¿Cuánto ejercicio haces realmente con una bicicleta eléctrica?

Una investigación concluye que la asistencia y la pendiente marcan la diferencia respecto a una bicicleta convencional
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Cada vez son más las personas mayores de 50 años que eligen la bicicleta eléctrica como su vehículo favorito de movilidad activa. Y no se trata solo de una tendencia urbana. Se está convirtiendo en una auténtica revolución para la salud, la independencia y el estilo de vida en la mediana edad y más allá. Las e-bikes representan ya casi el 50% de la facturación de ventas de bicicletas en España, según la AMBE, lo que refleja que no estamos ante una moda pasajera, sino que hay un creciente interés real en una forma de transporte que combina diversión, eficacia y ejercicio.

La gran pregunta que se hacen muchos es si entrenar con una e-bike exige el mismo nivel de esfuerzo -y, por tanto, similares beneficios- que hacerlo con una bicicleta convencional. Aunque el motor eléctrico hace parte del trabajo, usar una bici eléctrica sigue siendo una forma de actividad física significativa. Es clave entender que las e-bikes no eliminan el ejercicio, lo modulan.
Algunos estudios comparativos han demostrado que, si bien el esfuerzo físico en una e-bike es menor que en una bicicleta convencional -aproximadamente un 54% menor en términos de demanda metabólica y un 31 % menor de frecuencia cardíaca-, el uso de la bicicleta eléctrica conserva hasta el 89% de los beneficios cardiovasculares comparado con el pedaleo tradicional.
No todo depende del motor
Profundizando más en la comparación, un estudio reciente publicado en la revista científica 'Retos' ha analizado cómo varía la respuesta fisiológica al alternar una MTB tradicional con una e-MTB, poniendo el foco en la frecuencia cardíaca, la potencia desarrollada y la percepción del esfuerzo. La principal conclusión es que el esfuerzo no depende únicamente de la presencia del motor, sino de cómo se utilice.
La investigación, liderada por el profesor Juan Carlos Redondo Castán, de la Universidad de León, se desarrolló durante 16 semanas en rutas reales de montaña, fuera del laboratorio, con un ciclista recreativo que alternó ambos tipos de bicicleta y distintos modos de asistencia.
En los moderados, especialmente el modo eco -que aporta alrededor de un 60% de ayuda al pedaleo-, el ciclista alcanzó intensidades de ejercicio de moderadas a vigorosas, en línea con las recomendaciones internacionales de actividad física para adultos. En estos escenarios, la frecuencia cardíaca y la potencia registrada fueron comparables a las obtenidas con una MTB convencional. Es decir, la asistencia eléctrica no elimina necesariamente el trabajo cardiovascular si el usuario mantiene una implicación activa en el pedaleo.
Cuando el terreno se complica y la pendiente se inclina la cosa se pone interesante. En subidas pronunciadas, incluso con asistencia eléctrica, el esfuerzo se aproximó al umbral funcional, un indicador habitual de alta exigencia cardiovascular. En cambio, los modos de asistencia más altos redujeron de forma significativa la carga fisiológica. El motor permite mantener velocidades similares con menor aporte físico del ciclista, reduciendo tanto la frecuencia cardíaca como la potencia desarrollada.
Lo que la investigación sugiere es que la e-bike puede ser una herramienta eficaz para mantener niveles adecuados de actividad física, especialmente para quienes, de otro modo, podrían sentirse limitados por el esfuerzo, dolor articular o condiciones de salud asociadas al envejecimiento.
Beneficios reales para la salud
Otros estudios corroboran que el ejercicio total puede ser similar con una e-bike que con una bici sin asistencia. Por ejemplo, un trabajo de la Brigham Young University encontró que el ritmo cardíaco en una e-bike es solo unos 10 latidos por minuto menor que en una convencional, lo que representa un 94% del esfuerzo aeróbico de una bici sin asistencia. Y datos de una encuesta europea con más de 10.000 participantes revelaron que los ciclistas en e-bike tienden a recorrer distancias mayores que los convencionales, lo que puede compensar parte de la reducción de esfuerzo por kilómetro al final del día.
Otras investigaciones, incluida una publicada en PLOS One, sugieren que los sénior que usan bicicleta eléctrica no solo experimentan mejoras físicas, sino también beneficios cognitivos y de bienestar emocional -a menudo incluso superiores a los de quienes montan bicicletas tradicionales- porque se sienten más confiados y motivados a salir con regularidad.
En definitiva, no se trata de “hacer menos”, sino de hacer más accesible, más habitual y más gratificante el movimiento diario. Para mucha gente que tiene más de 50 años es la llave que abre de nuevo rutas que antes parecían demasiado exigentes. La e-bike no está reemplazando a la clásica; simplemente está ampliando quién puede disfrutar de la bicicleta y con qué frecuencia.
