Decoración

Cinco errores arquitectónicos que arruinan la terraza de tu casa

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Terraza. Redacción Uppers
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Con la llegada del buen tiempo, la tentación suele ser siempre la misma: comprar unas plantas bonitas, hacerse con una mesa nueva y poner unas guirnaldas de luces. Pero el confort real de una terraza no se decide al entrar en una tienda de decoración, sino mucho antes, con decisiones que pocas veces se llegan siquiera a plantear. Los expertos ya avisan de que una terraza puede estar decorada a la perfección y, aun así, ser un espacio inhabitable la mayor parte del año. El problema no está en lo que se ve, sino en lo que se planificó (o no se planificó) desde el principio.

1.- No estudiar la orientación solar ni el viento

El primero y más extendido de los errores es tratar el exterior como un decorado, sin analizar previamente cómo se mueve el sol y el aire por ese espacio a lo largo del día y del año. El resultado, según advierten desde DmasC Arquitectos, puede ser un solárium que en la práctica resulta inhabitable por exceso de calor, o una zona de comedor que nunca recibe sombra cuando más se necesita.

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Esta recomendación coincide con lo que defienden otros estudios de arquitectura, que un buen profesional estudia la orientación y ajusta la distribución para aprovechar al máximo la luz natural, lo que además repercute directamente en el consumo energético de la vivienda. En el caso concreto de jardines, no realizar un estudio previo de la orientación y el viento puede generar problemas como encharcamientos, zonas mal iluminadas o plantas que nunca llegan a desarrollarse correctamente porque se ubicaron en el lugar equivocado.

2.- Romper la continuidad entre el interior y el exterior

El segundo error tiene que ver con cómo se vive el espacio, no solo con cómo se ve. Una terraza no debería entenderse como un anexo aislado, sino como una prolongación natural del hogar. Cuando se ignoran aspectos como los materiales, las cotas de los suelos o las circulaciones entre ambos espacios, se rompe esa continuidad y la terraza queda desconectada de la experiencia general de la vivienda, por bonita que sea por separado.

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3.- No prever el drenaje del agua

El tercer error es, probablemente, el que más dinero cuesta a medio plazo. Una terraza que acumula agua cada vez que llueve no es solo incómoda, sino que también es una amenaza directa para la propia estructura del edificio. Diseñar sin contemplar pendientes adecuadas, salidas de agua o sistemas de drenaje integrados de forma invisible es uno de los fallos más habituales y más caros de corregir después.

Esta advertencia también se confirma en la construcción de terrazas de madera, donde los especialistas insisten en que una terraza nunca debe quedar permanentemente expuesta a la humedad, y para ello necesita un buen drenaje, ventilación adecuada de la subestructura y evitar que los materiales queden en contacto directo con el hormigón o la tierra. Sin tomar estas precauciones, la subestructura puede volverse inestable y deformarse con el tiempo, acortando drásticamente la vida útil del conjunto.

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4.- Olvidarse de las instalaciones básicas

El cuarto error es uno de esos que no se nota hasta que ya es demasiado tarde para resolverlo con elegancia. Iluminación, riego, fontanería o tomas eléctricas son necesidades básicas que con frecuencia quedan fuera de la planificación inicial de un jardín o una terraza. Las consecuencias de estas omisiones llegan con reformas posteriores poco estéticas, más caras y más invasivas que si se hubieran previsto desde el primer plano.

En el caso concreto del riego, un sistema mal planificado no solo obliga después a realizar obras para corregirlo, sino que también puede provocar un consumo excesivo de agua, dañar las plantas o generar zonas encharcadas que favorezcan la aparición de enfermedades en la vegetación. Lo mismo ocurre con la electricidad o el agua para el mantenimiento: son redes que, una vez se ha pavimentado o ajardinado el espacio, resultan mucho más difíciles de instalar.

5.- No pensar en la vida nocturna del espacio

El quinto error es, quizás, el más fácil de pasar por alto porque durante el día simplemente no existe. Un jardín o una terraza que funcionan perfectamente bajo el sol pueden convertirse en un espacio inútil, inseguro o incómodo en cuanto cae la noche. Una arquitectura exterior que no contempla la iluminación nocturna, la privacidad frente a vecinos o la sensación de seguridad está, según defienden desde DmasC Arquitectos, dejando el proyecto incompleto.

Este punto conecta directamente con el error de las instalaciones, ya que la iluminación nocturna no es un capricho decorativo añadido, sino una parte importante de la infraestructura que debe pensarse junto con el resto del cableado, antes de que el suelo quede cerrado.

Qué tienen en común estos cinco errores

Si hay un hilo que conecta estos cinco fallos, es la tentación de empezar por lo más evidente, como el mobiliario, las plantas, la decoración, en lugar de por lo estructural. Como recuerdan también varios estudios de arquitectura, ignorar el entorno físico en el que se ubica un proyecto, lo que incluye el clima, la orientación solar, la circulación del viento, es uno de los errores más comunes y, a la vez, de los más sencillos de evitar si se hace un análisis del lugar antes de tomar cualquier decisión de diseño.

La buena noticia es que ninguno de estos cinco errores requiere un presupuesto desorbitado para evitarse. e: pensar primero en cómo se va a vivir, usar y mantener el espacio, y dejar la decoración para el final. Una terraza bien planteada desde el origen no solo se ve mejor en las fotos de la primavera: sigue funcionando en pleno agosto, bajo la lluvia de octubre y en la oscuridad de cualquier noche de verano.