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Vivir solo después de los 50: cómo gestionar el miedo inicial, según los expertos

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Los cambios de vida producen un poco de vértigo. Pexels
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Envejecer es un privilegio, pero también puede resultar un poco abrumador, sobre todo cuando el plan de vida que nos toca transitar no es el que teníamos pensado para nosotros mismos. Quienes han escogido el camino de la soltería han tenido tiempo de sobra para hacerse a la idea, pero hay muchas personas que se encuentran teniendo que vivir solas después de los 50 años cuando ese nunca fue su plan

Esto puede suceder por muchos motivos, por un divorcio o la pérdida de un cónyuge, porque los hijos ya tienen edad de ser independientes y han volado del nido, porque los padres ya han fallecido… Situaciones que no siempre están en nuestra mano, que puede que no entraran en nuestros planes y que nos invitan a replantearnos toda nuestra vida. Comienza una nueva etapa y ahora vivimos solos, lo que trae consigo ciertos miedos.

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Vivir solo después de los 50: cómo gestionar el miedo inicial

Las situaciones nuevas suelen causar un poco de inseguridad, comienzan a aparecer miedos que no sabíamos que teníamos, porque nos toca enfrentarnos a escenarios que nunca nos habíamos planteado. Quienes pensaban que pasarían toda la vida con su pareja, seguramente pasen un mal rato asumiendo que eso ya no será así, igual que sucede entre quienes planificaron su vida esperando tener siempre a sus hijos al lado y descubren que la vida les ha llevado por otro camino. 

Comenzar a vivir solo siempre es una experiencia que causa un poco de vértigo, algunas personas dan el paso en su juventud y lo más habitual es que sea una decisión meditada y tomada a conciencia. Asusta, pero también genera muchas emociones positivas, es un paso más hacia la independencia. Si sucede después de los 50 puede que también sea una decisión tomada, pero normalmente viene acompañada de varios miedos que no se tienen a los veinte años

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Una de las primeras cosas que suelen plantearse, una de las primeras inseguridades que todo el mundo tiene está relacionada con la economía. Vivir solo hace que toda la carga esté sobre tus hombros y, si hasta el momento se había vivido compartiendo gastos, puede ser una carga bastante pesada. Es probable que sea necesario cambiar ciertos hábitos o renunciar a algunos caprichos, aunque también es verdad que no todo el mundo tendrá que hacerlo. 

Lo que sí tendrán que hacer todos es planificar, tal y como señalan los expertos, establecer un plan económico y presupuestario que nos ayude a hacer manejable una situación que puede parecernos abrumadora en un primer momento. Un buen plan hará que resulte más sencillo saber qué podemos hacer y qué no, si es posible ahorrar para imprevistos y cómo podemos hacerlo. 

Vivir solo implica, efectivamente, que estamos más solos de lo que estábamos antes. Esto puede verse reflejado en el silencio que reina en casa o en la imposibilidad de contarles a los demás cómo nos ha ido el día mientras nos sentamos a descansar en el sofá. La soledad y el aislamiento social son uno de los mayores miedos de las personas que se encuentran viviendo solas pasados los 50 años.

En estos casos es importante tener una buena red de apoyo y, si no se tiene, buscarla. Apuntarse a actividades que nos permitan conocer gente nueva o hacer nuevas amistades, algo que tampoco es demasiado sencillo a partir de cierta edad. Las pequeñas interacciones diarias son una estupenda manera de ir construyendo vínculos, pero también experiencia a la hora de hablar con personas nuevas. 

Otro de los miedos más frecuentes surge al ser consciente del paso del tiempo, porque en caso de enfermedad se está 'solo'. En estos casos, las redes de apoyo una vez más se convierten en nuestro mejor aliado, dejarle una llave a alguien de confianza, como un vecino o una amistad, puede ayudarnos a relajarnos un poco, así como tener un plan establecido en caso de enfermedad

Son varios los miedos a los que hay que enfrentarse en esta situación, la incertidumbre emocional de enfrentarse a un hogar vacío, el miedo a la soledad o a la enfermedad a solas pueden causar bastante ansiedad en las personas, pero hay maneras de reducirla. Apoyarse en las amistades y familiares cercanos es uno de los consejos que dan los expertos, pero también participar en talleres, voluntariados y otras actividades que nos ayuden a conocer gente y salir de casa. 

Mantenerse activo y cuidar la salud puede hacernos sentir mejor ante ese miedo a la enfermedad. Conversar y aprender algo nuevo cuidará nuestra mente, mientras que el ejercicio hará lo propio con el cuerpo. Crear rutinas puede ser clave para ayudarnos a superar el día a día porque le aporta sentido a la jornada. Por supuesto, contar con ayuda de profesionales si sentimos que la necesitamos se convierte en esencial, es el momento de reinventarse y seguir adelante, no de dejar que los miedos controlen nuestra vida y eso no siempre podemos hacerlo solos.