Tratamientos de belleza

Del anti-aging al well-aging: por qué la medicina estética ya no promete "quitarte años"

Los doctores Ristori y Fustes
Los doctores Ristori y Fustes. Redacción Uppers
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"¿Cuántos años me va a quitar?" Es la pregunta que más se repite en las consultas de medicina estética. Y según el Dr. Antonio Fustes, médico estético en Clínicas Dorsia, es también la pregunta que mejor resume un malentendido de décadas: la idea de que envejecer es una avería que hay que reparar.

El concepto que está sustituyendo a esa lógica se llama well-aging, y no es solo un cambio de etiqueta. Como explica la doctora Esther Ristori, el well-aging propone no luchar contra la edad, sino acompañarla con inteligencia y propósito. La diferencia con el anti-aging tradicional, que se basaba en combatir, frenar o revertir los signos del envejecimiento para aparentar menos edad, no es solo un matiz, sino que es parte del objetivo final.

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"Verte como tú, pero en tu mejor momento"

Así, cuando un paciente pregunta cuántos años le van a quitar, la respuesta de Ristori va en una dirección muy concreta: "Mi objetivo es que te veas como tú, pero en tu mejor momento." No se trata de restar años, sino de sumar bienestar visible, como con una expresión más relajada o una piel más luminosa, sin llegar a convertir al paciente en otra persona.

A partir de los 50, lo más realista que se le puede pedir a la medicina estética no es parecer más joven, sino una expresión más descansada, una piel con mejor textura, un óvalo más definido y un rostro que transmita salud y coherencia con la edad. Intentar "parecer más joven" suele llevar a resultados artificiales; parecer mejor, en cambio, sí es alcanzable.

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Esta tendencia confirma que en los centros de belleza ya no se demandan tratamientos invasivos cuya finalidad sea transformar el rostro y borrar el paso del tiempo, sino procesos más sutiles y personalizados que potencien los rasgos naturales sin renunciar a la naturalidad.

El protagonista técnico de este cambio es el ácido poliláctico (PLLA). La diferencia con un relleno clásico es la clave, ya que no se trata de un relleno que aporta volumen inmediato, sino que el PLLA actúa como un inductor de colágeno que activa al fibroblasto para que produzca colágeno propio.

Esto lleva a un efecto más natural y duradero que un relleno convencional. No es una novedad improvisada: el PLLA se desarrolló en Francia en 1954 como material de sutura, se aprobó en Europa como implante subdérmico en 1999 y la FDA lo autorizó en 2004 para tratar la lipoatrofia en pacientes con VIH, antes de extenderse a la medicina estética facial y corporal.

Well aging

Por qué no se ve el cambio de un día para otro

Aquí está el rasgo que más distingue al well-aging de su predecesor: el tiempo. No es un tratamiento de efecto exprés. Los cambios empiezan a verse a partir de las 6-8 semanas, y el resultado óptimo llega a los 3-4 meses. 

El protocolo habitual son tres sesiones separadas por 4-6 semanas, con mantenimiento anual. En la práctica, implica molestia leve, posible inflamación o pequeños hematomas durante 24-48 horas, sin baja social: vida normal desde el mismo día.

"No todos producimos la misma cantidad de colágeno", recuerda la nota de prensa de Dorsia, lo que obliga a ajustar cantidades de paciente a paciente. El buen candidato para este tratamiento son personas con flacidez leve o moderada, piel fina o con pérdida de densidad, entre 40 y 70 años, que buscan naturalidad y resultados progresivos. Quien busca un cambio inmediato, tiene flacidez severa o una enfermedad autoinmune activa requiere otra valoración.

El error de huir del ácido hialurónico

Uno de los puntos más claros de la entrevista desmonta un prejuicio extendido: no hay que huir del ácido hialurónico, hay que usarlo bien. Los tres errores que llevan a la temida "cara de haberse hecho algo" son rellenar en exceso, perseguir una juventud imposible y tratar arrugas sin entender la estructura facial. El ácido hialurónico, usado para reponer volúmenes perdidos y dar estructura —no para añadir volumen donde no toca—, sigue siendo una herramienta extraordinaria. El problema nunca fue el producto, sino la indicación.

El well-aging, en definitiva, no es una tendencia pasajera sino un cambio de pregunta: de "¿cuántos años me quitas?" a "¿cómo hago que estos años se vean bien?".