Psicología

"No dejar entrar al viejo", que decía Clint Eastwood: por qué pensamos que somos más jóvenes de lo que somos

Clint Eastwood en 'Gran Torino'. Telecinco
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"No dejo entrar al viejo". Así respondía Clint Eastwood cuando se le cuestionaba cómo podía mantenerse tan activo pasada ya la frontera de los 90 años. El legendario actor y director explicaba con esa frase la diferencia entre lo que dicta el DNI y lo que dice nuestra mente. La expresión podría parecer una simple declaración de actitud, pero la ciencia lleva años demostrando que encierra un fenómeno psicológico muy real que experimentan millones de personas.

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Hay un momento que se repite en casi todas las reuniones con amigos o familiares. Alguien menciona la edad y, casi sin pensarlo, aparece la misma respuesta."No me creo que tenga 65 años", "Por dentro sigo teniendo 45", "El cuerpo envejece, pero la cabeza no". Los investigadores denominan a esto la edad subjetiva; es decir, la edad que sentimos tener, independientemente de la que realmente tenemos.

Uno de los estudios que marcó un antes y un después en este sentido fue publicado por los psicólogos David Rubin, de la Universidad de Duke, y Dorthe Berntsen, de la Universidad de Aarhus. Tras analizar una amplia muestra de adultos de entre 20 y 97 años comprobaron que a partir de los 40 años comienza una especie de desacople entre la edad cronológica y la edad vivida. En promedio, las personas mayores de esa edad se sienten alrededor de un 20% más jóvenes de lo que realmente son.

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¿Por qué a medida que cumplimos años nos identificamos menos con la edad que tenemos? Durante mucho tiempo se pensó que era un mecanismo de defensa frente al miedo a envejecer. Hoy la explicación es bastante más sofisticada.

Los psicólogos del desarrollo sostienen que la identidad personal cambia con enorme lentitud. El cerebro construye una sensación de continuidad que nos hace sentir que seguimos siendo, en esencia, la misma persona que hace 20 o 30 años. Acumulamos experiencias, aprendemos, cambiamos de prioridades, pero ese 'yo' profundo apenas se mueve.

Esa diferencia entre la velocidad con la que envejece el organismo y la velocidad con la que evoluciona la identidad explica por qué tantas personas se sorprenden al verse en una fotografía o al descubrir que ya pertenecen al grupo de 'los mayores'. No es que desconozcan su edad, es que no coincide con la imagen interna que conservan de sí mismas.

No es solo una sensación

Pero la edad subjetiva no es únicamente una curiosidad psicológica. También se relaciona con la salud. Una revisión sistemática que reunió los resultados de 24 investigaciones internacionales encontró que quienes se sienten más jóvenes suelen presentar un mayor bienestar psicológico, mejor rendimiento cognitivo y menos síntomas depresivos.

Otros trabajos han observado que quienes se sienten mayores de lo que les corresponde por edad presentan un riesgo significativamente superior de desarrollar fragilidad física con el paso de los años. La relación parece funcionar en ambas direcciones. La salud influye sobre la edad subjetiva, pero la edad subjetiva también anticipa cómo evolucionará la salud.

Cada generación se siente más joven

No solo ocurre que las personas de 70 años se sienten de 60, o las de 60 se sienten de 50. Además, quienes hoy tienen esas edades se sienten más jóvenes que las personas de esas mismas generaciones hace dos o tres décadas.

Un amplio estudio publicado en 2023 en Psychological Science, con datos de casi 15.000 participantes seguidos durante 24 años, mostró que las cohortes nacidas más recientemente experimentan una edad subjetiva progresivamente más joven y más estable. Los autores calcularon que cada década de nacimiento se asocia con una reducción aproximada del 2% en la edad que las personas sienten tener.

Lo cierto es que hoy llegamos a los 60 con mejor salud cardiovascular, hacemos más ejercicio, viajamos más, seguimos aprendiendo, utilizamos tecnología y mantenemos una vida social mucho más activa que la de generaciones anteriores.

También ha cambiado la representación cultural de la vejez. Los modelos de referencia ya no son personas retiradas y pasivas, sino adultos que continúan trabajando, emprendiendo o comenzando proyectos cuando antes se esperaba que redujeran el ritmo.

¿La juventud como obligación?

Sin embargo, los expertos introducen un importante matiz. Sentirse joven puede ser positivo; sentirse obligado a parecerlo, no. En una sociedad que identifica juventud con éxito, belleza o productividad, existe el riesgo de interpretar cualquier signo de envejecimiento como un fracaso personal.

Algunos investigadores recuerdan que parte de esa edad subjetiva más joven también refleja el peso de los estereotipos negativos asociados a la vejez. Si nadie quiere sentirse mayor, quizá el problema no sea la edad, sino la imagen que tenemos de ella. "Si la vejez no tuviera un valor negativo, no habría necesidad de decir que te sientes más joven”, subraya David Weiss, psicólogo del desarrollo de la Universidad de Leipzig.

Hay una escena de 'Los Simpson' que se ha convertido en un meme universal. El señor Burns aparece disfrazado de adolescente, con gorra hacia atrás y monopatín, saludando con un torpe "¿Qué pasa, jóvenes?". La broma funciona porque el esfuerzo por parecer joven produce más incomodidad que admiración.

Algo parecido ocurre en la vida real. Todos conocemos a alguien empeñado en hablar como sus hijos, adoptar todas las modas del momento o presentarse como "uno más de la pandilla". En lugar de transmitir vitalidad, a menudo proyecta una cierta ansiedad por no pertenecer al grupo de los mayores.

Los psicólogos distinguen entre sentirse joven y querer parecerlo a cualquier precio. La edad subjetiva saludable tiene que ver con conservar las ganas de explorar, con seguir teniendo inquietudes o con la capacidad de sorprenderse. Otra cosa es convertir la juventud en un disfraz permanente.

Muchos adultos no terminan de encontrar su lugar simbólico. Ya no son jóvenes, pero tampoco se identifican con la imagen tradicional de la vejez. Habitan una especie de tierra de nadie generacional en la que resulta fácil caer en la tentación de competir con quienes tienen veinte o treinta años, cuando quizá el reto consista en otra cosa.

La filósofa estadounidense Susan Neiman escribió que la madurez no consiste en renunciar a la curiosidad, sino en dejar de necesitar demostrar constantemente quién eres. Clint Eastwood nunca intentó parecer un veinteañero. Para él, "no dejar entrar al viejo" significa que la edad no tiene por qué dictar lo que uno puede seguir haciendo.