Empiezas a darte cuenta tarde: esto es lo que más lamenta la gente al envejecer
Al envejecer la gente suele lamentar ciertos errores del pasado y algunos son bastante habituales
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MadridEnvejecer es un proceso inevitable, un camino que todo el mundo tendrá que recorrer, si es afortunado, y que invita a la reflexión. Conforme nos hacemos mayores y vemos cómo dejamos atrás más tiempo de vida del que nos queda por delante, tendemos a pensar en todas aquellas cosas que hemos hecho y todas las que nos quedan por hacer. ¿Estamos donde queremos estar? ¿Hemos conseguido cumplir nuestras metas? Si pudiéramos hacerlo todo de nuevo, ¿lo haríamos igual?
Seguramente, durante esa reflexión descubramos mucho más de nosotros mismos de lo que pensábamos. Salen a la luz miedos y también algunos lamentos y reproches, cosas que estamos seguros de que podríamos haber hecho mejor, situaciones en las que actuaríamos diferente, momentos que no cambiaríamos por nada.
Lo cierto es que, aunque resulte sorprendente porque cada persona es un mundo, las conclusiones a las que llega la gente suelen ser bastante similares, hay ciertos arrepentimientos que parecen ser generales y conocerlos antes de que llegue el final de nuestra vida puede que nos impulse a hacer esas reflexiones cuando todavía podemos cambiar las cosas.
Esto es lo que más lamenta la gente al envejecer
Descubrir cuáles son esas cosas de las que la gente se arrepiente al envejecer, todo aquello que lamenta haber hecho o no haber hecho, puede ayudarnos a reflexionar con tiempo para rectificar. Si para nosotros esas situaciones también serían algo que lamentar, puede que sea un buen momento para cambiar las cosas y evitar tener ese malestar al final de nuestras vidas, cambiando ese pesar antes de que llegue a serlo y así envejecer con la satisfacción de haber buscado el mejor camino posible en nuestras vidas.
Tal y como veníamos señalando, hay ciertos reproches que se repiten y así lo demostró un estudio organizado por Harvard, en el que, tras seguir la trayectoria de 700 adultos, descubrieron que había dos cosas de las que la gente se arrepentía especialmente durante la vejez.
La primera de ellas era no haber dedicado suficiente tiempo a estar y disfrutar de sus seres queridos. "Creemos erróneamente que lo importante es el trabajo o el éxito, pero la clave está en nuestras relaciones y en cómo nos sentimos con nosotros mismos", explicaba Robert Waldinger, psiquiatra de Harvard y responsable del estudio. Nadie parece arrepentirse de no haber pasado suficiente tiempo en la oficina o de no haber trabajado todo lo que debería.
La presión laboral y el desgaste que supone el trabajo hacen que muchas personas pierdan de vista sus prioridades y descuiden lo que verdaderamente es importante, como pasar tiempo junto a los suyos, un lamento que es más habitual entre los hombres que entre las mujeres. El estudio pone de manifiesto lo importante que es ser capaz de desconectar del trabajo al llegar a casa.
Otra de las cosas que el estudio descubrió que era un gran lamento para las personas es el constante temor al juicio ajeno. Le damos, en general, demasiada importancia a lo que los demás puedan opinar. Esta necesidad de aprobación social suele llevar a la insatisfacción personal y es más habitual en el caso de las mujeres que entre los hombres. Esta inquietud por lo que puedan pensar de nosotros, hace que en muchas ocasiones se tomen otras decisiones, personales o profesionales, lo que impide ser auténtico a uno mismo y reduce el bienestar.
Estos eran los pesares que más se repetían, pero no son los únicos pesares que tienen las personas al llegar a la vejez. No haber vivido la vida de manera auténtica, no haber perseguido sus sueños, haberse dejado dominar por el miedo al futuro o tomarse la vida demasiado en serio también son lamentos que suelen aparecer en los estudios e investigaciones relacionados con este tema.
A medida que envejecemos, es habitual echar la vista atrás y darnos cuenta de que le dimos importancia a cosas que en realidad no la tenían tanto y cómo eso nos condicionó de alguna manera a la hora de vivir. Tomar conciencia de ello nos ofrece la oportunidad de cambiar algunas cosas que todavía no es tarde para cambiar, como intentar pasar más tiempo con nuestros seres queridos, familiares o amigos, o dejar de priorizar cosas que no deberían ser una prioridad.
Fortalecer los vínculos con nuestro entorno es especialmente importante, porque la soledad es uno de los enemigos de la salud. Tener una red de vínculos fuertes y en los que poder apoyarnos en los momentos clave es esencial y una estupenda manera de que nuestro cerebro se mantenga sano por más tiempo, gracias a esos momentos que pasamos poniéndonos al día, charlando o compartiendo actividades que nos ayuden a estar activos y ser más felices.
