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Ayudar económicamente a tus hijos: cuándo es apoyo y cuándo es un problema

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Solucionar sus problemas no es siempre la respuesta. Unsplash
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MadridLos padres son un apoyo fundamental para los hijos a lo largo de toda su vida. Cuando son pequeños, son sus mejores maestros, que les abren la puerta a un nuevo mundo y les guían a lo largo del proceso de aprendizaje, aportan conocimientos, valores y cariño. Esto se mantiene conforme los niños crecen y se van haciendo adultos, pero la manera de acompañarles sí que cambia. 

Es importante ser consciente de que los hijos necesitan a los padres de manera diferente a lo largo de su vida y adaptarse a ello para poder ser ese apoyo en los momentos complicados. Más allá de lo emocional, también pueden ser grandes aliados en lo económico hasta que los hijos adultos puedan valerse por sí mismos y ser independientes. Hay padres que no dudan en ayudar a sus hijos con las cuestiones económicas a lo largo del tiempo, pero conviene saber que ese apoyo puede convertirse en un problema. 

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Ayudar económicamente a tus hijos: cuándo es apoyo y cuándo es un problema

Es bastante habitual que los padres antepongan el bienestar de sus hijos al suyo propio, no es raro que, para que ellos puedan seguir adelante en la vida, sea necesario que los progenitores les ayuden en lo económico a costa, en algunas ocasiones, de su propia economía. Darlo todo por ellos cuando son pequeños es inevitable, nos necesitan porque no son capaces de valerse por sí mismos y están aprendiendo a desenvolverse en la vida, pero una vez que ya son adultos, no parece una buena idea sacrificar el propio futuro financiero por el suyo. 

Lo ideal es que los hijos se hagan cargo de sus propias responsabilidades financieras, los padres pueden ayudar si así lo desean, siempre y cuando esto no ponga en riesgo su futuro, perjudique su jubilación o suponga abandonar sus propios objetivos sin llegar a cumplirlos porque anteponen los objetivos de sus hijos a los suyos propios. 

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Puede haber situaciones donde los hijos necesiten ayuda económica de sus padres y ellos estén dispuestos a responder, o puedan hacerlo. Son situaciones puntuales donde ambas partes deben ponerse de acuerdo en la mejor manera de solucionar el problema, ya sea mediante un préstamo económico, que lo ideal es que sea formalizado, es decir, con un compromiso de devolución, o permitiendo ahorrar de otras formas, como dejar que el hijo se instale en casa, aportando lo que puede mientras se recupera. 

Quienes se deciden a ayudar económicamente a sus hijos deben tener claro cuáles son sus propios límites y hasta dónde están dispuestos a llegar. Establecer límites es esencial, tener claro qué necesitas para poder disfrutar de una buena jubilación y de qué cantidad puedes prescindir sin que eso repercuta en tus propias finanzas, si es posible recuperarte antes de necesitar ese dinero. 

También es una buena idea investigar un poco para descubrir cuál es la mejor forma de hacerlo, de manera que les beneficie a ambos. En ocasiones, lo mejor es un préstamo, pero otras veces puede que se prefiera optar por una donación. 

Ayudando a sus hijos económicamente, los padres suelen tener las mejores intenciones, hacer su vida más sencilla o que no tengan que pasar por dificultades que ellos pueden suavizar. Esto es estupendo siempre y cuando eso no ponga a los padres en apuros económicos o tengan que renunciar a sus propios planes para que sus hijos puedan hacer los suyos, también si ambas partes son conscientes de que es una ayuda puntual, que se espera recuperar en el momento en el que sea posible o con una fecha límite. 

En algunas ocasiones, los padres sienten que esta ayuda puede convertirse en un problema para ellos o incluso para sus hijos, si siempre que tienen un problema acuden a su rescate, porque les impide crecer, madurar y hacerse cargo de sus propias responsabilidades. Esta carga puede llegar a ser excesiva para los progenitores, que están renunciando a sus propios 'caprichos' mientras ven cómo sus hijos sí que se los pueden permitir

Llegados a este punto, es tarea de los padres tener una conversación incómoda con sus hijos para establecer esos límites que no se pusieron en un primer momento. Nadie quiere tener este tipo de conversaciones, porque la culpabilidad suele ser la emoción principal, pero es necesaria. Establecer hasta qué punto o qué cantidad se está dispuesto a ayudar, dejar claras las propias necesidades, evitar culpar a los hijos y darles un poco de tiempo para que puedan prepararse para la nueva situación, reduciendo la ayuda poco a poco es una buena forma de cambiar las dinámicas.