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El jubilado de 102 años que enseña a los más jóvenes a usar el móvil y la IA

Dean Simes, maestro centenario. instagram @mattcrossmp
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En un modesto centro comunitario de Turramurra, un barrio del norte de Sídney, hay un proyector que se enciende sistemáticamente cada semana. Ante la pantalla, con paciencia y precisión, un hombre explica a sus alumnos cómo funciona una notificación de WhatsApp, qué es una fórmula de Excel y por qué no deben pinchar en ciertos enlaces. Sentado frente al display encontramos a Dean Simes, un profesor con nada menos que 102 años, y que se ocupa de guiar a otras personas mayores a través de los vericuetos tecnológicos que encierran los sistemas informáticos actuales. El hombre, que puede ser el mentor tecnológico más longevo de Australia, está literalmente enseñando a sus contemporáneos a mantener el ritmo con el mundo digital. 

La historia de Simes desafía lo que solemos asumir sobre la edad y la tecnología. Tras servir durante la Segunda Guerra Mundial y tener una distinguida carrera en la industria minera, abrazó el aprendizaje continuo durante su jubilación, estudiando tecnología informática en TAFE. La anécdota que lo lanzó a todo esto es tan concreta como reveladora. "Cuando conseguí mi primer ordenador de segunda mano, me vi preguntando a la gente por ayuda", explicó Simes. Entonces decidió aprender más y, sobre todo, ayudar a otros. 

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Lo que resulta aún más sorprendente es la cronología: tenía 75 años cuando inició esta aventura, coincidiendo con el lanzamiento de Windows XP, pues pensó que sus vecinos necesitaban ayuda en el cada vez más importante mundo digital. Curiosamente, él no tuvo su propio ordenador personal hasta los 80 años.

25 años formando mayores en tecnología

Así, en el año 2000 fundó la organización sin ánimo de lucro llamada Computer Pals, una entidad que ha evolucionado al ritmo de los cambios tecnológicos, desde los tiempos de Windows XP hasta las complejidades de Windows 11. El club enseña ahora a los mayores a utilizar herramientas esenciales como Windows, Excel, distintos y WhatsApp. Bajo su dirección, las lecciones del club van desde navegar por Windows 11 hasta distinguir entre enlaces legítimos y maliciosos en Internet. Los alumnos de Simes no son precisamente jóvenes. Vera y Michael Last, un matrimonio que asistió recientemente a una clase de WhatsApp, son un ejemplo de esto. La señora Last, de 94 años, reconoció sentirse "desconectada" de la tecnología, afirmando: "Las cosas parecen deteriorarse en mi pequeña mente, así que necesito toda la ayuda que pueda conseguir." 

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El vocabulario con que le describen sus colegas es contundente. Bill Soper, tesorero de la asociación, afirma que "nos inclinamos ante los conocimientos de Dean en informática". El término "legendario" surge con frecuencia cuando se habla de su experiencia entre los miembros del grupo. 

Además, Simes no se ha quedado anclado en la era de Windows XP., ya que da ejemplo de adaptación y aprendizaje propio al declarar haber utlizado la IA para elaborar lecciones, proyectándolas en una gran pantalla para sus alumnos. Pero con la misma disciplina que lleva décadas aplicando, también advierte sobre sus límites. Las herramientas de búsqueda basadas en IA son prometedoras pero imperfectas. La clave, les dice a sus alumnos, está en la especificidad: "Si haces una pregunta general, puedes encontrarte cayendo en una espiral, y persiguiendo cosas que no tenían nada que ver con lo que quieres."

El reconocimiento institucional y la filosofía de fondo

Su trabajo no ha pasado desapercibido. En enero fue nombrado Ciudadano Local del Año por el Consejo de Ku-ring-gai, un reconocimiento de su profundo impacto en la comunidad. La alcaldesa Christine Kay elogió a Computer Pals como un grupo que "empodera a los ciudadanos mayores para acceder a la tecnología digital y aprender nuevas habilidades." Fuera del aula, Simes lleva una vida que en sí misma parece un argumento contra la pasividad. Partidas de bridge, rutinas de gimnasio para mantener el tono muscular, encuentros con sus seis hijos y hasta trayectos en coche por Sídney.

Su filosofía no tiene trampa ni cartón. "La edad nunca fue un criterio", dice. Es la curiosidad lo que prima, no la fecha de nacimiento. Y para quienes tengan dificultades con la tecnología, el consejo es igual de directo: "Cuando te muestran cómo hacer algo, no te limites a que te lo muestren. Hazlo tú mismo, bajo supervisión, vuelve a casa y hazlo una y otra vez." Eso sí, al mismo tiempo también admite que algún día tendrá que ceder el relevo a alguien más joven, pero aún no ha llegado ese momento. Todavía tiene lecciones que compartir.