nueva novela

Jose Pellón, escritor y surfista: "En las playas sobran fumadores maleducados, no perros"

El polifacético escritor acaba de publicar 'Sálvame la vida', una novela sobre perros y personas. (Foto: cedida)
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Uno llama a Jose Pellón para hablar de su nueva novela y lo que se encuentra, aunque aún es temprano, es un hombre que acaba de subir de la playa. "Vengo de la playa", avisa nada más descolgar, con esa energía de quien ha empezado el día metiéndose en el agua del Cantábrico. Es verano, hace un calor de justicia, hay viento... y Jose ya lo ha sentido todo en primera persona, no mirando por la ventana.

No lo ha hecho solo. Cierto es. También hay un perro. Siempre hay un perro. Entre otras cosas, por eso ha bajado temprano, antes de que aparezca nadie, porque en verano un perro en la arena es un problema. Y así, casi sin darnos cuenta, llegamos directos al tema que nos había servido como excusa para la charla. 'Sálvame la vida’, su recién publicada novela, va exactamente de eso: de los perros que acompañan a quien ya no acompaña nadie.

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Cuando Jose habla de sus perros, por cierto, puede llamarlos amigos, colegas, compañeros… pero jamás los llama mascotas. "No me gusta nada referirme a un compañero de vida como mi mascota. No es mi mascota, es mi compañero, mi amigo, mi lo que sea, menos una mascota", zanja.

Pellón lleva dieciséis libros publicados desde 1989 y una vida repartida entre el rock (fundador del grupo ‘Melopea’), el surf y la escritura. Esta novela, dice, era una deuda: "Hice este libro, que me lo debía a mí y se lo debía a ellos por la devoción que me han demostrado desde que soy un niño, por el cariño que tengo a los perros y a los animales. He volcado mi amor hacia los perros mezclado con mil historias, alguna las he vivido y otras me las han contado".

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Y no, no es precisamente una novela tierna: "Lo primero que le sorprende a la gente es que un Jose Pellón, al que se conoce por el rock y por el surf, y también literariamente, haya escrito algo tan humano. Y después, la dureza: igual esperaban una novela más rosa, el típico perrito que habla en primera persona y cuenta cómo ve al humano. No, no: esto es real como la vida misma", avanza.

De los perros a la heroína

La conversación deriva hacia lo que hay dentro del libro, y ahí baja la temperatura de golpe. "Los protagonistas son gente absolutamente marginada por un problema de drogas y perros que se les acercan porque también están marginados, no tienen más remedio que estar con un tío tirado por la calle porque ellos también están tirados por la calle", cuenta.

Es un mundo que Pellón no ha investigado: lo ha vivido. "Yo, por desgracia más que por suerte, he vivido y convivido con muchos yonkis en esta vida; me pilló la heroína por la calle en los años 80, malditos aquellos, y luego el mundo del rock and roll, qué os voy a contar. Conozco muy bien a esa gente".

Por desgracia más que por suerte, he vivido y convivido con muchos yonkis en esta vida

"Aquí mezclo gente de lo más bajo y gente de lo más alto, que confluyen en un problema común: la heroína. La heroína les hace iguales, hace tabla rasa y los pone en un mismo plano", continúa Jose. Y con las personas, sus perros, igual de desiguales: "Hay perros callejeros, abandonados, maltratados, y perros que viven comiendo jamón de York".

Pero… ¿de verdad Jose cree que un perro puede salvar a alguien en una situación así? Pellón no se lo piensa.

"Sin duda. Imagínate que estás tirado, solo, no tienes a nadie, y un perro se queda, te acompaña por las noches; cuando llueve se queda contigo en el cartón, en un cajero... Que no come, no pasa nada: no te abandona, no se va con alguien que le dé comida, sigue contigo, está junto a la gorra con la que pides dinero, te espera en la puerta de los bares a los que entras a chutarte, no se va".

Ahí está también la explicación del título, que apunta a quien uno no espera. "’Sálvame la vida’ está referida a estos personajes marginales, o no, que encuentran en un perro la compañía ideal para sobrellevar su tragedia, esa pérdida de valores, ese naufragio espiritual que tienen".

¿Piensa en alguien concreto, en alguien que si hubiera tenido un perro, a lo mejor seguiría aquí? La respuesta tampoco admite titubeos: "Sí, desde luego. Si hubiera tenido un perro, si hubiera tenido un amigo… A veces es lo mismo".

El perro no traiciona

Le apuntamos que quizá el perro traiciona menos. Y Pellón, que hasta ese momento hablaba de literatura -o no-, vuelve a la realidad del día a día: "El perro no traiciona. Insisto en que si tú no tienes para comer, el perro no se va a ir con alguien que le dé de comer, se queda contigo y tampoco come. Si no comemos, no comemos; y si nos morimos aquí de hambre, nos morimos de hambre los dos. Un perro es así".

Si no comemos, no comemos; y si nos morimos aquí de hambre, nos morimos de hambre los dos. Un perro es así

Pero no hace falta ir a lo más profundo de las calles o al extremo de las situaciones personales. Pellón habla, sin querer o con la mayor de las intenciones, de todos y cada uno de nosotros. Él mismo se da cuenta de que escribe con un perro a los pies desde hace más de treinta años. "Todas mis novelas o libros siempre se los dedico a mis perros, porque siempre están conmigo mientras los escribo. Un perro, otro perro, otro perro… Hablo con ellos, creo que me entienden; de hecho, me entienden mejor que yo a mí mismo. Un perro puede ser la salvación, puede ser tu espejo, con el que hablas todos los días cuando no tienes a nadie más".

Hipocresía social

Nada de esto se traduce, sin embargo, en una sociedad que trate bien a los animales, y aquí Pellón levanta la voz. "La sociedad es muy hipócrita. Siempre se ceban con los más débiles, y quiénes son los más débiles: la gente más desfavorecida y los animales. En la trama de mi novela uno esas dos vertientes que tanto me preocupan: la gente que sufre y los animales que sufren".

Antes de despedirnos, cómo no, regresamos a la playa de la que subía al empezar la llamada. Lo hacemos para tocar un tema recurrente cuando el calendario se adentra en los meses de julio y agosto. En verano, nos guste o no, a mucha gente le sobran los perros. Por ahí vienen los abandonos, pero también las malas caras en las playas y las prohibiciones: “Los perros son los que menos daño hacen. Con un perro educado y un dueño educado no hay problemas en ningún sitio. ¿Por qué no prohíben a los que tiran condones, a los que tiran latas, a los que tiran plásticos, a los que defecan entre las dunas, a los fumadores que dejan las colillas? En las playas sobran fumadores maleducados que tiran las colillas, no perros".

Jose, no sin indignación, se ve obligado a cambiar sus rutinas por estos problemas durante dos meses al año en los que sus perros, criados en la orilla, se quedan mirando cómo coge la tabla: "Ya saben dónde voy y me miran con ojos tristes… A mí se me parte el corazón, no se lo puedo explicar".