Bienestar

Dan Buettner, experto en longevidad: “La gente que vive más años no hace ejercicio, camina todo el día"

Dan Buettner. IG
Compartir

Para Dan Buettner, explorador, divulgador y referente mundial en el estudio de la longevidad, la clave para vivir más y mejor no está en pastillas milagrosas ni en rutinas hipertecnológicas, sino en la manera en que estructuramos nuestras vidas y comunidades. Buettner ha pasado décadas estudiando lo que él denomina las “zonas azules”, regiones del planeta donde la gente vive más años de forma saludable, y sus conclusiones han influido tanto a científicos como al público en general que busca extender su esperanza de vida sin sacrificar calidad de vida por el camino.

El concepto de las “zonas azules”

Buettner es fundador de Blue Zones y es quien popularizó el concepto de “zonas azules” tras identificar cinco regiones del mundo donde la longevidad excepcional va acompañada de buena salud prolongada: Okinawa (Japón), Cerdeña (Italia), Nicoya (Costa Rica), Icaria (Grecia) y Loma Linda (EE. UU.)

PUEDE INTERESARTE

Su trabajo, que combina expediciones, datos demográficos y observación directa, sostiene que solo alrededor de un 20% de cuántos años vivimos depende de nuestros genes, mientras que el resto depende de nuestros estilos de vida y decisiones cotidianas. Esta proporción convierte a la longevidad en algo tangible y moldeable.

“La longevidad no se compra, se construye con hábitos y comunidad”, es uno de los mensajes centrales que Buettner repite al explicar sus hallazgos, conectando hábitos personales con estructuras sociales saludables.

PUEDE INTERESARTE

Para él no son los gimnasios ni las rutinas perfectas las que permiten que alcancemos edades avanzadas: “La gente que vive más años no hace ejercicio; vive en hogares en los que tiene que caminar todo el día”. Esta frase resume su propuesta, con actividad física integrada en la vida diaria, siendo esto más eficaz que el entrenamiento planificado en horarios específicos.

Esta idea se complementa con la de las zonas azules, donde las personas no separan literalmente la vida saludable del día a día, y caminan, trabajan en su jardín, van andando a los sitios, cocinan con ingredientes naturales… Ese movimiento constante y habitual es el que tiene efectos positivos sobre la salud cardiovascular y metabólica.

Hábitos comunes en las zonas azules

Buettner ha identificado varios patrones de vida presentes en estas regiones y que, según los datos observados durante sus investigaciones, podrían sumar años saludables a nuestra esperanza de vida si se adoptan de manera gradual. 

No se trata de costumbres complicadas, sino de cosas tan sencillas como caminar y moverse a diario. Más allá de rutinas en el gimnasio, el movimiento cotidiano es ‘mano de santo’ para la salud física. Además, otro punto importante de su ecuación es el sentido de propósito. Saber por qué te levantas por la mañana, es decir, tener una razón vital, puede aumentar la esperanza de vida varios años. Encontrar sentido, cultivar amistades profundas y vivir de acuerdo con tus valores puede ser tan importante para vivir mejor como cualquier intervención médica.

Además, Buettner destaca repetidamente que la conexión social es tan importante como la dieta o el ejercicio, y en zonas azules es una constante la red de apoyo familiar y comunitario. Por supuesto, la dieta también es importante, y en estas zonas azules se ve predominancia de dietas vegetales. Centrar la alimentación en plantas, legumbres, granos integrales y verduras está asociado a menor mortalidad por enfermedades crónicas.

A todo esto hay que añadir que las poblaciones longevas tienden a tener ‘rituales’ que reducen el estrés, como la siesta, hacer meditación o ceremonias sociales tranquilas.

Estas observaciones no son precisamente una receta mágica, pero hay que darle valor por haberse observado en modelos de vida poblacionales en contextos reales, y que Buettner ha explorado directamente en su trabajo como investigador y divulgador.

El impacto de las zonas azules

A través de su trabajo con comunidades y proyectos como Blue Zones Projects, Buettner ha demostrado que aplicar los principios de las zonas azules no es una imposición extrema, sino una estrategia de salud pública sostenible: ciudades que adoptaron pautas de vida saludables han mostrado aumentos en la actividad física de sus habitantes, reducciones en tabaco y mejoras notables en indicadores de salud general.

En resumen, la visión de Dan Buettner sobre la longevidad se sustenta en la idea de que no vivimos más por obsesionarnos con la longevidad, sino por crear entornos, comunidades y rutinas que favorezcan hábitos saludables y relaciones humanas profundas. Los secretos que ha descubierto no son atajos, sino modelos de vida que pueden enriquecerse con sentido, propósito y conexión social, siempre que se adopten con paciencia, consistencia y realismo.