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Bienestar

Tu cuerpo está cambiando: descubre qué es normal (y no deberías preocuparte) y qué no

Tu cuerpo está cambiando
Con la edad, el cuerpo cambia. Getty Images
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Nuestro cuerpo es para toda la vida. Salvo que los científicos inventen alguna manera de cambiarnos de ‘envase’, como sucede en algunas películas de ciencia-ficción, lo que tenemos es lo que hay. Y la realidad es que, con la edad, el cuerpo cambia y con él experimentamos nuevas realidades.

A partir de los 55 años nuestra energía, la piel, el pelo, nuestro metabolismo o la masa muscular cambian aunque no queramos. Pero no hay por qué alarmarse (o no siempre, al menos): aquí te contamos qué es perfectamente normal y qué no. Y también cómo actuar. Lo que sigue es una guía práctica para adaptarse a los cambios sin preocuparse de más.

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¿Cuánta pérdida de energía es normal?

Un enorme porcentaje de la sociedad se declara “cansado”, independientemente de la edad. El ritmo de vida, las responsabilidades, las preocupaciones… forman un cóctel que se encarga de drenar la energía, dejando la batería del cuerpo como la de un teléfono móvil después de un día intensivo en redes sociales.

A esto se suma el efecto ‘sándwich’, que hace que muchas personas, al entrar en la quinta década de su vida, deban ocuparse de sus padres al tiempo que lo hacen de sus hijos. Una situación que exprime incluso al que siempre parece tener pilas de sobra. Eso sí, ante episodios de cansancio extremo, energía constante por los suelos, analíticas sospechosas… mejor acudir al médico cuanto antes.

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Adiós al sueño profundo y reparador, ¿o no?

Los expertos lo recuerdan: uno no puede dormir como un bebé cuando uno ya no lo es. Puede parecer de perogrullo pero, así es. Se descansa peor a medida que se cumplen años, porque disminuye la producción de melatonina, una hormona que es clave en la regulación del sueño.

También pueden asomar otros enemigos del descanso como la incontinencia urinaria o alguna patología médica. Cuando aparezcan periodos prolongados de insomnio o sensación de levantarse peor de la cama que cuando uno se acostó, toca pedir ayuda a un especialista.

Perder masa muscular es algo normal… hasta cierto punto

Otro de los cambios a los que el cuerpo se enfrenta irremediablemente. Aunque no hay fórmula mágica que contrarreste la pérdida de la masa muscular, sí que hay unanimidad en que el ejercicio físico -específicamente las rutinas que tienen que ver con la fuerza-, es un arma poderosa para mantenerla a raya.

Hay señales de alarma: por ejemplo, la incapacidad para levantarse de la silla a no ser que sea apoyándose, la dificultad de levantar objetos con un cierto peso o una sensación exagerada de debilidad en las piernas. Son signos de falta de entrenamiento y puede ser buena idea recurrir a un preparador para buscar las tablas de ejercicios idóneas.

Cuando el metabolismo comienza a ir des-pa-ci-to

La pérdida de masa muscular, unida a los cambios hormonales y a una menor actividad física están detrás de la conocida ralentización del metabolismo pasados los 50. Con este freno, llega el temido aumento de peso que, si es moderado, entra dentro de lo previsto. El problema llega cuando los kilos se acumulan.

El ejercicio es, de nuevo, un aliado al que agarrarse: nada acelera el metabolismo como una buena sesión cardiovascular. También es importante regular el tamaño de las comidas: a medida que se cumplen años, la cantidad de calorías que requiere el organismo disminuye. La receta perfecta debe incluir raciones más pequeñas, pero con todos los nutrientes necesarios,

Una piel que siga lustrosa es posible

Es importante cuidar la alimentación para que la piel luzca lo más sana posible. Las grasas saturadas y el azúcar son especialmente peligrosos: ambos pueden promover la glicación, una reacción química que implica pérdida de colágeno y elastina, así como inflamación. También es necesario abandonar el tabaco y el alcohol, otros dos aceleradores natos del envejecimiento. Finalmente, hay que evitar la exposición al sol sin protección, y mantener una rutina a base de exfoliantes e hidratantes seleccionados acorde con la edad y el tipo de piel.

En defensa de la melena

Los cambios hormonales son también los responsables de que, a cierta edad, el pelo se vuelva menos denso y más quebradizo y frágil. En el caso de los hombres, la caída puede acentuarse a partir de los 50. Toca ponerse manos a la obra, antes de que la situación llegue a un punto de no retorno. Como en el caso de la piel, es importante la prevención para no lamentarse después: cuesta más insuflar vida a un pelo estropeado que cuidarlo con cariño para no llegar a ese punto.

Los expertos recomiendan hidratación y nutrición con productos de calidad y adaptados a pelo maduro, con sustancias que pueden nutrir y fortalecer la fibra capilar, como el aloe vera o el aceite de almendras. Ayuda también protegerse (de nuevo) del sol y apostar por una alimentación rica en vitaminas. Que en la cesta de la compra entren con asiduidad pescados, frutos secos o lácteos puede ayudar.

En el caso del pelo también es importante la autoestima: hacerse cortes modernos, aceptar las canas con dignidad y lucir un cabello largo y plateado garantizan un subidón de amor propio contra el que no hay envejecimiento que valga.