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El hartazgo de Melani Olivares y otras grandes actrices ante las críticas por el paso del tiempo

Melani Olivares
Melani Olivares en un photocall de 'Aida'. Cordon Press
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Ha durado poco la tregua. A los pocos meses del regreso de 'Aída y vuelta', la película que devolvió al elenco original al centro de la conversación televisiva española, Melani Olivares ha vuelto, a sus 53 años, a ser blanco de una oleada de comentarios sobre su físico, su edad y su presencia profesional. La propia actriz ha reaccionado ante la enésima ronda de reproches por cómo se atreve (o cómo no debería atreverse) a envejecer en público. 

Su respuesta no tiene nada de puntual, sino que supone la continuación de un discurso que Olivares lleva articulando desde hace un año largo, con una precisión política que sus detractores parecen no querer ver.

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Hablar del oficio, no de la piel

Lo llamativo del caso de la actriz catalana no es tanto el enfado como su forma de rebatir. Frente al reproche estético, Olivares desplaza el marco hacia el estructural. En enero, en el largo diálogo mantenido con Los Lunes Seriéfilos, resumió sin adornos el momento profesional que atraviesan las actrices maduras del país: "Yo a lo que he tenido miedo es que me he visto sin trabajo". Describió además, con nombres y ritmos, el cambio funcional de estar con "dos o tres proyectos a la vez a quedarme con uno…o con ninguno", un declive que atribuyó a la coincidencia entre la pandemia y una edad profesional determinada, no a un supuesto agotamiento personal.

Esto a pesar de que la actriz ha reivindicado en distintas entrevistas que ahora tiene una "amplitud de miras y experiencia" que no tenía veinte años atrás. Es más, frente a la fantasía del rejuvenecimiento, lo tiene claro y célebre es una frase suya que se ha vuelto pequeño manifiesto en sus círculos: "A mí me dices que voy a tener las tetas en el mismo sitio y voy a volver 30 años atrás y te digo que no, fíjate." 

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Lo tiene tan claro que plantea una cuestión tan válida como afilada para sus críticos, que estos siguen sin responder: por qué se descalifica a las mayores desde una juventud que va a envejecer exactamente igual. No se trata de una diatriba, parte de un desahogo emocional, sino de un discurso bien bajado y sólido. Y por eso resulta cada vez más difícil de neutralizar en el espacio público.

Un debate que recorre el cine español

Olivares no está sola en esta batalla. El reportaje de Solidaridad Intergeneracional, titulado explícitamente Las actrices se rebelan contra el edadismo en el cine: "Después de los 50 no nos morimos", recoge testimonios convergentes de una generación entera de intérpretes españolas que ya no está dispuesta a asumir el silencio como precio profesional. 

La actriz Gracia Olayo describe ahí el mecanismo: hasta hace pocos años, los directores de casting descartaban abiertamente a las intérpretes maduras diciendo "esta no vale porque es vieja"; ahora, explica, el desprecio se ha vuelto más elegante y menos rastreable: "'No la veo', hasta que empieza a bajar la edad, y entonces lo tienen más claro." El discurso público de Olivares se sostiene, en última instancia, sobre esa denuncia colectiva de fondo.

Las estrellas internacionales que se suman al patrón

El paisaje internacional lleva más tiempo poniendo voz a este malestar. Sarah Jessica Parker inauguró la conversación al responder en 2021, en las páginas de Vogue, a la lluvia de comentarios sobre sus canas y sus arrugas antes del estreno de 'And Just Like That…': "¿Voy a dejar de envejecer? ¿Desaparecer?" La protagonista de 'Sex and the City' condensó en dos preguntas la absurda demanda social que reciben las actrices maduras. También aprovechó para denunciar la trampa doble en la que quedan atrapadas: si conservan la naturalidad se les afea el paso del tiempo; si recurren a algún retoque se las acusa de artificiosidad.

Andie MacDowell o el poder de las canas en Cannes

Andie MacDowell, que a los sesenta y siete años sigue siendo rostro de L'Oréal desde 1986, eligió un registro diferente para plantar cara. Su melena plateada, que empezó a lucir en 2021, se ha convertido casi en un manifiesto. Cuando un comentario despectivo en Facebook la reprendió por su cabello canoso al posar con su primera nieta, MacDowell respondió con una frase que ha circulado por medios de todo el mundo: “No tenemos vida útil... no hay fecha de caducidad".

Sin embargo, la voz más rotunda de los últimos años pertenece a Jamie Lee Curtis. La actriz californiana, ganadora del Óscar y con sesenta y seis años cumplidos, ha hecho de su lucha contra el edadismo estético una campaña sostenida y crecientemente incómoda para la industria que se lucra con la presión que denuncia. En su entrevista con The Guardian en julio de 2025, con motivo del estreno de la secuela de 'Un viernes de locos', Curtis se dejó fotografiar con unos labios rojos de cera y disparó una frase que aún colea: "He denunciado abiertamente el genocidio de una generación de mujeres por parte del complejo industrial cosmecéutico, que se han desfigurado." 

Habla, además, con conocimiento de causa, ya que a los veinticinco años pasó ella misma por el quirófano tras un comentario del director de fotografía de 'Perfect,' en 1985, y ha contado en varias ocasiones cómo aquello derivó en una dependencia farmacológica que tardó más de dos décadas en cerrarse. 

Jamie Lee Curtis defiende la belleza real.

Y en el registro más radical, Justine Bateman, la joven estrella de 'Enredos de Familia' que ahora es habitual detrás de las cámaras, publicó en 2021 un ensayo titulado sin metáforas 'Cara: un pie cuadrado de piel', un manifiesto contra la presión estética que obliga a las mujeres del medio audiovisual a operarse la cara para seguir trabajando. Bateman no denuncia un hecho concreto, sino que describe una industria que ha convertido el envejecimiento de las actrices en un problema de mercado, y no en un derecho biográfico.