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Performative reading: la nueva tendencia en la que presumir de libros en redes importa más que leerlos

Dua Lipa y uno de los libros de su club de lectura
Dua Lipa y uno de los libros de su club de lectura. (Instagram)
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Seguramente en algún momento has visto a tu hijo o tu nieta de la Generación Z fotografiar un libro para Instagram, hablar de cuántos títulos llevan leídos este mes o hacerse un vídeo para TikTok con una pila de novelas. Lo que quizás no sabías es que esto tiene nombre, y a la vez es tanto un debate global como una paradoja fascinante, ya que gracias a esto se están vendiendo más libros que nunca.

Se llama performative reading, que podríamos traducir como "lectura performativa" o, más directamente, lectura de escaparate. Y es una de las tendencias culturales que más se está discutiendo en el mundo anglosajón: la práctica de exhibir libros en redes sociales no tanto por el placer de leerlos como por la imagen que proyecta hacerlo.

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El fenómeno Booktok

Qué es BookTok

Para entender de dónde viene todo esto, hay que conocer el ecosistema en el que nació. TikTok es una plataforma de vídeos cortos que usan masivamente los menores de 35 años. Dentro de ella existe una comunidad llamada BookTok, que significa literalmente "libros en TikTok", donde millones de jóvenes comparten reseñas, reacciones, recomendaciones y, sobre todo, imágenes de sus lecturas.

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BookTok es la tendencia digital que ha dado nueva vida al mercado mundial del libro desde 2020. El hashtag ha sido un trampolín para autores anónimos y autoras desconocidas, aumentando el número de personas que leen entre las generaciones más jóvenes.

En España, el impacto ya es visible en las librerías físicas. Numerosas librerías en España han creado ya secciones específicas de "BookTok" donde colocan los títulos más recomendados por estos creadores, muchos de ellos obras que llevaban años publicadas y que han encontrado una segunda vida gracias a las redes sociales. 

Una sección booktok en una tienda de libros

La trampa del libro como accesorio

Aquí es donde entra el matiz que a muchos mayores de 50 les resultará familiar desde otro ángulo. El performative reading es una tendencia que ha descendido desde el mundo de las celebridades hasta los mortales de a pie. La conclusión a la que llegan quienes la estudian es que, para una parte creciente de la generación Z, resulta más valioso ser visto leyendo un título impresionante que leerlo de verdad. El supuesto lector quiere que "todo el mundo sepa" que lee. Está señalando que tiene el "gusto y la capacidad de concentración" para "coger un libro físico" en lugar de "ponerse los AirPods".

Para algunos miembros de la generación Z, los libros se han convertido en un símbolo no de inteligencia sino de "atractivo", según Allegra Handelsman en The Times. Un "accesorio" que se lleva con un buen conjunto, metido en el fondo de un bolso de diseño o una tote bag pretenciosa. El resultado tiene sus imágenes características: creativos tatuados fumando cigarrillos mientras miran fijamente las Meditaciones de Marco Aurelio en una playa de Ibiza, o jóvenes que fotografían una novela de Dostoievski en la mesilla sin haber pasado de la página doce. 

BookTok es "intrínsecamente performativo", con libros de moda que se vuelven virales no por la calidad de la literatura sino porque sugieren una estética pseudointelectual cada vez más de moda. Y cuando la lectura se convierte en una competición, con innumerables usuarios presumiendo de haber leído más de 35 libros en un solo mes, la calidad cede terreno ante el demostrar que eres un lector voraz.

¿Esto es nuevo? No del todo

Quien haya vivido los ochenta o los noventa recordará que el postureo cultural no es exclusivo de TikTok. Los discos de vinilo que casi nunca se ponían, los clásicos en las estanterías del salón para visitas, los periódicos doblados de cierta manera en los cafés… La exhibición de capital cultural es tan antigua como la cultura misma.

La "mercantilización del intelecto" con los libros no es nueva, ni tampoco el postureo social a través de ellos. Pero lo que sí es nuevo es la forma desvergonzada en que las redes sociales apoyan esa idea de los libros como un accesorio, en lugar de un arte. Lo que ha cambiado es la escala y la velocidad: lo que antes era un gesto en el salón de casa, ahora llega a miles de seguidores en cuestión de segundos. 

El giro que convierte este debate en algo menos apocalíptico de lo que parece es que la viralidad de la literatura ha llevado a un aumento en las ventas de libros, y desde 2023 se vienen superando los niveles generales de venta más elevados, siendo la generación Z uno de los grandes motores de esas ventas.

Es decir, aunque una parte de esos jóvenes solo pose con los libros, otro porcentaje significativo está comprándolos, entrando a las bibliotecas y, a su manera, volviendo al objeto impreso en una era donde todo es pantalla. Eso, para quien lleva décadas creyendo que los jóvenes ya no leían, es una noticia que merece ser celebrada sin demasiados peros.