El amor de Pilar Eyre por sus 17 perros adoptados: "Cuando uno muere, dejo un mes de duelo y adopto otro"
"En todas mis novelas salen perros, y nunca mueren", afirma Pilar Eyre. Analizamos su amor por los canes
Gypsy, el perro de Antonio Banderas que canta ópera con él: "Se viene arriba"
La periodista y escritora barcelonesa lleva toda la vida haciendo lo que muchos solo prometen: adoptar perros en lugar de comprarlos. Con más de una veintena de libros publicados, tres décadas en televisión y 17 perros rescatados de protectoras, Eyre es una mujer coherente entre lo que dice y lo que hace, y lo pone en práctica de una forma tan natural como respirar. Con 74 años y Brody a sus pies mientras escribe lo que considera la obra más importante de su carrera, Pilar Eyre habla de una relación que trasciende la mera compañía.
Pero comencemos por el principio. La autora nació en Barcelona en 1951, es Licenciada en Filosofía y Letras y en Ciencias de la Información, e inició su carrera con colaboraciones en periódicos y revistas como El Mundo, La Vanguardia, El Periódico de Catalunya e Interviú, antes de dar el salto a la televisión. Fue finalista del Premio Planeta 2014 con ‘Mi color favorito es verte’ y ganadora del Premio Joaquín Soler Serrano en 2015. Pero hay una constante que atraviesa su vida con igual intensidad que la escritura, y que tiene cuatro patas.
Diecisiete perros, todos de protectora
El número puede parecer exagerado e impresionar incluso a quien ya conoce a la escritora: 17 perros a lo largo de su vida, sin excepción, adoptados de protectoras. "Desde pequeña he vivido con perros; a mi madre le encantaban", explica en una entrevista a La Vanguardia. "Antes vivía fuera de Barcelona y había llegado a tener tres a la vez, ¡imagínate!"
La regla que ha seguido siempre es tan sencilla como reveladora: "Cuando se me muere uno, dejo pasar un mes de duelo y luego adopto otro." En 2022 tuvo que despedirse de Fender, con quien había compartido grandes momentos. Un año antes también perdió a Dana, una caniche de 17 años, sorda y casi ciega, a quien adoptó cuando los hijos de su dueña fallecida no quisieron hacerse cargo de ella. "Adiós, Dana, llegaste a mi vida hace solo dos años, cuando ya tenías quince. Te abriste paso hasta mi corazón a golpe de cariño, y hoy te lloro, porque esa es la única pena que nos causáis, moriros tan pronto. Nunca te olvidaré, pequeña", escribió en su momento.
Tras la pérdida de Fender, la nuera de Eyre rastreó protectoras hasta dar con Brody. Estaba en Córdoba, donde iban a sacrificarlo. Lo trasladaron a Cataluña y a los quince días lo encontraron. "Fui a buscarlo a la protectora de Barcelona y fue amor a primera vista. Brody se echó a mis brazos nada más verme. Aún conservo la foto de ese momento."
En la protectora se llamaba Pulgarcito. Duró poco ese nombre. "Mi serie favorita es Homeland y el protagonista se llama Brody. De ahí que bautizara a mi perro con ese nombre." Este pequeño es una mezcla de Jack Russell y bodeguero, y hoy pesa 8 kilos, el doble que cuando llegó, para disgusto de su hijo Ferri. El animal ha conquistado también el despacho de la escritora: "Yo me paso ocho o nueve horas al día escribiendo en el ordenador, y Brody se tumba en su camita, que pongo debajo de mi despacho, y pasa muchas horas bajo mi mesa mientras yo escribo."
Los perros nunca mueren en sus novelas
Hay una norma literaria que Eyre se ha impuesto a sí misma y que no ha roto en ninguno de sus más de 24 libros: "En todas mis novelas salen perros, y nunca mueren. Pueden hacerlo el resto de personajes, pero ellos, jamás." La consecuencia más extrema de esta decisión la vivió en ‘Un perfecto caballero’: "La gente no se ha dado cuenta de que, si calculan, al final del libro el perro tendría 35 años. Es la historia de una familia, pasan los años, y el perro continúa vivo hasta el final."
Sin embargo, hay una anécdota que supera a todas, e incluso a la ficción. Cuando Bakunín, uno de sus perros anteriores, desapareció una noche en el barrio del Born de Barcelona. Eyre lo buscó con amigos durante horas y acudió a la policía. Días después sonó el teléfono: eran sus secuestradores, que pedían dinero para devolverlo. "Al reencontrarnos, Bakunín quería quedarse con ellos, no venir conmigo. Los secuestradores también se habían encariñado con mi perro, e incluso les dio pena devolverlo. ¡De lo más surrealista!"
Camina cada mañana con su perro
Lo que muchos desconocen es que Pilar Eyre lleva más de cinco décadas viviendo con un solo pulmón. Con 20 años sufrió una tuberculosis, el pulmón izquierdo no respondió al tratamiento y tuvieron que extirparlo. "Cuando eres joven te crees inmortal y que puedes salir de todo. Luego sí supe que podía haberme muerto y el tema de la salud me lo he cuidado mucho", explica. Hace vida completamente normal, y Brody contribuye a ello de forma directa: "Con Brody, al ser un joven muy nervioso, salimos mucho y cada mañana lo llevo de paseo, y eso también me obliga a mí a hacer ejercicio. Ya soy mucho de moverme, pero mi perro aún me estimula más."
La convivencia con Brody no tiene zonas grises. "Me llevo a Brody a todos los sitios, incluidas tiendas y la peluquería." Los restaurantes sin admisión de animales quedan directamente descartados. "Hay un restaurante muy chulo cerca de mi casa al que va todo el mundo, pero, como no aceptan perros, me niego a ir." Y lo confiesa sin el menor atisbo de disculpa: "Como no tengo nietos, con él soy un poco abuelilla, más cariñosa y protectora."
