Viajes

El grupo de amigos que ha viajado a 26 ciudades del mundo por orden alfabético desde hace 30 años

El grupo en su parada en Xàbia, en 2023. A to Z Club
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Todo empezó, como tantas historias memorables, con una buena dosis de alcohol. El año era 1994 y un puñado de amigos irlandeses se había reunido en un hotel de Irlanda del Norte para celebrar la despedida de soltero de Colin Cather. Comieron, bebieron, se abrazaron. Los "te quiero, tío" fluían tan libremente como la Guinness.

A la mañana siguiente, resacosos y con las cabezas pesadas, rehacían mentalmente los excesos de la noche anterior. Cather, entonces con 26 años, miró alrededor de la mesa. Aquellos eran sus mejores amigos. Sabía que, en poco tiempo, casi todos tendrían familia, hipoteca y una serie de responsabilidades que harían que fuera casi imposible verse. Entonces expresó en voz alta lo que pensaba: ojalá pudieran reunirse más a menudo. "¿Podemos tener una falsa despedida de soltero cada año?", bromeó Chris Patterson, que entonces tenía 25. La broma se convirtió en plan. El plan se convirtió en leyenda.

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El alfabeto como mapa

Alguien propuso usar las letras del abecedario como guía. Recorrerían el mundo letra a letra, eligiendo ciudades en orden alfabético: Aberdeen, Brighton, Caen, Düsseldorf, Eastbourne... hasta llegar a la Z, que en inglés se pronuncia "Zed". Patterson volvió a Londres, donde trabajaba como consultor, y diseñó papel de carta personalizado inspirado en la guía de mapas A-to-Z de la ciudad. No todo el mundo tenía correo electrónico, así que envió las invitaciones a la antigua usanza.

El 10 de junio de 1995, seis de esos hombres, que se conocieron bien en el ejército británico, o bien llevaban siendo amigos desde la escuela primaria, se reunieron para la reunión inaugural del A to Z Club en Aberdeen, Escocia, dando inicio a una tradición de 30 años que los ha llevado por todo el abecedario.

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Esos seis miembros son Colin Cather, Chris Patterson, Brian McKenna, Neil Hughes, Graham Dunlop y Mike Murdoch. Aquella primera noche redactaron estatutos sobre el reverso de un menú, que firmaron con tinta. Determinaron que sus viajes serían en fines de semana, y de este modo, durarían de viernes a domingo, con una cena de gala el sábado en la que el esmoquin era obligatorio. No se podrían unir extraños al club y la presidencia rotaría entre los miembros. Patterson enmarcó el menú y lo colgó en su pared, donde sigue hoy en día. 

De Cracovia a Zaragoza: la vida en el camino

El itinerario completo recorre décadas de historia compartida: A (Aberdeen), B (Brighton), C (Caen), D (Düsseldorf), E (Eastbourne), F (Falmouth), G (Granada), H (Hamburgo), I (Inistioge), J (Jerez), K (Cracovia), L (Lille), M (Madrid), N (Nueva York), O (Oxford), P (Portmarnock), Q (Quimper), R (Roma), S (Estocolmo), T (Toledo), U (Utrecht), V (Virginia, Irlanda), W (Varsovia), X (Xàbia), Y (Ypres) y Z (Zaragoza). 

No todo salió según lo previsto. El año que fueron a Varsovia, McKenna sufrió una disección aórtica y no pudo viajar. Mike Murdoch, militar de carrera, cayó con meningitis y se perdió Madrid. "La meningitis es mucho menos divertida que Madrid, según me han dicho", comentó con sorna. El COVID también arruinó algún año. Y algunas letras obligaron a tener una dosis extra de creatividad: la Q llevó al grupo a Quimper, en Bretaña; la X a la localidad valenciana de Xàbia.

En septiembre de 2024, treinta años después de empezar, los seis completaron la vuelta al abecedario en un Airbnb de Zaragoza. Se toparon con un festival de Star Wars y cantaron canciones irlandesas en bares locales hasta las dos de la mañana. Ese fin de semana fue el cierre perfecto de todo eso que comenzó aquella noche de 1994, ya que el A to Z Club empezó con la despedida de soltero de Cather, pero justamente acabó con su divorcio, ocurrido ese mismo año.

Cuando el fervor juvenil dejó paso a la amistad madura

Lo más revelador del A to Z Club no es la logística, sino la transformación humana que produjo. Al llegar a las letras centrales del alfabeto, los hombres dejaron de limitarse al vacile y los insultos cariñosos para empezar a hablar de verdad, compartiendo sus experiencias en matrimonios con tensiones, las dificultades en el trabajo, su propia salud mental, el vacío de los hijos que se van y de los padres que envejecen… La bravuconería se había evaporado.

"Antes, una grieta en la armadura era un blanco", dijo Patterson, ahora retirado y viviendo en Manhattan. "No querías contar nada embarazoso. Ahora es una oportunidad para tener una conversación más profunda." Y Cather resumió con una frase la naturaleza irrepetible de lo que habían construido: "No puedo hacer amigos tan viejos como ellos. Aunque conocieras a alguien hoy, ¿tendrías realmente 45 años más por delante?” Esa certeza lo hace todavía más valioso. "A to Z es mi diana: el círculo más privado." terminó afirmando. 

De este modo, lo que estos seis irlandeses hicieron por intuición lleva décadas siendo confirmado por la ciencia. El Estudio de Desarrollo del Adulto de Harvard, el estudio sobre la felicidad más largo de la historia, ha seguido a 724 hombres desde 1938. Su conclusión principal es que las buenas relaciones nos mantienen más felices, más sanos y nos ayudan a vivir más tiempo. El nivel de satisfacción con las relaciones a los 50 años resultó ser mejor predictor de la salud a los 80 que los niveles de colesterol.

Ahora, con el abecedario ya completado, estos amigos decidieron volver a abrir el círculo, y empezar de nuevo desde la A, con la comprensión tácita de que probablemente no todos llegarán a la Z una segunda vez. Pero la Z, en realidad, nunca fue el objetivo.