Estado de salud

Por qué muchos mayores de 50 acaban desarrollando alergias: "no siempre resulta fácil distinguir una alergia nueva de un problema viejo mal interpretado"

Con alergias más allá de los 50 años
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Hay una escena que se repite mucho más de lo que parece: alguien pasa media vida diciendo que nunca ha sido alérgico y, de pronto, a los 52, a los 58 o a los 63, empieza a encadenar estornudos, congestión, lagrimeo o una falta de aire que antes no existía. La sorpresa suele venir acompañada de incredulidad, como si la alergia fuera un peaje reservado a la infancia. Pero no lo es. Las alergias pueden aparecer por primera vez en la edad adulta, lo que incluye también edades más avanzadas. Lo que hay que plantearse no es solo cuándo sucede, sino por qué.

La primera respuesta es menos simple de lo que gustaría. No hay un único interruptor que se active a los 50, sino una suma de factores que, juntos, hacen más plausible ese debut tardío. La doctora Marcela Santaolalla Montoya, jefe de equipo de Alergología en el Hospital Universitario HM Sanchinarro, lo resume así: “El inicio de una alergia puede darse en cualquier momento aunque lo más frecuente es que aparezca en etapas tempranas de la vida”. Y añade tres elementos que ayudan a entenderlo: “la exposición intensa a alérgenos, la contaminación ambiental o incluso algunos cambios hormonales”, todos ellos capaces de favorecer “cambios en el sistema inmunológico que desencadenen la respuesta alérgica”.

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Ese punto encaja con lo que describe la literatura médica reciente sobre alergia en mayores. Un repaso publicado en Allergology International sostiene que las enfermedades alérgicas, aunque suelen asociarse a infancia y adolescencia, “a menudo persisten hasta la vejez” y “en ocasiones pueden aparecer por primera vez en los ancianos”. Otra revisión, centrada en rinitis alérgica en población geriátrica, subraya que esta patología está probablemente infradiagnosticada en mayores y recuerda que en este grupo se mezclan cambios fisiológicos de la edad, exposición ambiental acumulada y síntomas que a menudo se confunden con otras cosas. 

No es solo “tener alergia”: también cambia el cuerpo que la recibe

A partir de los 50 no solo pueden cambiar las respuestas inmunológicas; también cambian los tejidos que reciben el impacto del alérgeno. Santaolalla apunta a un factor muy concreto: el envejecimiento de las mucosas. “Provocan más entrada tanto de agentes infecciosos como de alérgenos”, explica, y además “se recuperan y reparan más lentamente”, de modo que los síntomas pueden hacerse “más intensos y crónicos”. No es un detalle menor. Los estudios sobre rinitis geriátrica hablan de alteraciones estructurales nasales, peor aclaramiento mucociliar y una mayor complejidad diagnóstica por la superposición entre rinitis alérgica, no alérgica y otros cuadros nasales propios de la edad. 

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Por eso no siempre resulta fácil distinguir una alergia nueva de un problema viejo mal interpretado. La propia especialista lo explica con claridad: una alergia respiratoria que llevaba años camuflada puede haberse confundido con catarros, sinusitis o “nariz delicada”, mientras que una alergia de aparición reciente puede irrumpir con más intensidad. De hecho, los síntomas clásicos de la rinitis alérgica, es decir, los estornudos, el picor nasal, rinorrea y congestión, se parecen mucho a procesos banales, y esa similitud hace que algunos pacientes no piensen en visitar al alergólogo. 

Alergia

También influye el tipo de exposición acumulada. No se sensibiliza igual quien vive en la costa, con más contacto con ácaros y hongos, que quien reside en zonas del interior con mayor carga de pólenes. Santaolalla insiste en que la alergia respiratoria “va a depender del grado de exposición a cada alérgeno”, y añade otro dato clínicamente muy relevante: las alergias a medicamentos son más prevalentes en la edad adulta, en parte porque con los años aumenta el consumo de fármacos. 

Esa cautela importa especialmente en un grupo de edad en el que conviven con frecuencia hipertensión, próstata aumentada, glaucoma o problemas cardiovasculares. No por casualidad, los expertos recomiendan prudencia con los descongestionantes, ya que pueden empeorar la congestión si se abusa de los sprays nasales, y no se aconsejan en personas con hipertensión, enfermedad cardiaca, glaucoma o problemas prostáticos. 

Lo que más ayuda no es aguantar, sino identificar

El error más común, en realidad, es trivializarlo. Aguantar. Automedicarse. Comprar un spray vasoconstrictor y alargarlo demasiado. O asumir que todo es “cosa de la edad”. Santaolalla insiste en que, si el paciente está muy sintomático, lo primero es aliviar los síntomas, pero “siempre se debe tratar de identificar el alérgeno desencadenante a la mayor brevedad posible”. Esa es la diferencia entre parchear y tratar bien.

En casa, las medidas útiles siguen siendo las menos vistosas: ventilar y limpiar con frecuencia, usar paños húmedos, aspiradores con filtro HEPA y controlar la humedad cuando el problema son ácaros y hongos. Para los ácaros, se recomienda mantener la humedad por debajo de 45-50%, lavar la ropa de cama con regularidad y reducir reservorios de polvo. 

Cuando el enemigo es el polen, conviene recordar que el clima tampoco juega a favor: las revisiones científicas indican que las temperaturas más altas se asocian a temporadas de polen más largas y concentraciones más elevadas, mientras que la contaminación puede aumentar la liberación y la potencia alergénica del polen.  

En otras palabras: no, no es raro empezar con alergia después de los 50. Lo raro, quizá, es seguir pensando que a esa edad el cuerpo ya no estrena nada.