Por qué tener plantas en casa puede hacerte más feliz
La presencia de vida vegetal puede tener efectos concretos y medibles sobre el estado de ánimo, la función cognitiva y la sensación de propósito
5 plantas de interior que ayudan a dormir mejor: beneficios y cuidados
Hay una razón evolutiva, no sentimental, por la que sentarse junto a una planta en nuestra propia casa nos produce la sensación inequívoca de que algo se relaja. Según la hipótesis de la biofilia, los seres humanos tenemos una tendencia innata a buscar conexión con la naturaleza y otros sistemas vivos, y no precisamente por cultura, sino por evolución. En ausencia de parques o bosques, las plantas de interior actúan como lo que los investigadores llaman "micro-naturaleza", donde el entorno físico actúa como un modulador constante del estrés y del bienestar emocional, incluso cuando no somos conscientes de ello.
Este mecanismo no desaparece con la edad. Al contrario, ya que a partir de los 50, cuando cambian las rutinas, se reducen los estímulos sociales y la casa ocupa más horas del día, la presencia de vida vegetal en el hogar puede tener efectos concretos e incluso medibles sobre el estado de ánimo, la función cognitiva y la sensación de propósito.
Lo que dice la ciencia: cortisol, ritmo cardíaco y estado de ánimo
La evidencia científica sobre el impacto psicológico de las plantas de interior se ha acumulado durante la última década. Un trabajo de 2015 descubrió que la presencia de plantas en el hogar reduce los niveles de cortisol, que es un marcador clave del estrés. El resultado es especialmente relevante para mayores de 50, ya que los niveles de cortisol sostenidos en el tiempo están asociados con deterioro del sueño, inflamación crónica y pérdida de memoria.
Para disfrutar de estos efectos no es necesario esfuerzo, ni tampoco interacción activa, como ha demostrado otro estudio de la Universidad de Hyogo en Japón. Esta afirma que solo mirar plantas durante tres minutos puede bajar el ritmo cardíaco y mejorar el ánimo. Y la investigadora Marjolein Elings, de la Universidad de Wageningen, va más allá, argumentando en un estudio que las plantas pueden actuar como estabilizadores del estado de ánimo, promoviendo entornos más saludables tanto en el hogar como en el espacio de trabajo.
Por qué a partir de los 50 su efecto se amplifica
La jubilación, la marcha de los hijos del hogar, la pérdida de colegas cercanos o el fallecimiento de personas conocidas son transiciones que, a partir de cierta edad, pueden derivar en una reducción significativa de los estímulos y los vínculos. En ese contexto, cuidar una planta aporta algo que la psicología considera fundamental y que en ocasiones escasea: un sentido de propósito y logro, ayudando a las personas mayores a mantener una actitud positiva ante la vida. Una planta que se riega, que crece, que florece, nos devuelve la sensación de ser responsables de algo vivo, y de que nuestros cuidados tienen consecuencias visibles.
La dimensión cognitiva es igualmente significativa. Las actividades de jardinería requieren planificar, recordar pasos y tomar decisiones, lo que estimula funciones cognitivas como la memoria, la atención y la orientación. En personas con deterioro cognitivo, estas tareas pueden ayudar a mantener algunas capacidades y favorecer la interpretación del entorno. Otra investigación lo refuta, constando que las actividades hortícolas reducen de forma significativa los síntomas depresivos en personas mayores.
Un antídoto contra el sedentarismo invisible del hogar
A diferencia de actividades como ir al gimnasio o salir a caminar, que requieren de cierta planificación, esfuerzo y desplazamiento, cuidar plantas en casa incorpora movimiento suave de forma natural en la rutina cotidiana: levantarse, trasladar macetas, podar, regar, observar. Dedicar aunque sea 20 minutos diarios a la jardinería tiene grandes beneficios para la salud, e incluso se considera una terapia con nombre propio: la jardinoterapia. Esta actividad reduce los niveles de cortisol y mejora la calidad del sueño en aquellos que la practican.
Si estás pensando en lanzarte a este verde mundo, lo único que debes tener en cuenta es que el perfil de planta ideal para comenzar no requiere conocimientos especiales. El aloe vera, la lavanda (cuyo aroma tiene además propiedades calmantes probadas) o cualquier aromática en la cocina son puntos de entrada sin riesgo. La regla a seguir es la misma que con cualquier otro hábito saludable: es mejor empezar poco a poco y tener éxito que ir a tope desde el principio y acabar abandonando. Lo que cuenta no es el número de plantas que se cuiden, ni tampoco el tamaño de la colección, sino la frecuencia del contacto con algo que crece.
