'Self-partnered' y heteropesimismo: cuando las mujeres dejan de buscar pareja porque están mejor a su aire
Cada vez son más las mujeres que, tras una ruptura dolorosa, optan por recuperar el control de su vida en vez de comenzar otra relación
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Hace unos días Angelina Jolie sorprendía reconociendo que no ha tenido citas desde su separación de Brad Pitt, hace ya cerca de diez años. "Acabé convenciéndome de que esa parte de mí ya no es lo más importante en mi vida", decía la actriz a Yahoo Entertainment. No parecían palabras dichas desde el resentimiento, sino desde la certeza de que la felicidad no depende necesariamente de volver a emparejarse.
Esa confesión resume el cambio de paradigma que están experimentando muchas mujeres mayores de 50 que, tras una ruptura especialmente dolorosa o una relación que las dejó emocionalmente exhaustas, dejan de buscar pareja. Algunas volverán a enamorarse. Otras no. Pero casi todas comparten una idea. Si el amor regresa, tendrá que mejorar una vida que ya consideran plena.
Durante décadas, el relato era bastante previsible. Una ruptura abría un paréntesis antes de iniciar otra historia sentimental. Pero hoy muchas mujeres viven el duelo de otra manera. La terapia, el desarrollo profesional, las amistades, los viajes o el simple placer de disponer de tiempo propio ocupan un espacio que antes parecía reservado casi exclusivamente a vivir en pareja.
La psicóloga Lara Ferreiro nos explicaba aquí que cuando se rompe una relación que ha sido especialmente tortuosa "el primer paso no es buscar a alguien nuevo, sino reencontrarte contigo". Redescubrirse a una misma es el primer paso para reconstruir la autoestima y para recuperar el control sobre la propia vida.
"Desde apuntarte a clases de algo que te guste, viajar sola, retomar amistades o incluso atreverte con cosas que antes evitabas por miedo a que te juzgasen. Es el momento de vivir por y para ti, no para complacer a nadie", aconseja Ferreiro.
En ese proceso aparece con frecuencia una conclusión inesperada. La tranquilidad tiene un valor enorme. Y muchas descubren que no están dispuestas a sacrificarla por cualquier relación. Fue la actriz Emma Watson quien hace unos años confesó que estaba muy feliz siendo soltera y acuñó el término 'self-partnered', lo que viene a ser estar en una relación consigo misma.
La soltería ya no es un fracaso
Durante mucho tiempo los estudios sociológicos comparaban automáticamente a personas casadas con personas solteras, dando por hecho que la pareja era el estándar de bienestar. Ese paradigma también está siendo cuestionado.
La psicóloga social Bella DePaulo, probablemente la investigadora que más ha estudiado la soltería en las últimas décadas, lleva años denunciando lo que denomina singlism, el prejuicio social que considera la vida en pareja como la única forma legítima de éxito personal.
Sus investigaciones muestran que las personas solteras mantienen redes sociales más amplias, cultivan más vínculos familiares y de amistad y desarrollan mayores niveles de autonomía que los estereotipos tradicionales les atribuyen.
Un amplio estudio publicado en 'Frontiers in Psychology' concluye que la satisfacción vital de las personas solteras depende mucho más de la calidad de sus relaciones de amistad, de su autoestima y de la relación consigo mismas que del hecho de no tener pareja.
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, los hogares unipersonales no dejan de crecer y ya representan cerca de una tercera parte de todos los hogares. El aumento es especialmente significativo entre mujeres de mediana y mayor edad que viven solas por elección o tras una separación, y que no necesariamente desean volver a convivir con una pareja.
Del romanticismo al heteropesimismo
Hay otro concepto que ayuda a entender este momento cultural. Se llama heteropesimismo. La expresión, acuñada por la ensayista estadounidense Asa Seresin, describe el creciente escepticismo de muchas mujeres heterosexuales respecto a las relaciones tradicionales.
No se trata realmente de rechazar a los hombres o de renunciar al amor. De lo que hablamos es de cuestionar una estructura de pareja que, para demasiadas mujeres, sigue significando asumir una mayor carga doméstica, gestionar la vida emocional de la relación y aparcar con frecuencia parte de su autonomía.
Ese 'hartazgo' aparece constantemente en las conversaciones sobre salud mental, conciliación o carga invisible. También explica por qué muchas mujeres afirman sentirse más tranquilas después de una ruptura que durante la propia relación.
Un punto de inflexión
Las rupturas importantes suelen funcionar como un punto de inflexión. Después de haber sostenido relaciones emocionalmente muy exigentes, muchas mujeres descubren que disfrutan de aspectos cotidianos que antes pasaban desapercibidos. Decidir sobre su tiempo, administrar su dinero, organizar la casa a su manera o no tener que gestionar continuamente las necesidades emocionales de otra persona.
Hay, además, una diferencia de género llamativa. Diversas investigaciones recientes apuntan a que cuando hombres y mujeres permanecen solteros ellas suelen adaptarse mejor a esa situación. Los investigadores Geoffrey MacDonald y Elaine Hoan sostienen que, en términos generales, los hombres obtienen más beneficios objetivos de la vida en pareja que las mujeres, precisamente porque ellas siguen asumiendo una parte desproporcionada del trabajo doméstico y emocional.
Lo cierto es que la mayoría de las mujeres que no buscan pareja no rechazan enamorarse. Pero no están dispuestas a volver a perderse a sí mismas. Angelina Jolie no ha dicho que nunca vaya a volver a tener pareja. Lo que ha explicado es que durante diez años ha aprendido a vivir sin que esa ausencia la definiera. Y ese mensaje conecta con una generación de mujeres que ya no entiende la soltería como un estado provisional ni la pareja como una obligación biográfica.
