcanzar su récord.
Además, su historia destaca por ser un testimonio de cómo el ejercicio puede servir para regular la mente, enfrentarse al duelo y encontrar una base de control interno después de experiencias dolorosas como la pérdida de un ser querido o una enfermedad grave. La forma en que Sumner abordó su entrenamiento, con una buena dosis de paciencia, constancia y mentalidad estratégica, pone de manifiesto que estos retos físicos pueden ser tan terapéuticos como exigentes.
Un ejemplo de envejecimiento activo
Aunque muchos récords de longevidad o hazañas atléticas en edades avanzadas van de la mano de las historias personales de supercentenarios como María Branyas, que fue la persona más longeva del mundo hasta los 117 años según Guinness, el logro de Sumner se diferencia de los demás porque no se busca simplemente prolongar la vida o mejorar la salud, sino que también sirve para dotar de propósito a la protagonista de esta historia.
Este récord va más allá de la inscripción en el Guinness, ya que pone sobre la mesa una idea potente, la de que envejecer no tiene que significar resignación, sino que supone una oportunidad de reinvención. En el caso que nos ocupa, lo que comenzó como una forma de lidiar con el dolor se transformó en un mensaje mucho más universal sobre la importancia de fijarse metas que impulsen la mente y el cuerpo, sin importar la edad.
