Moda

La revolución de las 'Adult Faces': por qué las mujeres de más de 50 están conquistando las pasarelas

Carmen Dell'Orefice. Kay-Paris Fernandes / Getty Images
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Durante décadas, la industria de la moda hizo de la juventud su principal argumento estético. Las pasarelas, las campañas publicitarias y las portadas parecían responder a un único ideal de belleza asociado a la piel tersa y a la ausencia de huellas del tiempo. Hoy algo está cambiando. El fenómeno de las 'adult faces' se han convertido en uno de los síntomas más visibles de una transformación de la forma en que la sociedad mira a la mujer madura.

Aunque no se trate de una categoría oficial dentro de la moda, el sector utiliza la expresión 'adult faces' para describir la creciente presencia de modelos con una edad superior a la que tradicionalmente desfilaba por las pasarelas. Cada vez son más los diseñadores y grandes firmas que buscan mujeres mayores de 50 años que transmitan experiencia, carácter, arrugas naturales, canas y el poder de lo vivido.

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Al fin y al cabo, es la consecuencia de una realidad demográfica y cultural que la industria ya no puede ignorar. Porque durante años ha existido una contradicción evidente. Muchas de las consumidoras con mayor poder adquisitivo -las de la generación baby boom- apenas encontraban rostros con los que identificarse en las campañas de las marcas a las que eran fieles. Mientras las clientas cumplían años, la publicidad seguía anclada en un ideal de juventud permanente.

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Hoy marcas como Chanel, Tom Ford, Carolina Herrera o Balmain están asumiendo una evidencia. Una parte muy significativa del consumo de moda de gama alta procede de esas mujeres de más de 50 que mantienen una intensa vida profesional y social, viajan, invierten en calidad y continúan interesándose por las tendencias. Ignorar a ese público supone renunciar a un segmento tan influyente como rentable.

El valor de una belleza con historia

En ese sentido, las 'adult faces' aportan algo que resulta difícil de fabricar mediante maquillaje o retoque digital. Expresan seguridad y autenticidad. Frente a una belleza homogénea, estos rostros cuentan historias. Mujeres como Carmen Dell'Orefice, que continúa trabajando pasados los 90 años; Ming Smith, de 79; Susie Cave, de 59, o Laura Ponte, de 52, demuestran que el magnetismo ante la cámara no entiende de fechas de nacimiento.

Su presencia también ha contribuido a derribar la idea de que la madurez resta atractivo comercial. Diseñadores como Simon Porte Jacquemus u Olivier Rousteing señalan que estas modelos aportan una dimensión emocional e intelectual completamente diferente a la ropa gracias a su temperamento e identidad definida.

Una revolución silenciosa

Es cierto que la inmensa mayoría de las modelos que pisan las grandes pasarelas continúan teniendo entre 18 y 30 años. Las mujeres maduras siguen siendo una minoría y, en ocasiones, aparecen como gestos simbólicos más que como una presencia habitual. Pero la tendencia parece difícil de revertir, sobre todo porque coincide con una transformación social mucho más amplia.

La mujer madura de hoy poco tiene que ver con la imagen que proyectaban generaciones anteriores a la misma edad. Trabaja, emprende, cambia de profesión, practica deporte, inicia nuevos proyectos personales y mantiene un enorme peso económico y cultural.

La moda, que tradicionalmente ha funcionado como espejo de los cambios sociales, empieza ahora a reflejar esa nueva realidad. Ya no se trata únicamente de aceptar las canas o las arrugas. Lo verdaderamente novedoso es que la edad deja de presentarse como un problema que corregir para convertirse en una etapa con identidad propia.