El hobby que protege tu cerebro del deterioro cognitivo para el que solo necesitas unos prismáticos
La observación de aves puede contribuir a fortalecer nuestras defensas contra el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento
La edad a la que nuestro cerebro empieza a envejecer, según la ciencia
Hay un tipo de persona que sale de casa al amanecer, se queda inmóvil durante varios minutos seguidos, mientras sostiene unos prismáticos, apuntando con precisión quirúrgica y procesa en décimas de segundo decenas de variables como forma del pico, patrón del plumaje, tipo de vuelo, sonido del canto… Todo eso solo para identificar una especie que acaba de aparecer entre las ramas. Lo hacen por placer. Y, sin saberlo, puede estar contribuyendo a fortalecer una de las defensas más eficaces que la ciencia conoce contra el deterioro cognitivo asociado al envejecimiento. La explicación científica detrás de esta idea acaba de reforzarse con las evidencias publicadas en Journal of Neuroscience.
58 cerebros, dos grupos y un hallazgo estructural
En este estudio con 58 adultos, los cerebros de observadores expertos de aves, en comparación con los que no lo eran, eran más densos en áreas relacionadas con la atención y la percepción. Una densidad tisular mayor puede indicar una mayor comunicación entre neuronas, que puede asociarse con una mayor precisión en la identificación de aves.
El equipo afirma que su equipo eligió estudiar a los observadores de aves porque la observación e identificación de aves en su hábitat natural implica una fusión única de áreas cognitivas: «Combina identificación de grano fino, búsqueda visual y atención al entorno inmediato, sensibilidad al movimiento, detección de patrones, la construcción de elaboradas redes conceptuales de diferentes especies relacionadas».
Para medir esto usaron resonancias magnéticas de difusión, que miden el movimiento de moléculas de agua dentro del tejido cerebral, permitiendo identificar zonas más o menos densas. Los expertos tuvieron una precisión media del 99,67 % en el test de familiaridad con aves, frente al 37,32 % de los novatos.
El cerebro envejece más despacio en avistadores expertos
El hallazgo que convierte este estudio en algo más que una simple curiosidad neurocientífica es el patrón de envejecimiento. A medida que envejecemos, la complejidad estructural y la organización del cerebro comienzan a disminuir. Es una tendencia real tanto para observadores de aves expertos como novatos, pero resultaba menos pronunciada en los expertos. Esto sugiere una posible atenuación del deterioro relacionado con la edad, apunta el estudio.
Los beneficios estructurales persistieron, de forma que los expertos de mayor edad mantuvieron sus ventajas estructurales sobre los novatos de similar edad. Los observadores de aves mayores también recordaban mejor caras arbitrarias emparejadas con aves que los principiantes, lo que sugiere que vincular elementos arbitrarios al conocimiento establecido en dominios específicos puede mejorar el recuerdo de información fuera de los dominios conocidos.
Los observadores de aves experimentados tienen diferencias cerebrales que pueden sustentar su notable capacidad para identificar aves desconocidas, lo que sugiere que observar aves puede remodelar el cerebro de la misma manera que aprender un idioma o un instrumento musical. Tales actividades pueden fortalecer la reserva cognitiva, la capacidad del cerebro para resistir el envejecimiento y adaptarse al daño.
El aprendizaje permanente retrasa el Alzheimer
Este estudio llega apenas semanas después de otro trabajo que refuerza la misma hipótesis desde un ángulo diferente. Este encontró que quienes tenían los mayores niveles de enriquecimiento cognitivo a lo largo de la vida desarrollaron la enfermedad de Alzheimer aproximadamente cinco años más tarde y deterioro cognitivo leve siete años más tarde que quienes tenían los niveles más bajos.
Los datos son muy concretos, y nos dicen que las personas en el 10% superior de enriquecimiento cognitivo a lo largo de la vida tuvieron un riesgo un 38% menor de Alzheimer y un 36 % menor de deterioro cognitivo leve en comparación con las del 10% inferior.
Lo que el estudio no puede probar
El estudio no prueba que la observación de aves prevenga el deterioro cognitivo. Presenta un dilema similar al del huevo o gallina, ya que las diferencias cerebrales de los expertos podrían no ser un resultado directo de observar aves. Podría ocurrir que quienes se sienten atraídos por esta actividad ya partan de cerebros estructuralmente más resilientes, o que otros factores del estilo de vida actúen como variables de confusión.
Sin embargo, la especialista en neurología cognitiva Emer MacSweeney señaló que «las áreas cerebrales que parecían más saludables en los observadores expertos de aves son las mismas regiones que utilizamos para la atención, la memoria y el reconocimiento de patrones. Estas áreas nos ayudan a concentrarnos, retener información y dar sentido a lo que vemos, y suelen ser de las primeras en debilitarse con la edad». Y añade: «Mientras que el estudio no llega a afirmar que la experiencia previene enfermedades como el Alzheimer, el concepto de reserva cognitiva está directamente respaldado aquí».
La conclusión que podemos extraer es que salir al campo con unos prismáticos, aprender a distinguir un escribano de un zorzal por su silueta en vuelo o memorizar los patrones sonoros de una curruca es una actividad que activa exactamente las redes neuronales que el envejecimiento se empeña en desmantelar. Y eso, de momento, es suficiente razón para empezar con un nuevo hobby.
