Por qué las olas de calor y el frío disparan la insuficiencia cardíaca

La doctora Ana Pastor, cardióloga en HM CIEC nos cuenta por qué se produce este fenómeno
Las señales que te da tu cuerpo un mes antes de sufrir un ataque al corazón
Un 6,8% de la población española mayor de 45 años sufre insuficiencia cardíaca, lo que supone un total de 1.320.376 personas, con una incidencia que aumenta con la edad, hasta el punto de llegar a afectar a entre un 15 y un 20% de los mayores de 85 años. A esto hay que añadir que la insuficiencia cardíaca supone la primera causa de hospitalización en pacientes mayores de 65 años, con alrededor de 120.000 ingresos al año. Aún así, sigue resultando curioso que pocas cosas activen tan sigilosamente una descompensación de esta patología como algo tan cotidiano y aparentemente inevitable como el tiempo que hace.
Un estudio lo ha plasmado en realidad a través de números concretos. Así, entre las enfermedades cardiovasculares examinadas, la insuficiencia cardíaca se ha relacionado con el mayor exceso de muertes por temperaturas extremas: 2,6 muertes adicionales en días de calor extremo y 12,8 con frío extremo. Son números que hablan de una vulnerabilidad específica, diferente a la del infarto o el ictus, y que requiere de cierta comprensión para poder prevenirse.
Cuando llega el verano: el corazón trabaja sin descanso
La doctora Ana Pastor, cardióloga en HM CIEC, explica con precisión el mecanismo que se desata cuando las temperaturas suben de forma extrema: "El calor provoca que el cuerpo intente enfriarse dilatando los vasos sanguíneos de la piel, lo que hace que más sangre vaya hacia la superficie corporal. Esto tiene dos consecuencias, ya que por un lado baja la tensión arterial y por otro llega menos sangre al corazón, es decir, disminuye su 'llenado'. Para compensarlo, el corazón se ve obligado a latir más rápido y con más esfuerzo, aumentando la demanda de oxígeno. En un corazón ya debilitado, esto puede ser difícil de sostener."
A esa cadena se suma un segundo factor igualmente peligroso: la deshidratación. "El calor provoca sudoración y, con ella, pérdida de agua y electrolitos. Si no se reponen adecuadamente, puede empeorar aún más la tensión arterial y afectar al riñón", señala la cardióloga. El problema se agudiza en quienes toman diuréticos, uno de los pilares del tratamiento de la insuficiencia cardíaca, porque su efecto sumado a la sudoración puede producir bajadas de tensión, mareos intensos o incluso síncopes.
Lo más desconcertante de las olas de calor es que los síntomas de descompensación se confunden fácilmente con los efectos normales del verano. La doctora Pastor señala como los signos más frecuentes que pasan desapercibidos la hinchazón de piernas, el aumento de peso en pocos días, falta de aire al tumbarse, tos nocturna y un cansancio que no guarda proporción con la actividad realizada. "El problema es que estos síntomas suelen atribuirse al calor, cuando en realidad pueden ser una señal de alarma de que el corazón no está tolerando bien la situación y necesita valoración", advierte.

Cuando llega el invierno: el corazón trabaja contra la presión
El mecanismo del frío actúa en sentido opuesto, pero con consecuencias igualmente graves. Las bajas temperaturas activan el sistema nervioso simpático y aumentan la secreción de catecolaminas, hormonas responsables del incremento de la frecuencia cardíaca y el gasto cardiaco. Esto provoca un cambio en la composición sanguínea, aumentando la presión arterial, el colesterol y el fibrinógeno en sangre.
Para el corazón con insuficiencia cardiaca, este aumento de la presión arterial significa trabajar "contra más resistencia", lo que los cardiólogos denominan aumento de la postcarga. La doctora Pastor lo describe en términos directos: "El corazón tiene que hacer más esfuerzo y consumir más oxígeno. En un corazón ya debilitado, este sobreesfuerzo puede favorecer la descompensación." A ello se añade un factor que suele ignorarse: la gripe u otras infecciones respiratorias precedidas por el frío pueden aumentar casi 1,8 veces el riesgo de muerte cardiovascular en comparación con las ocasionadas en ausencia de cualquier infección respiratoria.
El equilibrio imposible: ni exceso ni defecto de líquidos
Uno de los mayores retos para el paciente con insuficiencia cardíaca durante los extremos térmicos es la gestión de la hidratación. Beber poco en verano agrava la deshidratación; beber demasiado en invierno puede desencadenar retención de líquidos y congestión pulmonar. La doctora Pastor ofrece una regla sencilla: "La forma más práctica de controlarlo en casa es el peso diario, siempre en las mismas condiciones. Subidas rápidas de peso de 2 o 3 kilos en pocos días suelen indicar retención de líquidos; pérdidas rápidas, especialmente en épocas de calor, pueden sugerir deshidratación."
En cuanto a la medicación, la cardióloga es tajante: los antihipertensivos y los diuréticos son los fármacos que más vigilancia requieren en estas situaciones, pero el paciente no debe modificarlos por su cuenta. "Lo recomendable es contar con indicaciones previas del médico sobre cómo actuar según las cifras de tensión y los síntomas, o bien consultar en esos momentos."

