Ted Danson, sobre el susto de muerte que le hizo cambiar sus prioridades: “Ahora medito dos veces al día”

El icónico actor de 'Cheers', a sus 78 años, ha revelado un episodio médico que le hizo plantearse su propia muerte
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Hay confesiones que se brotan de forma natural, sin pensárselo dos veces, que son casi como accidentes. Es el caso de Ted Danson, que no tenía previsto hablar de mortalidad, pero a sus 78 años, acabó haciéndolo de todos modos. Fue en el episodio del 6 de mayo de su podcast con Woody Harrelson, cuando el actor abrió una grieta en su discurso habitual y dejó asomar algo más profundo que una simple anécdota: la toma de conciencia súbita de que el tiempo, también para él, tiene un límite.
Un susto que ni él, ni nadie esperaba
"Lo último que me impactó y que fue muy liberador fue que tuve un pequeño susto de salud", dijo Danson. "Estoy totalmente bien, pero fue como: 'Oh, bueno, eso es real.'" No reveló la naturaleza exacta del problema médico, pero sí su efecto: la sensación de que la mortalidad había dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en algo inequívocamente presente y casi tangible.
Lo curioso es que dicho problema no estaba provocado por nada en concreto, ni tampoco podía preverse, tal y como indicaba su invitada en este episodio del podcast, Valerie Bertinelli. La experiencia de Danson: no tenía una causa clara, ni había ningún comportamiento al que culpar. Ningún "si hubiera...". Danson lo tomó como un regalo en sí mismo. "Fue muy humillante y tranquilizador", dijo. "Y estoy bien, ¿sabes? Pero fue, creo, lo mejor que me pudo haber pasado."
Sin nombrar el problema, el actor reconoció que la experiencia forzó un ajuste vital que había estado posponiendo: "Es la verdad. La mortalidad es algo real, ¿sabes? No es solo un rumor. Ted Danson no tiene vía libre."

De promesa incumplida a práctica diaria
La transformación que siguió a este susto no fue solo palabrería. sino que se tornó en actos concretos, cotidianos e inmediatos. Sus cambios de estilo de vida fueron evidentes, y a partir de este incidente comenzó a meditar dos veces al día con su esposa, la galardonada actriz Mary Steenburgen, de 73 años.
La confesión que acompañó a ese anuncio tiene toda la honestidad incómoda de quien ha estado mintiéndose a sí mismo durante años. "Siempre he hablado de ello y he mentido al respecto", dijo entre risas. La meditación era, para Danson, una de esas prácticas que se presupone uno tiene incorporadas cuando vive una vida aparentemente consciente, pero que en realidad nunca había arraigado del todo.
Ahora sí. Y lo que le ha dado, según él mismo, no es serenidad ni salud en sentido técnico, sino algo más valioso y más difícil de cuantificar. "El mayor regalo de todos es que puedes sentir curiosidad por los demás. Puedes escuchar y puedes ser comprensivo, cariñoso, puedes ser testigo de ellos. Y creo que el resto de mi vida consiste en ser curioso y escuchar. Es lo mejor que puedo ofrecer."

Una carrera que no se para
Danson pasó 11 temporadas como Sam Malone en Cheers y posteriormente trabajó en Curb Your Enthusiasm o The Good Place, protagonizando más recientemente El Hombre Infiltrado. Ha ganado dos premios Emmy y ha sido una de las presencias más fiables de la televisión durante más de cuatro décadas.
El y su mujer, Mary Steenburgen están casados desde 1995 y el año pasado recibieron juntos el Bob Hope Humanitarian Award en los premios Emmy. Lejos de atisbar una bajada de ritmo de trabajo, el actor sigue teniendo una agenda que grita lo contrario a lo que muchos esperarían de la vejez, ya que su última serie ha sido renovada el pasado mes de febrero por una tercera temporada, y presentará la docuserie de History Channel Extraordinary Origins with Ted Danson, sobre descubrimientos que han dado forma al mundo moderno.
El susto, precisa Danson, no alteró sus planes. Transformó su comprensión de para qué sirven esos planes. "El dolor", dijo, te ayuda a "llegar a la alegría y todo eso." Una fórmula que parece simple pero que, en boca de un hombre de 78 años que acaba de mirar de frente a su propia fragilidad, adquiere el peso de una certeza ganada, no heredada.

