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Universidad para jubilados: cuando estudiar se convierte en un hobbie

Fomentan el envejecimiento activo, la estimulación cognitiva y la participación social
Fomentan el envejecimiento activo, la estimulación cognitiva y la participación social. Freepik
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MadridLa jubilación ha dejado de ser un retiro absoluto. Cada vez más personas mayores hacen del aprendizaje una nueva fuente de motivación, descubrimiento y bienestar. Lejos de las obligaciones laborales y las exigencias académicas tradicionales, la universidad para jubilados se ha consolidado como un espacio donde estudiar no es una necesidad profesional, sino que se ha convertido en un hobby enriquecedor y saludable.

Esta modalidad está emergiendo en diferentes universidades y programas alrededor del mundo, dándoles la oportunidad de seguir aprendiendo a las personas mayores, a la misma vez que socializan y expanden sus horizontes intelectuales, culturales y sociales.

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¿Qué es una universidad para jubilados?

Se trata de un programa educativo diseñado específicamente para personas mayores, normalmente a partir de los 50-55 años, que quieren aprender sin la presión de los exámenes y sin la obligación de obtener un título académico tradicional. Estos programas suelen ofrecer cursos no oficiales, talleres, seminarios, conferencias y actividades culturales centrados en el disfrute del estudio y el intercambio de ideas.

A diferencia de los estudios reglados, estas iniciativas están orientadas al enriquecimiento personal. El objetivo es fomentar la curiosidad, la autoestima, la socialización y el pensamiento crítico entre los mayores, no obtener un certificado profesional o un título universitario.

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En España, se pueden encontrar diversas iniciativas de este tipo como el programa UNED Sénior, que ofrece más de 600 cursos y acoge a más de 10.000 estudiantes mayores de 55 años que quieren continuar aprendiendo de diversos ámbitos. La Universidad Permanente de la Universidad de Alicante también está orientada a personas mayores de 50 años que quieren superarse sin necesidad de requisitos previos. También hay programas locales de universidad para mayores en distintas regiones, como el que ofrece la Mancomunidad Sierra Norte, pensado para personas mayores de 55 años que estén interesados en formación universitaria cultural y social.

Además, la Universidad Politécnica de Valencia ha celebrado el 25º aniversario de su Universidad Sénior, lo que es un reflejo de cómo estos programas se han ido consolidando como espacios educativos y de convivencia en nuestro país.

Por qué estudiar en la jubilación

Estudiar en la jubilación responde a una necesidad profunda de estimulación intelectual. Tras décadas en las que el aprendizaje estuvo ligado al trabajo o a la obligación profesional, muchas personas redescubren el placer de aprender por pura curiosidad. Leer, escuchar, debatir y reflexionar activa funciones cognitivas como la memoria, la atención o el razonamiento, ayudando a mantener la mente despierta en una etapa en la que el ritmo suele ralentizarse. El aprendizaje se convierte de esta manera en una especie de gimnasia cerebral, donde no hay presiones ni exigencias.

A este beneficio cognitivo hay que sumar otro aspecto esencial: la prevención del aislamiento social. La jubilación, en muchos casos, implica una reducción drástica de las interacciones sociales. Las universidades para mayores ofrecen un entorno estructurado donde conocer gente con intereses similares, compartir opiniones y crear vínculos estables, asistir a clase, participar en debates o trabajar en grupo rompe la rutina doméstica y genera un sentimiento de pertenencia que resulta esencial para el bienestar emocional.

Otro de los grandes motivos para estudiar en esta etapa es la recuperación del sentido del propósito. Cuando llega el final de la vida laboral, no es extraño experimentar una sensación de vacío o pérdida de identidad. Volver a estudiar, marca objetivos, rutinas y motivaciones.

El estudio en la jubilación también tiene un impacto positivo en la autoestima y la confianza personal. Muchas personas llegan a estos programas con la idea de que ya es tarde para ellos. No obstante, se dan cuenta de que pueden continuar aprendiendo, comprendiendo, reflexionando y participando en debates intelectuales, reforzando su percepción de competencia y valía personal. Aprender sin miedo al error y sin evaluaciones fomenta una relación más sana y amable con el conocimiento.

Desde un punto de vista emocional, estudiar actúa como una fuente de bienestar y disfrute. El aprendizaje se convierte en una actividad placentera, comparable a otros hobbies culturales como viajar, leer o asistir al teatro. Escoger libremente qué estudiar, transforma la experiencia educativa en un espacio de disfrute personal, creatividad y descubrimiento, algo especialmente valioso en una etapa en la que el tiempo puede vivirse con mayor conciencia.

Por último, estudiar en la jubilación también favorece una mirada más abierta y actualizada del mundo. Las universidades para mayores suelen abordar temas contemporáneos que permiten mantenerse conectado con la realidad presente. Este contacto continuo con nuevas ideas contribuye a evitar el estancamiento intelectual y favorece una actitud activa, curiosa y participativa ante la vida.

Muchas personas jubiladas cuentan que participar en estos programas ha transformado su visión del tiempo libre. Lo que antes podía ser inactividad o monotonía se convierte en una rutina llena de estímulos intelectuales, encuentros significativos y conversaciones profundas. Algunas, incluso, descubren nuevos intereses o talentos creativos que desconocían tener.