Salud mental

Tres hábitos diarios para desafiar a nuestro cerebro después de los 50, según una neurocientífica

Desafiar el cerebro
A partir de los 50 el cerebro requiere más atención específica. Getty Images
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A partir de los 50 años el cerebro no se 'estropea', sino que entra en una fase de reorganización. Menos velocidad en algunos procesos, más eficiencia en otros. Menos automatismo, más estrategia. No cambia tanto el número de neuronas, sino cómo se conectan. Aunque la memoria episódica pueda ser menor, el juicio, la regulación emocional y la capacidad de sintetizar información compleja alcanzan su punto máximo. Se podría decir que, a pesar de los cambios hormonales y estructurales, la experiencia acumulada se convierte en nuestra principal herramienta cognitiva.

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Sin embargo, también es cierto que se abre una etapa en la que el cerebro requiere una atención más específica. La ciencia ha demostrado que mediante hábitos estratégicos es posible no solo frenar el declive, sino potenciar la reserva cognitiva. La neurocientífica Ana Ibáñez, autora de 'Neurociencia para la vida real' (Planeta), nos desgrana algunos hábitos que, aplicados al día a día, pueden blindar nuestra salud mental.

Forzarte a hacer cosas de manera distinta

El cerebro eficiente tiende a automatizar. Eso ahorra energía, pero reduce estimulación. Cambiar rutinas obliga a activar circuitos menos utilizados. "El cerebro sigue siempre el mismo camino neuronal y viene muy bien desafiarle. Lo que puedes hacer es de manera consciente decir 'voy a ir al trabajo por un camino distinto al habitual' o 'voy a hacer esto con la otra mano en vez de con la que lo estoy haciendo", forzarte a ser más flexible", cuenta la experta.

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Todo esto incrementa la demanda cognitiva y estimula la plasticidad sináptica. "Incomodar a nuestro cerebro es un hábito diario muy bueno que nos ayuda a ejercitarlo, a flexibilizarlo y que nos viene muy bien", añade.

Movimiento (diario, no ocasional)

Aquí la evidencia es especialmente sólida. El ejercicio no solo mejora el cuerpo, sino que modifica directamente el cerebro. "Nuestro cuerpo hace que la mente funcione mejor. El cerebro se beneficia mucho del ejercicio físico", apunta Ibáñez. "Muchas veces hacemos demasiado poco; no significa matarte en el gimnasio, pero sí dar un paseo, moverte, bailar, subir escaleras en vez de coger el ascensor... el movimiento físico es fundamental para que nuestro cerebro tenga energía, porque se eso se trata, de tener energía", apostilla.

Permitirse un placer culpable

La experta recomienda reservar al menos 20 minutos al día en los cuales se haga algo solamente por el placer de hacerlo, sin un objetivo concreto. Puede parecer frívolo pero no lo es. Tiene implicaciones profundas. Cuando se hace algo sin objetivo -como dibujar, escuchar música, ver una serie o pasear sin rumbo- se activa la red por defecto del cerebro asociada a la creatividad, la consolidación de la memoria y la regulación emocional.

"Es una manera de darle un regalo al cerebro, de que pueda disfrutar, de que no le pidas nada, y esto es una manera de regenerarle, de que baje su nivel de activación, de que regule su sistema nervioso. Es un hábito muy saludable", asegura la neurocientífica. "Pero lo tienes que hacer conscientemente de que esos 20 minutos te los regalas a ti mismo. Yo lo llamo placer culpable porque estamos acostumbrados a hacer cosas que tienen un objetivo, y esto es lo contrario", finaliza.