Cómo ir organizando desde ya el cuidado de tus mayores mientras cuidas a tus hijos (conciliar, recursos, impacto emocional y estrategias para evitar sobrecargarse)
Edadismo: cómo reconocerlo y cómo responder (sin perder la elegancia)
Madrid“El futuro no está escrito”, dice una máxima. Y aunque puede ser así en muchísimos aspectos de la vida, en otros sucede lo contrario: que tenemos la capacidad de anticiparnos para prepararnos para lo que va a suponer un cambio radical en nuestro día a día.
Una de esas modificaciones sucede cuando se aproxima la edad en la que los padres comienzan a necesitar de cuidados. Puede ser una situación que resulte estresante y ante la que haya que gestionar episodios de preocupación o incluso ansiedad. Hay que tener en cuenta que si, además, coincide con un momento en el que aún haya hijos al cargo, la situación se complica: es lo que le pasa a la famosa generación sándwich, que se ve obligada a cuidar al mismo tiempo a progenitores y descendientes.
Sin embargo, prever esa nueva realidad para ir amoldándose mentalmente, buscar soluciones y diseñar estrategias, puede resultar muy útil para que el proceso sea más llevadero. Aquí van una serie de consejos y recomendaciones.
Trabajar y cuidar, cuestión de equilibrio.
La necesidad de atender a un familiar trae aparejada la primera de las encrucijadas: la de la vida personal versus la vida laboral. Es posible encontrar un equilibro gracias al Estatuto de los Trabajadores, que ampara el derecho del trabajador a solicitar una adaptación de la jornada en caso de necesitar cuidar a un familiar dependiente sin necesidad de reducirla. Eso sí, es un derecho y no una exigencia, así que la empresa puede negarse, aunque su obligación es la de permitir, de alguna manera, esa conciliación que a veces se parece tanto a hacer de funambulista. Por eso, para prever cualquier posible escenario con antelación es conveniente estudiar casos similares o políticas habituales de la empresa con el fin de llegar a la mejor solución posible.
¿Qué recursos hay para el cuidador?
Seamos realistas: el cuidado de un familiar implica gastos. Muchas veces, aunque se busque adecuar la realidad laboral, hay que buscar ayuda externa para que esa persona esté correctamente atendida. La Ley de Dependencia, gestionada por las comunidades autónomas, ofrece recursos, aunque a veces puede ser no suficiente. Por eso, conviene hacer una estimación de ingresos y de gastos a medio y largo plazo, con el fin de asegurar la viabilidad del servicio -sea un cuidador o una residencia- y también tener una previsión de la evolución de las necesidades. Muchas veces, hay gastos que no suelen tener en cuenta como son la necesidad de adquirir equipamiento o practicar reformas en la vivienda para garantizar la accesibilidad.
Cómo sobrellevar el impacto emocional
Convertirse en cuidador desencadena una serie de impactos emocionales para los que hay que prepararse psicológicamente. Para empezar, hay que entender que exige de la persona que adopta ese rol una disponibilidad y una demanda que pueden llegar a ser importantes. Ante esa responsabilidad sobrevenida, son muchos los que pueden sentirse desbordados o experimentar una sensación de culpa, si les resulta imposible encargarse o si, en una decisión que depende exclusivamente de cada uno, renuncia. Es en ese momento cuando pueden surgir dudas de cómo verá la sociedad una decisión que puede tildarse de ‘egoísta’ o enfrentarse a un estigma social, presiones externas ante las que es fundamental prepararse desde un punto de vista psicológico, acudiendo a un profesional si es necesario.
El riesgo de las sobrecargas
Aunque uno haya entendido lo que supone cuidar a un familiar, la realidad siempre difiere de lo que uno imaginaba que iba a ser. Atender a alguien implica, sí o sí, reducir el tiempo que uno destina, además de a la pareja o de al resto de la familia, a uno mismo. Para evitar el ‘burnout’ del cuidador hay que buscar huecos para uno mismo, de modo que uno no llegue a ‘quemarse’. Además de cuidar el ocio propio, es necesario dormir bien, llevar una alimentación adecuada y solicitar apoyo cuando sea necesario, tanto de allegados como de grupos de autoayuda formados por personas que estén viviendo o hayan vivido situaciones similares. Anticipar que surjan situaciones de este tipo es la mejor manera de prevenirlas, porque es imposible que una persona enferma pueda cuidar de otra. Toca ahora recordar otra máxima: el cuidado es una carrera de fondo y nunca un ‘sprint’.



